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lunes, 17 de diciembre de 2012

Dudas de toda la vida

[Me encuentro sentado en un silla, parte del juego de un comedor con capacidad para doce personas. Es de noche y hay únicamente dos focos iluminando la estancia. Detrás de mí hay una vitrina y la cámara me toma de frente. Sobre el comedor hay un vaso de cristal, lleno de leche, del cual bebo sorbos mientras hablo. De fondo suena Year of the cat, de Al Stewart]




Existieron atmósferas que hicieron posible construir las personas que somos hoy.

Durante la última década del siglo XX, en la cual viví mi niñez, en la casa donde vivía se acostumbraba escuchar Radio 620, (La música que llegó para quedarse) por las tardes-noches. Una delicada y tenue luz amarillenta de focos de 100 watts nos bañaba a mi hermano, a mi madre y a mí mientras realizábamos nuestros deberes escolares, sentados en un comedor con capacidad para doce personas, viendo el resto de la planta baja sumida en la inquietante penumbra tan propia del tránsito de las 18:30 a las 19:10 y escuchando las notas que salían de las bocinas de un viejo tocadiscos instalado en la sala, sintonizado en Radio 620.

La música que llegó para quedarse en mi memoria gracias a la escucha de esta estación tenía un perfil que siempre me pareció muy enigmático. Espero estar usando las palabras adecuadas para la sensación que me producía. Se trataba de melodías compuestas al menos diez años antes de que yo naciera, si no es que mucho más viejas, casi todas en inglés. Siempre las recordaré como suaves y relajadas, pero dotadas de una acentuada intensidad. Tal vez era jazz, tal vez new wave, no puedo estar seguro; pero lo cierto es que era música que creaba un ambiente muy particular de aquellas tardes. Cuando conocí otras estaciones de radio, nunca pude volver a sentirme envuelto en tan particular atmósfera.

Únicamente recuerdo, de todas las canciones que escuché en esa estación, Papa was a rolling stonede The Temptations y la sublime Year of the cat, con Al Stewart y su inmortal solo de piano introductorio.

Pero no sólo escuché música. En una ocasión, entre canción y canción, un locutor hacía intervenciones poéticas y reflexiones filosóficas. Lo que escuché en aquella tarde de la voz de este hombre (no puedo ya saber de quién se trataba), vale por un trillón de Marianos o Gabys Vargas. Recuerdo con entusiasmo de varias de sus intervenciones, en la cuales narró bellas fábulas, como aquella en la que la esposa de un hombre importante y madre de los hijos del mismo se encontraba extraviada en un solitario camino, escuchando un voz que le cuestionaba quién era y le replicaba que no contestaba adecuadamente la pregunta cuando contestaba "soy la mujer de mi marido" o "soy la madre de mis hijos". Lamento profundamente no recordar el final de este relato. 

Pero sí recuerdo, a mi manera, otra de las fábulas:

Una vez, una mujer tuvo una terrible pesadilla. Corría desesperada por las calles, perseguida por un monstruo babeante y hambriento. En cada paso que daba sentía la cercanía de su perseguidor y percibía su aliento fétido envolviéndola. Volteaba y veía con terror que no importaba cuan rápido corriera, el monstruo no se detenía. Finalmente, se halló acorralada cuando encontró que el camino que había tomado terminaba en una pared que le impedía seguir huyendo. Aterrorizada, se detuvo y vio cómo el monstruo se acercaba. Con las pocas fuerzas que el terror le permitió, preguntó al monstruo: "¿Qué vas a hacer conmigo?"

El monstruo se detuvo frente a ella y contestó: "No lo sé. Éste es tu sueño".

Se me enchina la piel cada que lo recuerdo.

Esta es la cuestión: me encantaría saber quién es el autor de este relato. Si alguien de aquellos que lleguen a leer esto, reconoce la fábula, me haría muy feliz si me dijera quién la escribió.

Si no, por favor, al menos háganla viral. Lo amerita, ¿no creen?

[Bebo de un trago la poca leche que queda en el vaso. Me levanto de la silla y salgo de la imagen por la derecha. Desvanecido en negro. Créditos]

H.

jueves, 15 de abril de 2010

Sensaciones inolvidables de la adolescencia (y avisos)


[Estoy en una sección del estacionamiento de Mundo E, sentado en una banca, comiendo una cocada. La luz del sol hace suponer que son las cuatro o cinco de la tarde. Una pareja se ve caminar a lo lejos; van de la mano y juguetean acercándose y alejándose uno del otro. Yo tengo al mirada fija en el sulo y ocasionalmente la elevo a la nubes]

Cuando me pienso en mi rol de hombre, me doy cuenta de que nunca lo he desempeñado bien y me alegro por eso. Por ejemplo, a diferencia de los caballeros, yo sí tengo memoria.


Sin embargo, en ocasiones he llegado a concluir que algunos roles masculinos me son deseables nada más por que sí. O más bien, uno de ellos: ser protector con la persona que amo. Digo que son deseables por no tener yo ni oportunidad ni actitud para demostrarlo más que una sola vez.


Tiene que ver con Laura. Ustedes saben que la am... am... a... m... amé. Bueno, confío en que crean que tal cosa fuera posible.

En una ocasión que ella accedió a que vagáramos por mis rumbos (léase Tlalnepantla, Naucalpan, Atizapán) la traje hasta acá en un conocido autobús que sale de Popotla. En una parte del trayecto, cerca de la calzada Gustavo Baz, el chofer tomó un atajo que incluía subir por un calle con, digamos, unos 50 grados de inclinación. Todos aquellos que están acostumbrados a viajes en transporte público en superficies planas no pueden evitar la sensación de vértigo y -por qué no- de miedo al permanecer dentro del camión en este tramo. Eso fue lo que Laura me externó esa vez.


Yo, para entonces ya acostumbrado a este tipo de atajos, sólo pude reaccionar abrazándola con un solo brazo y besándole la frente, en un gesto casi paternal. Nos fuimos en silencio el resto del camino, hasta mi casa. No era un silencio incómodo, más bien al contrario. A pesar del típico bamboleo de los enfrenones e imprudencias del hombre al volante, puedo decir que pocas veces he sentido tanta paz. No alcanzo a recordar si tenía 14 o 16 años. Da lo mismo: Laura moriría en 2005.


Hoy el camión que me trajo a casa tomó ese atajo y a mi mente acudió el recuerdo de aquel momento, ya algo cubierto por el polvo de otras relaciones naufragadas, ansias reprimidas, sueños fracturados y deseos despreciados.


No pude evitar que se me escaparan una lágrima y una sonrisa: ambas ligeras, pequeñas.


[Estornudo. Un par de gorriones llega a posarse en la banca donde estoy. Me termino la cocada. la pareja que se ve a lo lejos sale de la toma. Me levanto sacudiéndome boronas y salgo por la derecha. Desvanecido en negro. Créditos]

Pasando a otras cosas, permítanme invitarlos a lo que sigue:

-Primero, una persona que comparte conmigo mi exquisito gusto por la música de Porcupine Tree, después de presumirme que ella sí fue al concierto de ayer, me pidió promocionar esto, un audio que hizo para concursar en algo de Nescafé. Pásenle y voten, no sean.

-El buen Cazador de Tatuajes estará mañana leyendo, firmando y vendiendo libros de vampiros. Si se lo pierden es que no tienen corazón. Más info aquí.

P.D.: Si usted cree que Delirio y el camarrada Lenin (su momia, para ser más exactos) se están apoderando de este blog, deje de andar de ocioso y mejor póngase a trabajar, que ahí viene su jefe.

H.

lunes, 22 de febrero de 2010

Escenas memorables de la adolescencia (o de la vida)

[Escena en blanco y negro. Aparezco de pie con la Plaza de las Tres Culturas a mis espaldas, en una mañana nublada con evidencias de una lluvia la noche anterior. Luzco abrigado, pero me encojo de hombros de vez en vez por el frío. Sostengo un vaso de unisel con champurrado humeante. Un perro husmea cerca.]

Ser intruso puede ser una experiencia satisfactoria y agradable. Lo digo porque lo común es que aquellos que lo ven a uno como intruso pueden lograr provocar malestar e incomodidad inesperados. Pero cuando uno se asume intruso sin influencia externa y además no padece la mirada vigilante de los demás, hay una morbosa, pero algo tierna, sensación de satisfacción.

Déjenme soy más explícito.

Yo, una fría mañana del 2000 probablemente, fui intruso de la Unidad Nonoalco-Tlatelolco por unas dos horas. Mi padre me acompañó a ver una obra de teatro (La Olla, de Plauto, si mal no recuerdo) a un pequeño teatro en la citada unidad, pero nunca dimos con el lugar. La belleza del momento era algo excepcional. Quiero decir: a las 9 de la mañana, en domingo, se veía poca gente fuera de sus departamentos y el cielo nublado gobernaba. Me sabía fuereño, pero era... no sé, distinto. Nadie nos observaba. Mi padre invitándome a desayunar en un café cercano, contándome cosas sobre el 68 en un recorrido por la Plaza de las Tres Culturas. Hay ocasiones en que uno, en un instante, se da cuenta de que el rumbo es capaz de hacerle sentir intruso y aún peor, fuera de lugar. Pero esa mañana, Tlatelolco me acogió como un gentil anciano mostrando su humilde morada a un joven extraño (único arquetipo con el que puedo armar la metáfora en estos momentos), me hizo asumirme como un intruso que no por serlo desmerece la bienvenida.

Y experimentar eso a los 14 años en compañía de mi padre, es un verdadero regalo de la vida.

Quizá por eso me gusta tanto Temporada de patos.

No pregunten más. Adiós

[Me tomo el champurrado a grandes tragos, me estremezco un poco a causa del frío. Termino. El perro pasa por ahí. Aplasto el vaso con la mano. Desvanecido en negro. Créditos.]


miércoles, 17 de diciembre de 2008

Plegarias

El tono semidepresivo de la entrada anterior debió haberles dejado el sabor de que el autor de estas líneas está al borde una cortada de venas con pan tostado. Nada más lejos de la realidad -además ya discutimos el asunto de la realidad, ¿no? ah... no, sólo me quejé- el caso es que no estoy así, mal. Digamos que tuve un lapsus y los lapsus a veces me ayudan.

Hoy por ejemplo, con el ánimo reptando, se me ocurrió quedarme en casa a huevonear, que bien merecido me lo tengo, y como hoy fue miércoles de plaza, me decidí a hacer una visita al tianguis de por aquí. Me encontré con una película que hace mucho, mucho tiempo quería ver, pero no me decidía a hacerlo. Se trata de Finding Forrester. Quien ya la haya visto, posiblemente estará de acuerdo conmigo en lo inspiradora que puede presentársele a quienes, como yo, andamos en el difícil y extraño negocio de la escritura y la literatura personal. Debo admitir que casi me saca la lagrimita, pero más que dejarme influir por tal sentimentalismo barato, recordé que un buen colega me habló la semana pasada de cierta oración del escritor.

Se la pedí. No me arrepiento. Simplemente sublime.

(ADVERTENCIA: Lo que sigue es un vil y descarado plagio. Bueno, la verdad no, porque le daremos crédito a quien lo merece, el Cazador de Tatuajes, quien amablemente tradujo lo que se puede escuchar aquí en inglés)

Oh, Señor:

No me dejes ser uno de aquellos que escribe demasiado.
Uno de aquellos que en sus palabras
unta una cantidad demasaido pequeña de sí mismo,
diluyendo todas las cosas que tiene que decir,
como mantequilla mal untada en un pedazo de pan
o leche aguada en algún hotel viejo.
Permíteme escribir las cosas que tengo que decir
y luego mantenerme silencioso hasta que necesite hablar.

Oh, Señor:

No me permitas ser uno de aquellos
que escribe demasiado poco,
un hombre de década entre cada relato, o más.
Donde cada palabra gana importancia
y el pánico suplanta el gusto en la página.
La perfección es como perseguir el horizonte.
Tú quédate con la perfección, deja el resto a nosotros.
Permíteme tener la sabiduría para hablar de otra cosa.

Pereo además y por encima,
de esos dos locos espectros de parsimonia y libertinaje.
Señor, permíteme ser valiente.
Y permíteme, mientras creo mis historias, ser sabio.
Permíteme decir verdades en voz verdadera
y, con la verdad en mente,
permíteme escribir mentiras.

Gaiman, tus razones coinciden con las mías. Amen.

PEACE OUT

H.


sábado, 22 de noviembre de 2008

Nuevos Amigos



Deben conocerlo. Llegó a mi vida hace unas semanas. Y se llama Cofi. Quiéranlo mucho.

PEACE OUT

H.


sábado, 1 de marzo de 2008

Esto solo pasa en México

Las cadenas de internet que me llegan son definitivamente algunas de las cosas más involuntariamente divertidas de mi vida. Hace unos días, me llegó esta joya, que les explicaré con manzanitas (ya, en serio, ¿se puede explicar cosas con manzanitas? ¿por qué mi maestra de matemáticas de la secundaria lo decía? ¿ en que universo paralelo vive?). Va:

ESTO SOLO PASA EN MEXICO (somos únicos, ¿ya lo notaron?... esas mayúsculas no son de a gratis)

Ayer en un centro comercial, Soriana para ser exactos, (hay que ser exactos, el mundo avanza gracias a la exactitud) mi padre redondeó su cuenta, algo un tanto insignificante y una práctica muy común en todos y cada uno de los centros comerciales del país (TODOS Y CADA UNO, tomen nota). El ticket de compra aparecía 'redondeo 85 centavos'; mas lo que despertó mi instinto, 'mi instinto legal' (hagan de cuenta, el "sentido arácnido") fué que, en la pantalla de la cajera (¡una cajera con pantalla!!!) aparecía el siguiente concepto: 'Donación Cáritas A. C.'. Al ver lo anterior escrito (obviamente, hablado pues no), le pregunté a la cajera que si ellos (es decir 'Soriana') lo manejaban como una donación, a lo cual me respondió que sí, pues bueno ahora litigando fiscal (¿puedes litigar un fiscal? Law & Order me ha enseñado otra cosa) entiendo que todas y cada una de la donaciones son deducibles de impuestos para cada contribuyente siempre y cuando se expida el dicho comprobante fiscal. Basado en lo anterior ( y no lo posterior, que quede claro), le pedí a la cajera que me diera mi comprobante de donación (¿no que era de su padre?), claramente la respuesta fue una negativa (Obvio... era del señor) ya que ellos solo lo manejan como redondeo (Malditos ¬¬). Pedí hablar con el gerente ya que evidentemente bajo mi razonamiento había una evasión fiscal escondida tras un redondeo (bajo su razonamiento se esconde una evasión fiscal... detrás del redondeo; es como el monstruo de Garfield, detrás de la mayonesa, al lado del ketchup, a la izquierda de la ensalada de coles), llego el gerente y le dije que si podía expedirme un recibo de donación a cargo de Cáritas a. c. por todas mis compras realizadas en dicha tienda ya que, ese era el concepto y quería deducirlas (evidentemente le dije que traía conmigo mis tickets de compra, falso pero buenoooo, esa era la onda (¿Si captas, maestro?) ) el gerente me negó mi comprobante (que ojo! (mucho ojo!) es mi derecho), y trató de explicarme que bueno, ellos solamente son captadores del efectivo, es decir juntan la suma de capital del redondeo y lo entregan a Cáritas A. C.Terminé pidiéndole queme regresara mis 80 centavitos (no había de otra) porque no iba a participar en una defraudación fiscal (¿el gerente?) y accedió.Porqué fraude??? (Oh Dios! ¿Por qué?) Pues es simple, ellos recaudan una cantidad específica de dinero a lo largo del mes, calculemos (¡Todos juntos! ¡Vamos a divertirnos!) que de cada compra recaudan 50 centavos, es claro que en un mes recaudan una muy alta cantidad de pesos, esa cantidad es recolectada en este caso por Soriana S. A. de C. V. y entregada a Cáritas A. C. ojo (aléjense y cuéntenselo a quien más confianza le tengan), el dinero que es de un montón de ciudadanos (pobres ciudadanos amontonados) y cooperación de los mismos no es entregado en nombre de todos y cada uno de los contribuyentes REALES (no IMAGINARIOS ni IRREALES), sino en nombre de 'Soriana' (que no es REAL, sino un producto de tu imaginación) por lo que el recibo de donación es a nombre de 'Soriana'... más claro?? (ni el agua) Lo que tú donaste (¿yo?) se lo adjudica otra persona, y ella lo deduce (porque si fuera "él" no deduciría nada) es decir hace uso de tu dinero para ahorrarse impuestos, es decir defrauda a el fisco y paga con tu dinero impuestos que el debería de pagar con el suyo (es decir, a MÍ ya me están robando y ni siquiera voy a Soriana, ese centro comercial que no es REAL). Así que la próxima vez que te pidan el redondeo piénsalo (¿osea que después de la próxima vez ya no voy a pensarlo?), no te digo que no dones, para eso ahórrale y hazlo directamente ante las instituciones y no ante una empresa 'intermediaria' (que, debemos suponer, no es REAL)

Si calculamos que en un día de quincena (porque si no lo calculamos, pues no pasa nada), por una caja pasan 30 clientes por hora, y si lo multiplicamos por 25 cajas, por 15 horas en que está abierta la Soriana, con un supuesto de 50 centavos de redondeo por cada compra, nos da un total de 5,625 pesos... por tienda. Existen 220 tiendas de Soriana en la república, se metieron $1,237,500 pesos por dia. ¡¡Es un robo hormiga!! (¡¡¡AVE MARÍA PURÍSIMA!!!) Si gana y ese es un milloncito diario (Imagínense un millonzote diario), calcula mensualmente POR 30 DÍAS , o mejor aún (porque la cosa se pone mejor cada vez) por 365 días del año nos da un total de la nada despreciable lanita de $451´687,500.00 (no, pues ni yo despreciaba esa lanota) que es la forma en que se deduce y nada más chécate la gran cantidad de $$$ que no pagan... (...¿está esperando a que lo cheque?) de impuestos que forma de robar, no tienen vergüenza! y nosotros sí (somos unos avergonzados) pague y pague impuestos, mientras que ellos evaden al fisco, franca y descaradamente, y a dónde va tanto dinero?, acaso pecan de honestidad y entregan todo el dinero? ya te lo estás preguntando? (Sí, señor!! me lo estoy preguntando) y por si fuera poco TODAVÍA TE LO METEN EN LA CABEZA POR LA TELE (debe ser algo muy GRANDE), en lo que a mí respecta ya no pienso colaborar con ese fraude (qué bueno que ya no colabora con este fraude, porque si lo siguiera haciendo, nos quedamos pobres). Y para finalizar, esto lo hace también H. E. B, GIGANTE, CHEDRAUI, WALL MART, OXXO, ETC., Y TU (¿YO?, ¡No tienes pruebas!)... QUE PIENSAS DEL REDONDEO?? SEGUIRÁS DICIENDO TODAVÍA QUE SÍ? (¿Y si les he dicho que no, qué hago?)

Atte. Un ciudadano de buena fé ... (Qué fraude! yo pensé que era de mala fe)

MANDA ESTE MAIL, A TODOS TUS CONTACTOS PARA QUE ESTO NO SIGA PASANDO (Es como el vudú: cada vez que se envía este mensaje, alguien se retuerce cuando va a decir que sí al redondeo y con el dolor encima, ya no lo hace) , PIENSA Y PREOCÚPATE POR TODOS NOSOTROs. (¿Por todos ustedes? pero ni sé quienes son..., sólo sé que todos son de buena fe, eso no me convence de cederles mi pensamiento y mi preocupación)

Conclusión: Este mail estaba... ¡embrujado!

P.D. Por cierto, yo nunca redondeo.

H.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Experiencias de gran trascendencia

Cuando hoy llegué a la facultad no recordé comentar a las pocas personas que me encontré hoy conocidas una curiosa experiencia que tuve hoy en la mañana. Sé que, a primera vista, esto que voy a comentarles será quizá el texto más absurdo que he escrito en mi vida, pero, en serio que tenía que decirlo, gritarlo, publicarlo, escribirlo, tartamudearlo... No sé, ya ustedes juzgarán.
Creo que más de uno de ustedes (los que no se trasladen en esta ciudad de locos en un vehículo propio) usan regularmente el Sistema de Transporte Colectivo conocido como METRO. Yo uso, para llegar a mi Facultad, la línea 7, la naranjita, la que va de Rosario a Barranca del Muerto. Una vez que recorro casi toda la línea -me subo en Aquiles Serdán- y me bajo en la última estación al sur, tomo un camión que me lleva del metro al Estadio Olímpico y de ahí me voy caminando. Desde que entré a la carrera en ese trayecto me acompañan muchos otros universitarios de Filosofía y Letras; compañeros y colegas que nunca he visto bien ni conozco. Las más variadas formas de la fauna post-adolescente de la Tenochtitlán de Concreto y lugares aledaños se dan cita en el paradero de Barranca del Muerto para llegar a tiempo a sus clases de una de las Facultades más señaladas por su "espíritu rovoltoso". He visto de todo: desde esos famosos fósiles hasta chicas de muy buen ver, que me alegran el trayecto o me despierta su vista, de lo cansado que a veces voy. La mayoría de ellos y ellas me acompañan desde el metro, en otros vagones o en el mismo, pero casi todos se suben después de Polanco; solo he ubicado a dos personas que vienen desde Aquiles Serdán o incluso Rosario, para llegar a tomar el mismo camión. Siempre los he visto de lejos.
Bueno, pero platicarles de mi rutina de cada mañana entre semana no es el propósito de este post (ese párrafo era sólo contexto histórico) sino de comentar algo que noté el día de hoy. Para variar, el transporte venía atascado y la situación sólo se alivió un poco después de Tacubaya. Una vez que salí del metro para tomar mi clásico camioncito, me encontré con que, por azares del destino, tras de mí, en la fila que se hace para subir al camión, estaba un chavo como de mi edad que había visto en el vagón en el que yo había viajado minutos antes. No me extrañó, eso me pasa con frecuencia. Por alguna razón, una vez que yo subí al camión, el susodicho, en vez de seguirme en el ritual de pago-apañolugaromequedoparado-espero, se quedó esperando quién sabve qué cosa. Como yo no tenía absolutamente nada en que pensar en ese momento, me puse a ver qué había pasado con mi (posible) compañero universitario; a veces esas cosas pasan cuando la gente le reclama a los que operan las salidas de los camiones o qué sé yo. Apenas vi, el tipo ya se había subido al transporte y la fuerza del destino lo colocó de nuevo al lado mío, en el único asiento que estaba libre en ese momento (varias personas aprovecharon sus retraso en la entrada del camión para apañar lugar). Fue entonces cuando me percaté o mejor dicho mi nariz se percató de la singularidad de aquel individuo.
Muchas veces, no me digan que no, vivimos y viajamos tan apretados en esta ciudad, que podemos percibir la más variada cantidad de olores corporales del resto de nuestros conciudadanos. En un lugar como los vagones del metro, especialmente en horas pico, existe la posibilidad de percibir una amplia gama de aromas (en la mañana) y de olores (en el sentido desagradable, en la tarde). No sé a ustedes, pero a mí me ha tocado de chile, dulce y manteca casi literalmente: el cocimiento de varios hombre -y mujeres a veces, hay que decirlo- en su propio jugo (sudor), olores de hierbas que las señoras a veces transportan, olor a comida, la agradable sensación de percibir el aroma de un perfume femenino auténtico y seductor, el aburrido olor del perfume de siempre (que usan muuuuuuchas), el perfume barato de algunas, esa loción que usan algunos hombres que a uno le da envidia no tener de esa marca, la loción que uno se queda indiferente y la loción que al percibirla uno sí se le puede salir un respetuoso ¡no mames, bájale!... En fin, cada uno con su respectiva fuente, que evocan sensaciones e imagénes distintas.
Pero encontrar a un tipo como el que me encontré hoy, pues simplemente no tiene par. Era una persona como cualquiera que uno viera en la calle, normal y todo. Pero percibir el olor que despedía pues es una de las cosas que uno nunca se espera. En serio. Sólo puedo decir que nunca voy a encontrar una persona que huela así otra vez. Nunca. ¿Y saben por qué?...
PORQUE MI COMPAÑERO DE VIAJE OLÍA COMO SI SE ACABARA DE BAÑAR EN UNA TINA LLENA DEL CONOCIDÍSIMO MEDICAMENTO PEPTO BISMOL.
¿Qué? ¿Esperaban otra cosa? ¿Alguna experiencia mística? ¿Un asomo de eventual homosexualismo? Naaaaaada de eso, compañeros. El tipo olía a Pepto Bismol. ¿Qué? ¿A poco ustedes se han encontrado a alguien que, sin motivo ni razón, huela en toda su persona a Pepto Bismol? ¿Verdad que no? Ahí está, ¿yo qué?
¿A poco no está cotorra esta experiencia?.... ¿No?..... Shaaaa!! no aguantan nada.
Bueno, en la próxima le continuo con lo del futuro.
Chale, me siento más incomprendido que nunca.