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sábado, 20 de abril de 2013

Azote Ontológico


Soy palabras.

Soy párrafo, cuartilla.

Al principio, soy duda digna de aclararse, pregunta, acertijo.

Soy broma.

Soy opinión, argumento, diatriba.

Soy respuesta, a ratos.

Soy queja, maldición, a veces insulto.

Soy consuelo. O molestia.

Soy letras, símbolos.


Soy causa de sonrisa y mueca; invisibles ambas.

Soy razón de risa.

Soy cumplido.

Soy oxímoron, pleonasmo, error.


Soy un número, una clave, una cita agendada, un minuto  en el reloj.

Soy presencia, compañía, pero no tacto.

Soy voz, pero no aliento.

Sólo silueta que mira.

Soy gesto, ajeno y propio.

Soy decepción.

Soy observable, admirable, conjurable; no deseable.

No soy.

Soy promesa.

Y al final, ni eso.

Soy palabras…


(Usted disculpará el abuso de la primera persona... No, qué va a disculparlo... Ándele, condénelo, que a eso vino, no se haga.)

H

lunes, 20 de septiembre de 2010

Verdad a medias

Toda posición, toda opinión, toda idea es fanatizable.

Todas tienen un camino torcido, o más bien, uno muy recto que las convierte en dogmas.

Ergo, esta también...


H.

sábado, 4 de septiembre de 2010

La chica Delirio pregunta...


¿Cuál es la palabra que describe la vivacidad que muestra una mascota cuando percibe tensión entre dos personas que no se dicen nada y sin embargo no dejan de mirarse, apretando labios y puños?

H.

martes, 1 de junio de 2010

Hayley Williams en topless y Jonathan Dos Santos fuera de la Selección...

...y yo, ¿qué creen? ¡Encontré, tras años de búsqueda, mi Pequeño Álbum del Surrealismo que me regalaron en 1996 en la muestra Festival de lo imaginario, homenaje a André Breton, en el Museo Rufino Tamayo!

Ya sé que puede que no les importe, pero estaría bueno que alguien que caiga aquí se comunique conmigo por si también visitó esa muestra y conserva su álbum. Eso nos hermanaría y el mundo sería un lugar mejor y todos podríamos vivir en jardines como el de Edward James en Xilitla y el mundo de la música (popular heredada -e impuesta algunas veces- de la segunda mitad del siglo XX de la tradición anglosajona) sería así:


Y por fin alguien me daría un dato sobre esa película de animación sobre erizos, de la cual pregunté en un post anterior.

P.D.: Delirio estuvo indispuesta el sábado pasado, así que esta semana les regalaremos dos dudas por el precio de una. Estén pendientes.

H.

domingo, 9 de mayo de 2010

Yo pregunto...


¿Cómo se le hace frente al Nunca cuando se cree en el Tal Vez?

H.

jueves, 15 de abril de 2010

Sensaciones inolvidables de la adolescencia (y avisos)


[Estoy en una sección del estacionamiento de Mundo E, sentado en una banca, comiendo una cocada. La luz del sol hace suponer que son las cuatro o cinco de la tarde. Una pareja se ve caminar a lo lejos; van de la mano y juguetean acercándose y alejándose uno del otro. Yo tengo al mirada fija en el sulo y ocasionalmente la elevo a la nubes]

Cuando me pienso en mi rol de hombre, me doy cuenta de que nunca lo he desempeñado bien y me alegro por eso. Por ejemplo, a diferencia de los caballeros, yo sí tengo memoria.


Sin embargo, en ocasiones he llegado a concluir que algunos roles masculinos me son deseables nada más por que sí. O más bien, uno de ellos: ser protector con la persona que amo. Digo que son deseables por no tener yo ni oportunidad ni actitud para demostrarlo más que una sola vez.


Tiene que ver con Laura. Ustedes saben que la am... am... a... m... amé. Bueno, confío en que crean que tal cosa fuera posible.

En una ocasión que ella accedió a que vagáramos por mis rumbos (léase Tlalnepantla, Naucalpan, Atizapán) la traje hasta acá en un conocido autobús que sale de Popotla. En una parte del trayecto, cerca de la calzada Gustavo Baz, el chofer tomó un atajo que incluía subir por un calle con, digamos, unos 50 grados de inclinación. Todos aquellos que están acostumbrados a viajes en transporte público en superficies planas no pueden evitar la sensación de vértigo y -por qué no- de miedo al permanecer dentro del camión en este tramo. Eso fue lo que Laura me externó esa vez.


Yo, para entonces ya acostumbrado a este tipo de atajos, sólo pude reaccionar abrazándola con un solo brazo y besándole la frente, en un gesto casi paternal. Nos fuimos en silencio el resto del camino, hasta mi casa. No era un silencio incómodo, más bien al contrario. A pesar del típico bamboleo de los enfrenones e imprudencias del hombre al volante, puedo decir que pocas veces he sentido tanta paz. No alcanzo a recordar si tenía 14 o 16 años. Da lo mismo: Laura moriría en 2005.


Hoy el camión que me trajo a casa tomó ese atajo y a mi mente acudió el recuerdo de aquel momento, ya algo cubierto por el polvo de otras relaciones naufragadas, ansias reprimidas, sueños fracturados y deseos despreciados.


No pude evitar que se me escaparan una lágrima y una sonrisa: ambas ligeras, pequeñas.


[Estornudo. Un par de gorriones llega a posarse en la banca donde estoy. Me termino la cocada. la pareja que se ve a lo lejos sale de la toma. Me levanto sacudiéndome boronas y salgo por la derecha. Desvanecido en negro. Créditos]

Pasando a otras cosas, permítanme invitarlos a lo que sigue:

-Primero, una persona que comparte conmigo mi exquisito gusto por la música de Porcupine Tree, después de presumirme que ella sí fue al concierto de ayer, me pidió promocionar esto, un audio que hizo para concursar en algo de Nescafé. Pásenle y voten, no sean.

-El buen Cazador de Tatuajes estará mañana leyendo, firmando y vendiendo libros de vampiros. Si se lo pierden es que no tienen corazón. Más info aquí.

P.D.: Si usted cree que Delirio y el camarrada Lenin (su momia, para ser más exactos) se están apoderando de este blog, deje de andar de ocioso y mejor póngase a trabajar, que ahí viene su jefe.

H.

lunes, 22 de febrero de 2010

Escenas memorables de la adolescencia (o de la vida)

[Escena en blanco y negro. Aparezco de pie con la Plaza de las Tres Culturas a mis espaldas, en una mañana nublada con evidencias de una lluvia la noche anterior. Luzco abrigado, pero me encojo de hombros de vez en vez por el frío. Sostengo un vaso de unisel con champurrado humeante. Un perro husmea cerca.]

Ser intruso puede ser una experiencia satisfactoria y agradable. Lo digo porque lo común es que aquellos que lo ven a uno como intruso pueden lograr provocar malestar e incomodidad inesperados. Pero cuando uno se asume intruso sin influencia externa y además no padece la mirada vigilante de los demás, hay una morbosa, pero algo tierna, sensación de satisfacción.

Déjenme soy más explícito.

Yo, una fría mañana del 2000 probablemente, fui intruso de la Unidad Nonoalco-Tlatelolco por unas dos horas. Mi padre me acompañó a ver una obra de teatro (La Olla, de Plauto, si mal no recuerdo) a un pequeño teatro en la citada unidad, pero nunca dimos con el lugar. La belleza del momento era algo excepcional. Quiero decir: a las 9 de la mañana, en domingo, se veía poca gente fuera de sus departamentos y el cielo nublado gobernaba. Me sabía fuereño, pero era... no sé, distinto. Nadie nos observaba. Mi padre invitándome a desayunar en un café cercano, contándome cosas sobre el 68 en un recorrido por la Plaza de las Tres Culturas. Hay ocasiones en que uno, en un instante, se da cuenta de que el rumbo es capaz de hacerle sentir intruso y aún peor, fuera de lugar. Pero esa mañana, Tlatelolco me acogió como un gentil anciano mostrando su humilde morada a un joven extraño (único arquetipo con el que puedo armar la metáfora en estos momentos), me hizo asumirme como un intruso que no por serlo desmerece la bienvenida.

Y experimentar eso a los 14 años en compañía de mi padre, es un verdadero regalo de la vida.

Quizá por eso me gusta tanto Temporada de patos.

No pregunten más. Adiós

[Me tomo el champurrado a grandes tragos, me estremezco un poco a causa del frío. Termino. El perro pasa por ahí. Aplasto el vaso con la mano. Desvanecido en negro. Créditos.]


domingo, 14 de febrero de 2010

Sincerándose

ADVERTENCIA: El contenido de este post puede hacerte perder la fe en el editor en jefe de este sitio, tu dignidad, 500 pesos por cada segundo que permanezcas aquí (si no los tienes, los terminarás debiendo), tus pantalones o falda y, posiblemente un riñón. Si crees que está list@ para enfrentar una verdad fragmentada, mutilada, restregada y manipulada, continúa. Si no, estás en grave peligro, ABANDONA ÉTER VERDE AHORA.

¡FELIZ DÍA, TARADOS!

Y ahora, dos regalitos: uno que Don Hertzfeldt le hizo al mundo en el 95...






Y otro que nos llega vía Cyanide and Happiness, para este bonito 2010.

Enjoy, you faggots.
H.

domingo, 6 de diciembre de 2009

La reglas del olvido

Huele a pino. Ya se dejan sentir los olores propios del mes en el que el año comienza a morir y pretende refugiarse en la memoria. En esta ciudad, esos olores con frecuencia tienen que ver con agua de frutas cocida, con heno recién traído de quién-sabe-dónde y con algunos fusibles inservibles. También suele percibirse el olor a aceite con harina o el plástico recién desempaquetado de los juguetes. Pero en especial huele a pino.

Como cuando un primo mayor nos contaba cómo era que intentaba infructuosamente quemar un trol con larga cabellera de color lila o el vecino nos presumía que a él seguramente si le regalarían el Taller de Carpintería que se veía en la televisión. Oh sí. Ese olor trae recuerdos tan varipintos como ver a las personas durmiendo en la mesa con tres botellas vacías frente así, mientras se prepara el recalentado.

¿Qué recuerdo como esos conservas tú? Apuesto muchos más que yo. No preguntes cómo llegué a esa conclusión.

Aunque el principio de este mes también trae a la memoria aquellos días de zozobra frente a la computadora, esperando que alguien que no era especial unos meses atrás hiciera su oportuna aparición para hablar de las nimiedades que ocultan mil frases de deseo. y demostrara por enésima vez por qué tienen un lugar especial en la mente. O deberíamos decir "tenía": el participio es importante cuando uno se acostumbra a olvidar bajo consigna. La angustia de ciertas situaciones hace que uno se apresure a acudir con el pecho abierto a las desconocidas reacciones del nuevo inquilin@ delas aspiraciones resucitadas.

Tras dos vueltas de la Tierra al Sol, dos conciencias toman en sus manos un taza de café. Una contiene una buena bebida, preparada de manera que nadie pudiera negar que aquel o aquella que la preparó sabe de lo que habla cuando habla de bebidas calientes. En cambio, la otra está hecha con agua caliente de la llave y con las mejores intenciones. Las conciencias han tenido una historia, la parieron juntas, pero se niegan a hablar de ella. A cambio de eso, prefierenn seguir hablando de esas nimiedades que ocultan.... ocultaban. Ambas aspiran fuerte el vapor de sus tazas. No, no es el aroma esperado.

Yo soy una de esas conciencias. De eso estoy seguro, porque hace unas noches, mi mente se topó con más aromas de los que le es posible contener, antes de obligar a mi mundo a exorcizar algunos rostros. Antes de obligarme a romper las reglas del olvido. Las mismas reglas que no permiten que inventemos, que al fin y al cabo es lo que se hace cuando se recuerda. Pero ni la mente es lo suficientemente fuerte para ceñirse a ese reglamento que, (confiénsalo, tú también lo has pensado) a pesar de lo que se dice, se hizo para ignorarse. Eso fue lo qe pasó hace unas noches. Porque hace unas noches te besé. Quizá por única vez. En un sueño.

No importa lo patético que pueda sonar (¿ es que puede existir alguien que tenga la autoridad para calificar las cosas patéticas?), pasó. Quizá lo complicado sea admitir que -con el aroma de un café insípido acariciándome la nariz y pese a que el reglamento del olvido se hizo para ignorarse- sin creerlo, te diga que ya no te pienso, ni te deseo y sepa expresártelo con mi silencio. Y es que así funciona el mundo.

El frío me golpea el rostro mientras pienso todo esto. Es desagradable. O quizá no tanto. No, porque huele a pino.

H.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Y ahora....

Segunda vida

Era inevitable: moriría a los cuarenta años. Y él se enteró a los cuarenta y uno.

[Una pequeña minificción (sí: lo digo con todo y pleonasmo y qué y qué) para los que se aburren y creen que todos los bloggeros deben estar en Twitter. Se los digo desde ahorita, como cuando me negaba a tener celular o cambiar de consola y permanecía en pie de lucha con mi Super Nintendo: NUNCA ME ATRAPARÁN]

H.

lunes, 15 de junio de 2009

Simplezas

Tú, que me regalaste tu tiempo, pero al final no quisiste que me lo quedara: a tí te gusta mi sonrisa

Y tú, que pretendes y dejas de pretender que me conoces y no te acuerdas de mí: a tí te gusta mi nariz

Y encima tú, que quisiste desearme y sólo pudiste recurrir a la huída: a tí te gustan mis manos.

Pero tú, en quien gasté un verbo peligroso, a quien le puedo dedicar una o dos lágrimas: tú le temías a mi mirada.

Soy como el elefante tocado por los ciegos... el detalle simpático es que frente al espejo hasta parece que me reconforta

Por cierto, ¿alguien tiene el libro Nosotros, de Zamiatin? ¿Me lo prestan?

H.

jueves, 21 de mayo de 2009

IMPORTANTE: Aviso a los inconformes y a los plagiarios

Sí, pueden odiarme. Gracias. También pueden despreciarme. Y si algo aquí no les parece, les pido atentamente que me lo hagan saber. Digo esto porque recientemente alguien (ignoro quién) ya me provocó un inconveniente con un usuario de wordpress, haciendo un comentario agresivo y fuera de lugar en el blog de dicho usuario y lo hizo usando mi nombre de pila, mi primer apellido y un link conduce a este blog. La polémica la pueden seguir en los comentarios del post anterior.

Si lo menciono, supongo que ustedes ya lo están intuyendo, es porque probablemente en este momento (23:12 del jueves 22 de mayo del 2009) esté yo localizando un segundo problema con otro usuario de wordpress, quien definitivamente no tendría razón aparente para visitar Éter Verde y menos para venir a decir, de buenas a primeras, que es un mal blog. Ya le contesté sin tomar en cuenta la posibilidad de que se haya hecho uso de mi nombre para insultar. Ni modo.

Y asi aún no le agarran al asunto (sin albur), es posible que tú, lector, estés leyendo esto porque un tal Hector Arciga (o Jose Candelario Tres Patines: usé este último para proteger mis opiniones, pero uds comprenderán que no puedo estar seguro ya) te dijo que tu blog es asco y visitaras este para que aprendieras. O algo parecido. De entrada te informo que, aunque este no es un blog de la más alta calidad (ni pretende eso; es más aquí los citerios de buen gusto nos valen madre, como podrás darte cuenta si lees la descripción), el autor de estas líneas, el auténtico y original Héctor Arciga Díaz no te ofendió ni quiso decir nada de tu blog, puesto que hay una alta probabilidad de que ni siquiera lo conozca.

Yo no insulto sin motivo. Al menos no hasta ahora.

De una vez les aviso que aquí no van a aprender nada ni van a entender la neta ni los temas que aquí se tocan están desarrollados para que les hagan un minucioso examen. O más bien: confío en el criterio del lector anónimo para que sepa en qué posts aplica esto y en cuales no La experiencia me ha mostrado que no importa mucho si yo confío en los anónimos, pero también que allá afuera hay personas que son capaces de un mínimo de respeto hacia opiniones distintas a las suyas. Si no les gusta lo que hay aquí, pueden decirlo, obviamente; ese es el riesgo de dejar abiertos los comentarios a cualquiera, pero espero que no lo hagan con el prejuicio que alguien anda esparciendo sobre mí.

Y también que tomen en cuenta lo que aclaro respecto a la calidad de estos escritos. Si mis pretensiones les molestan (no hallo cosa más estúpida que molestarse por las pretensiones de otros, pero esa es mi opinión), bien, háganmelo saber y podemos entablar un sano o insano debate al respecto. Sólo no pongan palabras en mi teclado, ni deseos, aspiraciones o ideas en mi mente y mucho menos, usen mi nombre para insultar a otras personas. Sé que esto puede ser una voz en el desierto, internet suele serlo, pero creer que esto aclara algo me reconforta ante mí mismo.

Reitero: yo no insulto sin motivos y no pretendo que Éter Verde sea un modelo de nada.

H.

P.D. Puede ser que a estas alturas alguien pueda creer que yo salí a insultar a otro blogs y ahora que atraigo tránsito al mío así, intento hacerles creer que no era yo. Lo entiendo, eso es posible, pero es mi palabra contra la de quien crea eso. Y yo digo que esa tampoco es una posibilidad válida. Advertidos quedan.

martes, 6 de enero de 2009

Ser

Hay días en los que me pregunto de qué vale la pena temer. Si la vida sólo es una, el miedo debe ser algo único, así que no deberíamos tener miedo de tantas cosas.


El miedo es una de las cosas más valiosas que poseen los seres vivos. Sin él, la vida tomaría riesgos estúpidos todo el tiempo.


El miedo salva, destruye, diluye, compacta y crea.


Creo que hemos sido educados para pretender no sentirlo. Y no, no hablo de mieditos. Hablo de auténtico temor, el que hace que la gente se mueva. El que paraliza está en un nivel inferior.

Vivir sin miedo es estar muerto. ¿No?

Te preguntarás ¿Y qué miedo es ese tan indispensable?


Bueno, creo que esa pregunta no me toca responderla a mí.


Honestamente ¿cuántos de tus miedos valen la pena?

¿Le tememos al Dios correcto?

TSSSS






SALUDOS DESDE EL LIMBO

H.

martes, 16 de diciembre de 2008

Realidades

La realidad suele presentárseme como una enemiga implacable, cruel, insensible, hijadeputa, monstruosa, desconsoladora y demás adjetivos gastados. La verdad es que yo me lo he buscado; a veces miro donde no debo y mi reacción se hace... poco agradable.

Otro chingadazo, sí, no aprendo, ni cuando se supone que la mirada debe dirigirse a otro lado o mínimo ya quiere hacerlo, pero NOOOOO, ahí voy otra vez, a joderme el estado de ánimo viendo lo que no me conviene, esperando lo que no es prudente esperar. Si la realidad es algo incuestionable, este es uno de esos momentos en que a mi me dan ganas de quebrar tan inflexible dogma y hacer estallar en pedazos lo que no me complace y me tiene como no debería tenerme. Detesto la realidad en este momento. Hace meses quería alivio, pero a la fecha me doy cuenta de que no lo consigo, de que nomás me hago pendejo y en realidad no lo estaba buscando.

¿Me quiero aliviar de esto? Esa es la pregunta que hay que contestar. ¿Esto se alivia? Chinga, no sé.

Odio extrañarte, R.

LO ODIO.

Que se quede hecho polvo. A lo mejor así debe ser. También odio que las cosas DEBAN SER.

Veamos si en los próximos días me logro exorcizar esto. Y no, me temo que sigue sin ser justo para nadie. Pero la justicia pocas veces me hace caso.

SALUDOS DESDE... EL CAOS

H.

jueves, 27 de noviembre de 2008

Cuestionando la Sabiduría Popular II

Estoy seguro de que han escuchado, pregonado, escrito o sostenido aquella burlesca expresión que reza, de acuerdo con ese optimismo y actitud de "viva la vida" imperante en nuestro entorno conformista, más o menos así:

Vive cada día como si fuera el último.

¿Vivir cada día como si fuera el último? ¿Que acaso no vivimos así todo el tiempo? Nomás piénsenlo: cada día puede ser efectivamente el último de nuestras vidas, dadas las azarosas condiciones del vivir diario y eso es algo que se aplica a todos los seres dotados de vida. Una planta o un animal (como nosotros) nunca saben si van a llegar al final del día.

Con una actitud así, me parece, únicamente se dice de manera pseudo poética que hay que hacer las cosas AHORA y no después, porque podemos perder nuestra oportunidad. Pero lo que prima es la urgencia de la sensación intensa, ese sentimiento de que todo está a punto de terminar y es en ese momento en que hay que "disfrutar" TODO. Es la pretensión de atragantarse de esa sensación intensa, porque no nos parece que haya algo mejor. Pero si después no queda en la memoria ni recuerdo de esa experiencia -ya que después está el inevitable final- yo, personalmente, creo que no tiene sentido. "Vivir cada día como si fuera el último" es solamente saber que hay un límite enfrente o fingir que lo hay y pretender que con esa premisa no es posible no dejar pasar oportunidades y podemos disfrutar más intensamente. No hay chaqueta mental que me provoque más incomodidad que esta.

No, la vida, a mi juicio, debe vivirse -valga la redundancia- con las miras puestas en extenderla lo más posible y aceptar que la muerte es también inevitable. Es vivir en la contradicción, que es lo más humano que puede haber.

Yo prefiero vivir cada día como si fuera... cada día. O si nos ponemos más profundos, como si fuera el primero -aunque ya estemos contaminados de tanta realidad y de tanto mundo-, con todo por delante y nada que nos esté diciendo constantemente "hasta aquí". Ese momento definitivo que corta la vida y la interrumpe es único y, lo más hermoso de todo, inesperado, sorpresivo. Verlo como límite es una actitud miope. Y conste que lo dice alguien que expresamente ha dicho que teme morir.

Es la contradicción ¿no les digo? La gran virtud de las personas.

Es una reflexión que solamente se puede gestar viajando en metro. Pero ya la escupí, así que se aguantan.

PEACE OUT

H.

P.D. Los comentarios del blog se han vuelto una constante respuesta de mi parte a las agresiones de cierta persona que prefiere el anonimato. En Éter Verde V2 respetamos eso, pero también tenemos todo el derecho (y la posibilidad, que es más importante) de ser arbitrarios e ignorar al singular visitante, borrando sus comentarios o bloquéndolo. Siempre hay formas. Puede ser divertido o molesto, pero, por alguna extraña razón, a este tipo le gusta invertir tiempo en descalificar al blog y a mí. Allá él. Si les molesta, lo desterramos, pero si no, pues ahí dejamos que le siga.

jueves, 9 de octubre de 2008

Miscelánea

Si alguien ya se dio cuenta, mi tendencia en cuanto a temas está en... digamos, la "cosa" social. De la distopía a la guerrilla y otras cosas, supongo que el blog muestra algo de esa tendencia y en otros niveles no. Y a veces los uso como tribuna para exponer traumas o ideas personales que más de un@ juzgará de intrascendentes.

Hoy no me quise poner a escribir sobre el 2 de octubre ni la crisis. He tenido suficiente de eso. Ya sé que "no se olvida" y que en enero nos va a cargar el payaso, pero tengo mis propias broncas y como me da penita ventilarlas oralmente, las voy a escribir.

Acudo a la solidaria comunidad de lectores fieles (no estoy seguro de su existencia ¬L¬) y los ocasionales para que me llenen de su sabiduría. Quiero leer mis sueños. Mis sueños son desconcertantes y sé que me están diciendo algo, o a lo mejor nomás son pachequeces. Pero me dan ganas de que alguien le haga al "Froid" para que me diga qué pedo.

Ya si yo le hago caso (si es que hay recomendación incluida), es otra cosa.

Van:

- En uno yo compartía alegremente un plato de sushi frito (¡¡¡FRITO!!!) con el exnovio de mi última exnovia; nos hacíamos amigos y yo iba a comer a su barra de comida rápida (que no incluía el sushi frito [¡¡¡FRITO!!!]) ubicada en un localito de la plaza de Pericentro (no tan famoso como Perinorte o Perisur) y su decorado era como de fuente de sodas ochenteras. Recuerdo que le hacíamos frente a una banda de clientas mamonas que no querían comer del sushi frito (¡¡¡FRITO!!!) y ahí comenzaba nuestra amistad.

- En otro, yo despertaba de un largo sueño (irónicamente) y me asomaba a mi ventana (es que duermo en un segundo piso) para ver un cielo nublado, pero la calle estaba surcada, entre los postes de luz de cuerdas de las que colgaban adornitos azules y piñatas en forma de personajes de caricatura que no identifiqué chido. Pero lo más acá estaba abajo del adorno. Dentro de mi patio había un chingo de niños y adultos vestidos de miembros de estudiantina y algunos de ellos estaban usando escudos de granadero. Aventaban piedras al otro lado de la barda y recibían el mismo ataque del otro lado, donde había gente similar. Algunos, temerarios, se lanzaban a saltar y caminar en el borde de las bardas para atacar mejor; los más aventados, as usual, eran los niños. Así que bajé a ver como estaba de sabrosa la madriza y me encontré que quien estaba dirigiendo el ataque desde dentro de mi casa (o la defensa según se vea) era nada más ni nada menos que Don Lalo, el dueño de la fonda-restaurante a la que voy a comer diario ahora que estoy trabajando en el Archivo Histórico del DF (ahí cerquitas de metro Allende) y que siempre le cobra personalmente a sus clientes. Con su inseparable celular, daba órdenes a los morritos estudiantinos y se guarecía debajo de una lona azul que apareció de repente. Lo más malviajante fue al final del sueño: se supone que, por alguna razón, la puerta de mi zaguán había sido derribada y yo les reclamaba a los morritos -Don Lalo había desaparecido- pero en cuanto me percaté de que no había tantos, donde siempre ha estado dicha puerta ahora estaba la continuación de la barda, como si la entrada nunca hubiera existido. Estábamos encerrados....

- Alguna vez soñé que entraba, junto con una chica que conozco, a una gran casa y el interior consistía en altos salones donde solo había pilares y hombres extraños sentados encima de pedestales del tamaño de una silla. Nos hacían preguntas.

*Sí, ya sé que soñamos en blanco y negro, pero la mente es poderosa.

Pregunto, ¿alguien le encuentra sentido a estas visiones?

HEEEEEEEEEEEEEEELLLLLLLLLLLLLPPPPPPPPPPPPPP!!!!!!!!!!!!!

H.