lunes, 20 de diciembre de 2010

Perturbadoras visiones de la niñez

[Me encuentro en Marina Nacional, casi llegando a Tacuba. Estoy sentado con los pies cruzados en un amplio camellón central y como una hamburguesa de pollo. Una urraca vuela por el rumbo. Recorre algunos metros alejándose y luego acercándose. Son cerca de las cuatro de la tarde. El tránsito en la vía es fluído]

Cuando iba en la primaria, el camino en automóvil hasta mi escuela implicaba recorrer la avenida Carrillo Puerto, que cruza Marina Nacional en un punto. Dicha avenida es camino de vecindades, negocios de miscelánea, tlapalerías, vulcanizadoras, antros y casas habitación, entre otros edificios.

En una de esas casas, mi hermano y yo vimos desde el asiento trasero del carro de mi padre a un par de hombres jóvenes regando plantas en macetas en la azotea del edificio. Eran aproximadamente las 7:20 de la mañana. Juraría que dichos hombres nos dirigieron sendas miradas inexpresivas (pero no por ello menos intimidantes) al tiempo que hacían señas con los dedos de las manos; uno de ellos sostenía la regadera para las plantas y mostraba dos dedos -como la señal de amor y paz- y el otro contaba tres con sus dedos.

Nunca volví a ver a dichos hombres aunque durante una larga temporada clavé mis ojos en esa azotea. Poco después me enteré que el resto de mi vida escolar lo pasaría a bordo de camiones y del metro. Quizás tenga algo que ver con que no me haya vuelto a topar con visiones parecidas.

[Doy tres mordidas a la hamburguesa. El tránsito ha disminuido. Acercamiento a la urraca, que está posada en la rama de un árbol cercano, que culmina en un desvanecido en negro. Créditos]

H.

PD: Delirio y el Camarrada se van a tomar unas merecidas vacaciones. Mientras, me toca a mí entretenerlos. No se quejen, acábense sus ejotes cocidos y pónganse cómodos. Esto les va a doler.

1 comentario:

Ether dijo...

Come pito erecto de dinosaurio.