lunes, 5 de abril de 2010

Quiero que Momo sea mi novia


Mientras tanto, en el planeta Vegita...


El "horario de verano" se le impuso a la población mexicana desde 1996. Entre ellos, yo. El argumento del ahorro energético fue aplastante y venció a mi débil espíritu infantil, el que extraña aún hoy las puestas de sol a las 6 y cacho de la tarde de abril a octubre, el que extraña no maldecir al sol matutino porque, en la nueva dinámica, su salida por el oriente sólo significa que ya es tarde para llegar a la escuela o al trabajo, el que añora que las siete de noche sean las siete de la noche y no de la tarde.Y lo odio. Me quitó horas de sueño, de sosiego, de comida y sólo consigue estresarme más, porque, para mi desgracia vivo en una ciudad donde la prisa es regla de vida para millones diariamente, pero al mismo tiempo sé que amo demasiado este cochambroso agujero mexica, por contradictorio que parezca. Maldigo a Benjamin Franklin por esta democratizadora y intrusiva medida de participación en el ahorro energético. Juro que si descubro otra medida que no implique el cambio de hora, la voy a promover hasta la naúsea.



Con el reacomodo del horario ayer 4 de abril de 2010, los hombres grises al servicio de los gobiernos de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón ya me deben 14 horas de mi vida, una por cada año.



Pero algún día me las cobraré, bastardos. Lo juro.



H.

1 comentario:

Anaïs Moreno dijo...

yo también tengo mucho que cobrar!!!!! odiaba cuando por asalto la canción de cuna se aproximaba tirana a terminar las horas de dibujo en la recámara ¬¬
y yo estaba en lo cierto: !aún no es hora de dormir!"
ahí me llamas u_U