jueves, 3 de febrero de 2011

Metatexto 1: El Invitado

Vamos a recuperar algo de mis letras.

Cuando conocí al Cazador de Tatuajes, me invitó a ser parte del taller en línea Metatextos, ya relativamente longevo para entonces (chequen aquí y aquí), y tras unos meses de indecisión, decidí entrarle, aunque mi participación no fue muy frecuente que digamos.

La dinámica era sencilla: cada cierto tiempo, se convocaba a quien quisiera, previo registro en el taller, con un ejercicio temático para desarrollar textos literarios que no excedieran las trescientas palabras. Se enviaban los textos, para ser publicados en conjunto pasados unos días. Después se podía comentar libremente sobre los textos de los demás.

¿Por qué hablo en copretérito? Desde abril del año pasado no hay actividad en el sitio, pero tampoco un aviso de que el proyecto haya muerto y en estos instantes en que escribo esto, no he consultado al Tattoo Hunter al respecto.

Así las cosas, me he dispuesto a mostrar aquí mi poca producción metatextual y continuar escribiendo en este formato todos y cada uno de los ejercicios que no hice o no alcancé a hacer. ¿Después? Quién sabe.

Bajo el mamonsísimo seudómino de Caldo Primigenio, subí a la página del taller cinco textos de desigual calidad. El primero de ellos, en septiembre de 2008, como parte del ejercicio 21, relacionado con El Rapto . Chequen las bases del ejercicio antes de leer, puede que no le capten:

El Invitado

Un anciano a una niña:

- Durante generaciones se sabía y durante generaciones se pasaba la estafeta del elegido. Si los cristianos (ortodoxos, católicos, evangélicos, luteranos, coptos, etíopes, metodistas, sectarios en general; incluso los herejes) se habían dado cuenta de que su Dios se la había cedido a un infiel, era algo poco seguro. Las reglas eran simples: para garantizar el lugar de un infiel en el paraíso de los cristianos el día del Rapto, el Cristo le había indicado al primero de ellos que debería darle el honroso título a quien creía que lo merecía, pero que después de encomendarle exactamente lo mismo al relevo, el primer elegido debía suicidarse…

- El suicidio es pecado entre los cristianos, ¿n…

- ¡No interrumpas! En este caso no. Su profeta le garantizaba al suicida un recibimiento digno en los cielos del Dios triunfante. Al final, el día del Rapto, sólo un infiel sería ascendido para salvarse junto a los cristianos.

- ¿Eso significa que, en el cielo, todos los suicidas eran perdonados o se hacían cristianos? ¿Cómo toleraría el dios cristiano a esos infieles?

El viejo hizo una mueca y la miró de lado.

- Cállate y pásame el arma. Hay que averiguarlo, ¿no crees?

Ese día, al paraíso cristiano le hizo falta un invitado y le sobraron intrusos.

Será uno por entrega, todos los jueves. Atentos.

Cambio y fuera

H.

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