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miércoles, 19 de septiembre de 2012

El Mano Negra y las moscas henriquistas


[El general Miguel Henríquez Guzmán hizo campaña por la silla presidencial como candidato de la Federación de Partidos del Pueblo Mexicano (FPPM) en la elección de 1952, que finalmente ganaría Adolfo Ruiz Cortines. Como en todas las campañas mexicanas en las que la oposición se sintió con verdadera fuerza para arrebatarle la presidencia al partido gobernante, la henriquista de 1951-1952 está llena de anécdotas memorables. Sin embargo, pocas son tan pintorescamente narradas como ésta, salida de la pluma de Enrique Quiles Ponce, con motivo de la estancia de los henriquistas en Ciudad Valles, San Luis Potosí, en octubre de 1951. La veracidad del relato me da lo mismo; es una joya propagandística que da una sensación de haber sido sacada del Libro Vaquero. Y eso por sí mismo le da derecho a ocupar un espacio en este blog.]


Durante la estancia en Ciudad Valles ocurrió algo digno de contarse, ya que además de los consabidos obstáculos, las amenazas de agresiones criminales aprovechando la abundancia de gatilleros profesionales al servicio de los caciques locales, se volvieron ominosas y abundantes. El propio Gonzalo N. Santos destacó a sus mejores elementos para amedrentar al pueblo y desorganizar a los henriquistas. Comisionó inclusive a su mejor hombre, de triste memoria y fúnebre apodo el “Mano Negra”, asesino nato y sin sentimientos. Este sujeto anduvo pregonando que: “Todo henriquista que tuviera enfrente lo aplastaría como mosca”. Hasta los oídos del teniente José Verduzco Amezcua llegó la balandrona del “Mano Negra”. Veduzco era un muchacho excepcional, que ni en los momentos más difíciles mostraba asomo siquiera de nerviosismo, pues parecía que, carente aún del instinto de conservación, gozara con el peligro.

Así, caminando en círculos en el clásico zócalo provinciano de Ciudad Valles, envuelta en el hálito húmedamente caluroso de la lujuria vegetal de trópico, se encontraron frente a frente el “Mano Negra” y Verduzco.

Éste dijo al pistolero:

-Aquí estoy, soy henriquista de hueso colorado. Máteme si puede, y si no retírese y dígale a don Gonzalo que no somos moscas, ¡somos hombres!

El “Mano Negra”, desconcertado y sorprendido, trató de sacar la pistola, pero como estaba acostumbrado más a la ventaja y a la traición que al valor, su mirada torva de asesino sin escrúpulos, no pudo resistir la mirada limpia de un joven que despedía vitalidad y al que adivinó, con el instinto de conservación de animal gravemente amenazado, la decisión y la agilidad. Entonces, el joven militar con movimientos de cobra encañonó al “Mano Negra” y lo desarmó. En seguida, retrocediendo unos pasos, vació la pistola de cartuchos y la arrojó a los pies del pistolero, quien lentamente y mordiéndose los labios recogió el arma y cuidando no hacer ningún movimiento sospechoso, rápidamente dio media vuelta y se alejó gruñendo.

Enrique Quiles Ponce. Henríquez y Cárdenas ¡presentes! Hechos y realidades de la campaña henriquista pp. 124-127.

H.

Demostración enjambrista en el movimiento ferrocarrilero de 1958-1959


[El 26 de junio de 1958] en Aguascalientes, después de las 10 de la mañana “… el ruido cotidiano dejó de escucharse, las máquinas, las planchas remachadoras, los hornos cesaron, el silencio se hizo total en los talleres… Pero dentro de los mismos el enjambre humano permanecía en sus puestos de trabajo con los brazos caídos”, dispuestos a luchar…

Ramón Báez Esquivel. El movimiento vallejista en Aguascalientes. Las luchas ferrocarrileras de 1958. México: Editorial Contundencia, 2003. p. 35


Me (Nos) llamaron rebaño,
nos (me) nombraron legión,
                                 pero so(y)mos ENJAMBRE.

H.

miércoles, 4 de julio de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin


La cosa ya se puso color reptil. Vayámonos preparando.


H.

domingo, 17 de junio de 2012

Domingo de 2x1

Por orden de agenda:

En la opinión de

La Momia de Lenin

La chica Delirio pregunta

¿Cuál sería la palabra para nombrar una vocación que es al mismo tiempo bendición, obsesión y perdición?

H.

miércoles, 6 de junio de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin


El camarrada tiene razón: nada como que la gente se la crea. La democracia parecerá un problema irresolvible, un cuento para imbéciles, el paso previo a la demagogia descarada y la causa de nuestras desgracias los últimos veinte años, pero que la gente aún se la crea debe significar algo.

También será que hay lugares donde se nos había olvidado mirar de cerca.

Desconfío de la alegría alegrándome. Descreo de la verdad buscándola. Mi nombre es ENJAMBRE.

En otras noticias: hoy desayuné atole de vainilla y este blog le va a entrar a la intensidad preelectoral.

O a lo mejor no. Ya veremos

H.

jueves, 31 de mayo de 2012

Sirileyaháni, pt. II (Fantasía Épica al estilo H)

Un aviso:
Dije que esta historia estaría completa en mayo. Mentía sin saberlo. De cualquier forma, esta parte que leerán a continuación avanza bastante en el argumento y, bueno, dados los acontecimientos político-estudiantiles que actualmente tienen lugar en México, me pareció que ver la evolución de los mismos podría ayudarme con este texto. Creo que no necesito decirles por qué, ¿o sí? De hecho, en el momento en que el movimiento #132 irrumpió en la arena pública, Sirileyaháni ya había nacido; si ahora lo empieza a infectar, la verdad no tengo problema.

Éntrenle:

-¿Qué es lo que sabemos realmente? Que su nombre tal vez ni siquiera era Bari. Hay algunos sabios y hechiceros en la Orden que han llegado a suponer que la Casta puso su nombre a la Doncella y no al revés.
            El sabio Cymnol dejó de lado su copa y mordió un pedazo de carne. El grupo de aprendices que lo rodeaba permaneció inmóvil, algo desconcertados por lo que acababa de decir. Continuó:
            -En los registros de Naad-Bolg se dice que su nombre provenía del shidé, la lengua con la que nos entendemos con el resto de las naciones, y que significa “Flor”. ¿Cuántos de ustedes hablan shidé?
            Una chica asintió.
            -¿Tu nombre?
            -Nirel
            -Nirel, dinos, por favor, ¿cuántas palabras hay para flor en shidé?
            -Sólo una: yeh.
            -Y se sabe que no existe una raíz más incorruptible en toda la lengua shidé. Nada nos prueba que el nombre “Bari” sea shidé ni que signifique “Flor”. En Shofrad, pocas personas saben hablar esta lengua, porque los que la conocen no la enseñan, excepto aquí en el maldito Santuario –dio golpes en la mesa mientras decía “maldito Santuario”-¡Oh, dulce elixir de la verdad! ¡Venga otra copa!
            El aliento de embriaguez de Cymnol se esparció en la mesa. Su mirada, perdida a ratos, se centró unos instantes en Nirel y después se le dibujó una amplia sonrisa en los labios ante las copas de licor que llegaban a la mesa. Dio un prolongado trago a una de ellas y prosiguió:
            -Sabios del Relato Maestro han rastreado todo indicio de la “Gran Doncella” en crónicas de todas las naciones por las que se dice que pasó. Claro, como la mayoría de ellos están ordenados en Naad-Bolg, aseguraron que la leyenda de la marcha de Bari se conoce en todos lados y que las aldeas de Nikania poseen incluso reliquias. ¡Mentira! Nadie en Nikania conoce a Bari. Verdaderos Sabios del Relato Maestro, educados aquí en el Santuario, sólo han hallado indicios del paso de Bari en lo más remoto de la costa oriental: un rezo a Sardock, y otro a Laox, Gran Rey de los Océanos, por el alma de una niña muerta en un huracán, sobre una lápida. Es todo. Pero lo más interesante es que los registros de ese rezo están en un templo a Raazvet, el dios de la guerra, uno de tantos a quienes los piratas de esa región les piden auxilio. La niña, según los registros, era hija de un tal Bahrik.
            Azotó contra la mesa la copa de licor que había ingerido y miró a los aprendices con una sonrisa triunfante.
            -¡Por los dioses que nos han mentido toda la vida! Los shofradíes somos tan cobardes que nunca iríamos a comprobar nada sobre esta leyenda. La doctrina del Relato Maestro se creó precisamente para saber este tipo de cosas y nadie en este país de mierda se esfuerza por conocerla. Pero no me crean a mí: todo lo que acabo de decirles será negado por cuanta persona conozcan. Por desgracia, estas afirmaciones son recolectadas de aquí y de allá. Los Sabios del Relato Maestro se limitan a decir lo que encuentran, no concluyen nada. Y está bien, su doctrina no los obliga a decir verdades, solo construir caminos hacia ellas.
            Un aprendiz que pasaba por ahí se detuvo ante la frase de Cymnol y con visible molestia, interpeló al sabio:
            -Esa es una posición cobarde. En tiempos como estos, lo que más se necesita es la verdad.
            Cymnol lo miró con interés.
            -Aún eres joven… Y puedo suponer que te estás formando en los caminos del Relato Maestro.
            -Ahora mismo, hay cosas más importantes en qué ocuparme que en verificar leyendas con el método que dicta una doctrina coja. El Relato Maestro necesita ser renovado.
            Mientras decía esto, sus ojos se paseaban entre los que acompañaban a Cymnol en la mesa y entonces se detuvo cuando vio a Nirel.
            -¿Cómo te llaman, renovador? –preguntó con sarcasmo Cymnol.
            -Lihug –contestó aquel sin dejar de mirar a Nirel- Y yo sí creo en la Doncella, en la verdadera. No importa cuántos sabios nieguen su linaje, sólo porque no les agrada la tiranía que se sostiene en su nombre, existió una verdadera doncella. Y yo le debo mi devoción a ella.
            La atención del grupo, que antes se centraba en Cymnol, ahora se dirigía a Lihug. El sabio replicó:
            -Joven, los símbolos son válidos, las creencias tienen poder, de eso se alimentan nuestros dioses, ¿no es cierto? Pero debemos hacer algo para hacerlo efectivo: debemos rezar, actuar con rectitud, coherencia, sabiduría, compasión. No hay manera de que el poder del símbolo de Bari se desvanezca con descubrimientos no confirmados hechos a millas de aquí. La doncella existió, de eso no cabe duda, pero de la forma en que crees, hijo…
            Lihug no despegaba su vista del rostro de Nirel.
            -¿Bari? –contestó incrédulo- Yo no hablo de la Filvaík. Hablo de la Sirileyaháni.
            La súbita discusión había atraído a un número considerable de curiosos a la mesa, escuchando atentamente; ello hizo aún más estruendosa la espontánea risa que brotó de todos los presentes al escuchar a Lihug invocar a la Sirileyaháni. El mismo Cymnol no pudo evitar contener sus carcajadas. Al parecer, únicamente Nirel no le había parecido algo gracioso, aunque dejó escapar una ligera sonrisa burlona. Los ojos de Lihug habían dejado de fijarse en ella para mirar consternados a los otros aprendices, que se burlaban de él.
            -¿Qué es tan gracioso? ¡Digan!- exclamó.
            -¿Sirileyaháni? –respondió uno- ¿Dónde creciste? ¿En un establo? ¿Recolectando bayas o robando gatos? ¡Ha, ha, ha!
            La risa de los presentes aumentaba con cada nuevo comentario que sugería que Lihug no era un aprendiz de Naad-Bolg, sino un sucio campesino o vagabundo. Cuando la conmoción general se disipó y algunos ahogaron sus carcajadas en licor, Cymnol tomó la palabra.
            -Hijo, la Sirileyaháni no existió, no existen pruebas de ningún tipo: ni en la tierra, ni en los rituales, ni en la doctrina. Ni siquiera sospechando llegaríamos a una conclusión tan ridícula. Los dragones son distintos a nosotros, no hay ser humano que pueda comparar su espíritu con ellos. Son los Primogénitos, recuérdalo bien; nosotros, los Terceros Hijos. Quizás sí hubo una Filvaík Bari, pero no la que la Casta nos dice; quizás lo único que queda es la hija del pirata Bahrik. Sólo el pueblo bajo cree esas historias de la Sirileyaháni, que los ciegan ante la realidad. Eres un aprendiz del Santuario. ¡Por los dioses! Ten algo de sentido común.
            Se levantó pesadamente de su asiento y acercándose a Lihug, le tocó el hombro con un gesto paternal.
            -Debo descansar. Deja de recolectar historias del pueblo bajo, hijo. Tu pasión por la verdad podría estar mejor encauzada si pusieras tu interés en otras cosas. ¡Sirileyaháni! ¡Ha, ha, ha! –exclamó alejándose.
            Lihug, cabizbajo, se retiró a su vez hacia su celda. La fiesta lo había agotado, las burlas lo habían cohibido, el sueño y la embriaguez lo estaban derrotando. Pero no olvidaba lo que acababa de ver: una de las aprendices tenía los rasgos. Debía ir a registrarlo en sus pergaminos, ver el retrato y confirmar. Salió del gran salón, deslizándose silenciosamente hacia los jardines frontales, donde se había colocado la guardia de aprendices de Ogùa Bari.
            -¡Soidag! –susurró hacia los arbustos
            De entre la crecida hierba surgió un aprendiz con actitud resignada que portaba un pequeño mazo con cabeza de bronce.
            -Estoy por hacer mi ronda, ¿por qué vienes a molestarme cuando hay una fiesta allá adentro de la que deberías estar disfrutando? Juraría que te aburres aquí sólo para echarme en cara que yo no puedo festejar.
            -La vi. Ha vuelto. ¡Es ella!
            Soidag hizo un gesto de incredulidad y extrañeza.
            -¿Quién?
            -¡Ella!
            De pronto, Soidag comprendió lo que Lihug le decía.
            -¡Oh! Bien…-titubeó desinteresado- Y ¿qué harás?
            -Aún no lo sé… pero es necesario ser prudentes. El nuevo Bari no parece confiable y no quiero que se entere. Sé que no sabes guardar secretos, pero por favor, guarda este por mí.
            -No te entusiasmes –Soidag frunció la nariz, olfateando- tal vez fue el licor. Es normal, ¿sabes? Yo vi cosas cuando iba con mi padre al campamento; confundía personas y animales. Una vez casi asan vivo a un icor que le servía a mi padre porque les dije que era una lagartija. Has visto demasiado el retrato, ¿no crees que tu mente ya vea ese rostro donde no está?
            -Bebí, pero estoy seguro de que no fue por eso. ¡Era ella, te lo juro! –Lihug abrió más los ojos y le señaló en dirección al salón- ¡Mira, ahí está!
            Soidag volteó para ver a un grupo de chicas aprendices que salían del salón, levantando copas y brindando estruendosamente. Tras de ellas iban dos aprendices hombres, al parecer más sobrios, y tres sirvientes icors. Nirel era una de las más entusiastas. Cada brindis lo dedicaban con un agudo grito: “¡Ogùa Bari! ¡Ogùa Bari!”. Soidag se encogió de hombros, suspiró y se acercó al grupo.
            -¡Hey! ¡Lleven este escándalo a otro lado! Nada de ruidos cerca de los dormitorios. Para eso está el salón.
            -Pero ahí no hay camas –replicó una de las chicas con voz aguardentosa- hay mesas, pero son muy incómodas…
            El grupo echó a reír. Soidag se acercó, tomó violentamente a Nirel del brazo, zarandeándola y haciendo que ésta tirara la copa de licor.
            -Hagan caso, maldita sea. O las arresto.
            -Son peores que la guardia de los viejos –replicó enérgicamente Nirel- niños queriendo ser soldados. Están aquí para protegernos de la verdadera Guardia y en vez de eso, nos prohíben divertirnos. ¿O será que nadie te incluiría en un juego de estos y estás celoso de los icors?
            Soidag la miró fijamente a los ojos, con furia.
            -No me interesan sus perversiones, sólo lárguense de aquí.
            Una de las chicas sugirió al resto regresar al salón y así el grupo se alejó del jardín.
            -Bien –dijo Soidag, de regreso con Lihug- Vayamos a tu celda a confirmar. Si es ella, quizá se nos ocurra algo. Puedo escaparme de hacer la ronda un momento.
            Cuando llegaron a la celda de Lihug, se encontraron con un desorden terrible. Los estantes estaban en el piso, las sábanas se hallaban hechas jirones en el piso, el camastro estaba volteado y los cristales de las ventanas, rotos. Al fondo, recargado sobre una de las pequeñas paredes, se hallaba un lienzo amarillento que lucía una figura femenina rodeada de símbolos y pequeños animales. Los ojos de dicha figura se fijaban en quien viera el lienzo. Soidag se acercó y lo contempló largo rato, mientras Lihug acomodaba sus cosas.
            -Morks –susurró Soidag sin despegar la mirada del cuadro- Esos malditos simios no pierden oportunidad de hacer destrozos. Recuerdo que mi padre me contaba que, en el desierto llegaron a beber la sangre de los heridos con tal de llevarse algo y hacer daño. Alguien debería matarlos a todos.
            -Es extraño –dijo Lihug- Si fueron morks los que entraron, dejaron la comida intacta –metió la mano en su pequeña alacena y sacaba pedazos de pan y carne y frutos secos- Y por lo que veo, no se llevaron nada. Tal vez un par de mis túnicas.
            Soidag se acercó a la ventana y se asomó hacia afuera. Abajo, junto a los altos muros, se distinguían los pedazos de cristal que varias ventanas del edificio habían dejado caer al ser rotas.
            -No sólo entraron en tu celda. Todo el jodido edificio fue asaltado. Tengo que bajar a avisar al resto de la guardia. Si los morks siguen aquí, tal vez podamos atraparlos –dijo entusiasmado- ¡Por fin, algo de acción!
            Se acercó precipitadamente a la salida y en el umbral se volvió hacia Lihug.
            -Creo que sí es ella, tenías razón. La cuestión es, ahora ¿qué piensas hacer?
            -No lo sé –contestó Lihug mientras reunía los jirones de sus sábanas- Nunca creí que pasaría.

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La noticia corrió como pólvora al día siguiente en Naad-Bolg: una banda de morks, simiescos seres de raza inferior, provenientes de la frontera con el desierto occidental, había entrado a saquear el Santuario de los Aprendices durante la fiesta de recibimiento al enano Asduk, llegando a asesinar a un par de chicas aprendices y tres sirvientes icors que habían llegado con Ogùa Bari, quien estuvo en la celebración. La pequeña guardia instalada por él los sometió después de una larga lucha de horas, pero, de improviso, un destacamento de la Guardia de la ciudad, liderada por Damol Bari, tío del joven Ogùa, entró al Santuario para desalojar a los morks cuando ya habían sido reducidos. El enfrentamiento entre ambas guardias había producido la muerte de un aprendiz más.
Entonces, los poderes de la República se reunieron. La Cámara de Altos Shofradíes recibió a los más altos jerarcas de la Orden de Hechiceros en presencia de los ancianos Grandes Señores, Sorum y Hakell, para discutir el incidente.
            El gran salón de la Cámara se encontraba abarrotado de gente. La enardecida multitud se arremolinaba tras las vallas, apenas contenida por la Guardia.  Delante de ellos, se encontraban sentados muchos de los cuatrocientos representantes de todos los barrios de Naad-Bolg. Los tronos de los ancianos hermanos, a ambos lados de la sobria silla del presidente de la Cámara, estaban rodeados completamente de miembros de la Orden y representantes de la Cámara, que discutían airadamente, pero casi susurrando, mientras gritos de furia salían de entre la multitud. El sabio Cymnol se hallaba entre ellos.
            -¡Son nuestros hijos, Sorum! ¡Cuántos ibas a dejar que murieran para defender el Santaurio! ¡Cerdo!
            -¡La Guardia sólo protege sus arrugados culos, malditos vejetes! ¡El resto estamos indefensos!
            -¡Ustedes mataron a nuestras hijas, ustedes!
            De entre la multitud se pudo ver cómo uno de los representantes de la Cámara fue arrestado por la Guardia después de haberse acercado al trono de Hakell Bari y haberle gritado mientras la punta de su dedo índice chocaba con el pecho del anciano. El jefe de la Guardia, Damol Bari, sacó entonces un látigo y blandiéndolo, golpeó la valla desde donde la gente maldecía a los ancianos. Un tenso silencio se hizo de súbito. Tras una mirada de acuerdo que intercambió con el líder de la Guardia, Sorum Bari se levantó del trono para tomar la palabra. Un hechicero lanzó un pequeño conjuro para amplificar la voz del Gran Señor.
            -Ciudadanos: la tragedia del Santuario ha conmovido y tocado hasta lo más profundo a la corte de la República, así como lo ha hecho con nuestro pueblo. El Gran Señor Hakell y, este Su Siervo –se señaló a sí mismo con la palma de la mano- hemos decidido emprender una campaña de represalia contra la colonia de morks que se ha instalado a las afueras de nuestra ciudad –el silencio comenzó a ceder a un barullo entre la multitud, que iba aumentando en volumen- para que nuestros enemigos sepan, y que se oiga clara la voz de los shofradíes en el desierto, que atacar a nuestros hijos es como pretender dañar el corazón de nuestra República, ¡y que tal afrenta se pagará con sangre!
            Los miembros de la Guardia y una parte de los representantes de la Cámara comenzaron a corear el nombre de los ancianos, pero el resto de los presentes seguía maldiciéndolos.
            -¡No más de esas malditas campañas!
            -¡Solamente enviarás a nuestros hijos y a los que somos pobres!
            -¡Represalias son las que habrá contra ustedes, tiranos de mierda!
            Los latigazos del jefe de la Guardia volvían a imponer el silencio. El presidente de la Cámara habló.
            -La Cámara, la Orden, los Grandes Señores y el pueblo escucharán ahora a los aprendices, que han tenido la valentía de venir hasta acá y contarnos sobre lo que sucedió.
            De entre los cientos de asistentes salieron entonces dos grupos de aprendices, uno de hombres y otro de mujeres todos con un semblante serio y porte altivo, rodeados por hechiceros y aprendices guardianes, como Soidag; a la cabeza del grupo iba una figura encapuchada en una túnica color vino. La valla fue abierta para dejarlos pasar y ocupar un puesto entre los asientos de una parte de la Cámara, que le fueron cedidos por algunos representantes.
            -¿Quién hablará a nombre de los aprendices?
            -¡Yo, Zemnael Gyma! –dijo levantándose una chica
            -¡Y yo, Sájeba Fodh! –contestó otro chico.
            -¡Todos! –gritaron a coro el resto de los aprendices levantando el puño.
            Ambos fueron conducidos al podio guiados por el hombre encapuchado, que al llegar cerca de los ancianos, se descubrió. Era Ogùa Bari. Hubo conmoción en la Cámara y el pueblo. Murmullos se escuchaban por todos lados.
            Sájeba Fodh tomó la palabra.
            -Hoy, nuestro Santuario está de luto. Por nuestros hermanos y también por nuestra dignidad. La Guardia de Naad-Bolg, que obedece órdenes únicamente del autodenominado “Siervo” Sorum Bari, nos atacó ayer, cuando el peligro del que supuestamente venía a protegernos, había sido ya erradicado. No sólo murieron dos de nuestras hermanas a manos de los morks, ni nuestro hermano caído por una flecha de la Guardia, no: tres pequeños icors, seres indefensos y frágiles, que estaban por obtener su libertad, que les sería concedida por el único Bari que ha demostrado ser amigo del pueblo –señaló con su mano a Ogùa-, esos pequeños seres inocentes, fueron salvajemente asesinados también, sólo por el hecho de ser lo que eran.
Un representante se había levantado de su asiento para decirle enérgicamente al muchacho que los icors habían sido muertos por los intrusos, no por la Guardia, pero fue callado por sus propios compañeros.
            Zemnael Gyma continuó:
            -Y no sólo eso: la Guardia violentó el Santuario en más de una forma, arrestando y golpeando a varios sabios que se encontraban en sus dormitorios, y tenemos testigos de que sabían por quién iban: y para probarlo, tenemos aquí un pergamino con los nombres –ella aumentó el volumen de su voz, mientras los murmullos crecían entre los presentes- de los agredidos, firmado por el jefe de la Guardia, Damol Bari –el jefe volteó incrédulo- Una parte de nuestra sagrada biblioteca fue incendiada –los murmullos se convirtieron en comentarios en voz alta- y muchas estatuas de dioses que protegen a naciones hermanas fueron destrozadas.
            Los comentarios se convirtieron en gritos airados que diversos grupos entre los representantes y la multitud se lanzaban unos a otros, pero en especial contra los ancianos. Sorum Bari comenzó a sudar, mientras su hermano Hakell se limitaba a fruncir el ceño. Damol lanzó varios latigazos a la valla, pero ya no surtían efecto. Entonces, en el momento en que el presidente de la Cámara pretendía tocar el gran tambor que garantizaría el orden, Ogùa Bari se acercó al podio y levantó la mano. La multitud se calmó y guardó silencio.
            -Es por todo esto –comenzó- que el Santuario invocará el sagrado derecho de resistencia a la tiranía, establecido en la Ley de la Lápida de Jade, dictada por la misma Gran Doncella, llamando además a Damol Bari ante las Cortes para ser juzgado por el agravio a la integridad del Santuario, actos de blasfemia contra los dioses, agresión al pueblo y por intentar acallar la voz del mismo, ayer encarnada en los aprendices.
            Los aprendices levantaron el puño. Una fracción de la Cámara se levantó airada para interpelar al joven Bari, acusándolo de demagogo y gritándole maldiciones, mientras gran parte de la multitud celebraba con aplausos, silbidos y vivas sus palabras. Damol guardó su látigo y se acercó furioso al podio, empujando a los aprendices y cuando estuvo frente a Ogùa, lo tomó del cuello de su camisa, escupiéndole en la cara. El joven permaneció impasible.
            -¡Calumnia! –exclamó Damol- ¡Todo eso son mentiras! ¡Yo no ordené nada! ¡Ese pergamino es falso!
            -Tío –le respondió limpiándose el escupitajo y tocándole compasivamente el hombro- si eres inocente, se probará.
            Sorum Bari se levantó a separarlos y calmó a Damol, ordenándole seguir en su puesto, asegurándole que tenía su protección. Volteó a ver a Ogùa con rencor.
            -Atacar a tu propia sangre… –le dijo- Eres igual a tu padre.
            -Ustedes no son mi sangre –sentenció Ogùa, bajando junto a Sájeba y Zemnael del podio hacia los asientos de los representantes.
            Los aprendices, con el puño levantado, comenzaron a gritar “¡Ogùa Bari!” repetidas veces, y pronto varios representantes de los Altos Shofradíes, seguidos por muchas personas entre la multitud, se hicieron eco de ellos. El nombre del joven Bari se escuchó entonces fuera del salón de la Cámara, coreado por cientos de voces al unísono. En medio de tal aclamación, él permanecía sereno y dirigiendo al grupo de aprendices con los que había llegado, salió del salón.
El clima en el lugar se hizo más tenso a cada minuto que pasaba. La multitud, excitada, amenazaba con desbordar la valla y la misma resistencia de la Guardia. El tambor de la Cámara sonó varias veces tratando de imponer el orden, pues hasta los mismos representantes se habían dejado llevar por la pasión, insultándose y discutiendo, y no dio resultado. Sorum ordenó a la Guardia desalojar el salón de todos aquellos que no fueran representantes de los Altos Shofradíes, llamando para ello a más soldados que habían permanecido fuera del edificio. El presidente de la Cámara gritó, con voz débil, que, en vista del caos imperante, la discusión sobre la campaña propuesta por los Grandes Señores, y la acusación contra Damol Bari tendría lugar en el recinto de la Orden de Naad-Bolg. Aquellos representantes que llegaron a escuchar la resolución protestaron amargamente, pero no fueron escuchados.
     Afuera, en su camino de regreso al Santuario, Cymnol se vio 
arrastrado por la multitud y veía a lo lejos a Ogùa Bari caminando por las calles de la Ciudad Inolvidable, entre entusiastas shofradíes que coreaban su nombre. El legado de la Gran Doncella, gritaban, finalmente estaba siendo restaurado.

CONTINUARÁ...

H.

miércoles, 18 de abril de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin


H.

domingo, 8 de abril de 2012

Aguas con la desmitificada

Es curioso. 

El pasado jueves, el doc Pedro Salmerón Sanginés, esforzado historiador puma y autoridad viviente en villismo, se estrenó como columnista en La Jornada con una serie de artículos en los que promete demostrar, con los pelos de la burra en la mano, las flagrantes mentirotas de las que han echado mano, con el argumento de la desmitificación, personajes como José Manuel Villalpando, Luis González de Alba, Macario Schettino, Armando Santos Aguirre alias Catón, Juan Manuel Zunzunegui y otros. 

Hace algunas semanas, al asistir a un foro cuya temática me resulta nebulosa hoy -mea culpa- en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM, para los cuates), me topé con un Villalpando "invitando" al público y a los amantes profesionales de Clío a no caer en la trampa de sustituir la vieja historia de bronce, rebosante de héroes de moral incorruptible y épicas memorables, por una historia de fango, atascada de viles y despreciables villanos engaña-pueblos. En algún momento de su intervención salió a relucir el nombre de Macario Schettino.

El afán desmitificador de la historia en México, tal y como lo vemos hoy, es relativamente joven y, de acuerdo con el artículo de Salmerón, podríamos ubicarlo desde las reformas educativas en 1992 y reforzado por la llegada del PAN a la presidencia en 2000. A los historiadores nóveles nos llegan invitaciones constantes para abordar "nuevos" temas y llenar los espacios vacíos de la historia oficial o tradicional (que no es lo mismo); y para presentar tópicos conocidos bajo una nueva perspectiva. Mientras algunos se gradúan con historias, microhistorias, minihistorias de tal personaje o tal lugar y haciendo catálogos (talacha esta que muchos agradecemos en secreto ocasionalmente), otros intentamos explorar ángulos imposibles de cuestiones recién incorporadas al conocimiento histórico, y algunos más hacen la labor arqueológica de sacar a la luz episodios que han estado pudriéndose en la sombra. Todos haciendo de todo, sin la intención explícita de desmitificar la historia.

Eso se hace en clase, en las charlas cotidianas de café, en los foros de internet. Cuando se es joven historiador, a veces es más atractivo descubrir y reinterpretar que desmitificar. Para "abrir los ojos" al público sobre aquello que la historia oficial calla, hay ya mucho material publicado detrás de la labor propia, sobre el cual es más prudente sostenerse a la hora de difundir los episodios negados. 

El destierro del mito en la práctica historiográfica ha tenido lugar en la tradición occidental desde los clásicos grecorromanos, porque fue en los esfuerzos intelectuales de sus filósofos que la palabra mito se hizo sinónimo de fábula, creencia sin fundamento ni comprobación; el opuesto del saber racional, el logos. Fue de tal fuerza esta concepción que la misma historia cristiana, sus dogmas y doctrina misma, no admite mitos, aunque ahora podamos identificar estructuras míticas en el cristianismo. Diversas tradiciones, escuelas y teorías han hecho reposar el ansiado fundamento de la objetividad en cosas como la autoridad del testigo, el documento escrito o el testimonio oral acompañado de su respectivo análisis y crítica; y en el largo camino recorrido siempre se han topado con que el ejercicio del poder, del tipo que sea, mete sus narizotas en la construcción del discurso histórico, creando a su paso "mitos" bastardos, creados a conveniencia de una ideología o interés particular. 


Es necesario apuntar que sea cual sea la ideología o "los intereses" que provoquen esta distorsión del conocimiento, implican en sí mismos, no obstante sus intenciones explícitas (ocultamiento de ciertos hechos, por ejemplo), estructuras de pensamiento y conocimiento de sustrato mítico, nivel último en el que la valoración del vocablo mito como fábula o mentira no resulta de correcta aplicación, pues su valor no está en su veracidad, medida según la razón moderna, sino en su efectividad, utilidad y sustento cultural; sin embargo, ese nivel último es por ahora el que menos nos interesa (¿o no?...).  


Para lograr que la desmitificación tenga éxito hace falta dejar que la ambición intelectual crezca y entonces colgarse del desprestigio de la historia oficial; ninguno de estos requisitos me parece reprobable. Ahora bien, la cruzada contra los mitos oficiales de la historia mexicana ha sido promovida y practicada activamente por personas que, al menos en su formación inicial, no son historiadores de profesión: abogados, literatos, politólogos, periodistas, y hasta ingenieros. Eso tampoco es reprobable: un buen espíritu crítico, rigor en el manejo de fuentes y sustentado criterio en la interpretación no son virtudes exclusivas de los historiantes profesionales, y hay escritores de historia, que no historiadores, que han sido capaces de confeccionar obras espléndidas, por no hablar de la considerable ventaja que le llevan a la academia en lo que refiere a los textos de difusión.


Sí, la cochina difusión. Es cierto lo que Salmerón apunta en su artículo: la desmitificación de la que hemos sido testigos desde hace veinte años es una moda. Es una fórmula ganadora que vende libros y otorga rating en radio y televisión. Todo ello bajo el manto protector de la difusión, donde el rigor académico se sacrifica en aras de ideas atractivas sobre los "héroes", cuando no debería ser así: el públilco merece que le cuenten la historia con todos sus claroscuros. Todo mundo ha querido bajarlos del pedestal para acusarlos de ser de cierta forma y, agrego yo, ese es el principal problema: la autoproclamada desmitificación se ha centrado generalmente en destruir pedestales, lo que hace pobrísima su aportación al conocimiento histórico. Irónicamente, Villalpando lo ha señalado en su poco elegante metáfora: hay quienes han cultivado la historia de fango y, no mamen, dice, ya no hay que pelarlos para que se callen. Eso, ¿qué nos quiere decir? ¿Rescatar a los héroes de bronce? No, dice él, hay que entender que "eran humanos". Diablos, cuando el falaz argumento de la falibilidad humana aparece para explicar a ciertas personalidades involucradas en notables procesos históricos, hay que desconfiar.


¿Cuál es el pedo?, dirán ustedes. Es de gran trascendencia porque esa historia "desmitificada" llega al público apoyada en una amplia infraestructura e influye en la opinión general de las personas sobre su historia, moldea su cultura histórica, y las consecuencias más inmediatas y palpables de ello están en su actuar y posición política. La historia, nos guste o no, tienen que ver mucho, muchísimo, con la política, sobre todo en México, donde la historia como hobbie o recreación aún no es la que domina (que tampoco queremos que sea únicamente así, ¿verdad?). Ni modo, así ha sido nuestra civilización y el cambio de paradigma se me hace que ha de ser doloroso.


Ahora, aquel que llamó a no seguir la historia de fango se encuentra, ante el público lector, en la mira de otro historiador, quien lo acusa, así de buenas a primeras, de mentir. Nada de que la falta de rigor o la interpretación errónea: mentiras, tú me enamoraste a base de mentiras. Y dice que va a demostrarlo.


De momento no me siento capaz de opinar porque, aunque tengo plena confianza en las palabras del doctor Salmerón, no me he soplado ni un texto de los aludidos. Sin embargo, aquí en Éter Verde seguiremos de cerca las aportaciones de su columna porque, aunque para mí la mentira en la historiografía resulta interesante incluso como material de estudio, sigue pareciéndome reprobable, en especial cuando se obtienen dividendos de ella y peor aún, influye en las opiniones de la gente.


Enhorabuena, doc. Desde aquí le echamos porras.


H.

lunes, 30 de enero de 2012

La dama Delirio pregunta...



¿Cuál es la palabra para describir el escape a la muerte de un individuo responsable de acciones atroces contra la humanidad desde el punto de vista moral, pero que siempre se mantuvo lejos de una sentencia real por más veces que se le juzgara?

En diciembre de 2006, cuando fue a dada a conocer la muerte de Augusto Pinochet, supe por primera vez de la palabra Pinochetazo. Seguramente lo vi en una página del periódico La Jornada y no recuerdo a qué hacía alusión, pero en mi loca cabecita quedó la idea de que tal palabra se aplica a las muertes de determinados personajes señalados por el "juicio de la historia" como genocidas, dictadores u otros bonitos títulos, que acontecen sin que la Justicia Internacional pueda sentenciarlos y que han ido cayendo en los suaves brazos de Tánatos muchos años después del término de su actividad criminal, en medio del mundo posterior a la guerra fría, justo antes de que el Justo Occidente los alcanzara.

Así, digamos que "dieron el pinochetazo" Idi Amín (dictador de Uganda de 1971 a 1979, señalado por al menos la muerte de 30000 ugandeses) en Arabia Saudita en 2003; Slobodan Milosevic (presidente de Serbia de 1989 a 1997 y de Yugoslavia de 1997 al 2000, que como tal fue señalado como responsable de gran parte de los crímenes de guerra y actos de genocidio que tuvieron lugar en las guerras yugoslavas de los noventa) en los Países Bajos en 2006, Saloth Sar Pol Pot (jefe máximo de la Kampuchea Democrática y su partido, los Jemeres Rojos, durante la dictadura de inspiración maoísta que asoló al país de 1975 a 1979, y causó la muerte de aproximadamente una cuarta parte de su población) prisionero por su atiguo partido en Camboya en 1998; y el mismo Pinochet en 2006.

Deben existir otros casos, no hay duda. En México está pendiente que dé el pinochetazo Luis Echevería, el ex presidente que fue acusado del delito de genocidio en 2006 (el crimen específico: la matanza de Tlatelolco de 1968), arraigado por ello mismo en su domicilio y absuelto ese mismo año, para serle ratificada de forma definitiva esa absolución en 2009, debido a que, DICEN, el delito de genocidio había prescrito en 2005. Chingaderas, ya saben. Y decimos que su pinochetazo está pendiente porque está muy cabrón que la justicia mexicana lo someta nuevamente a juicio antes de que muera. Espero, ingenuamente, equivocarme.


El pasado día 26 de enero, murió Miguel Nazar Haro, máximo símbolo y personaje de la persecución política en el México de los años 70, operador distinguido de la temida Dirección Federal de Seguridad y su director de 1978 a 1982, torturador calificado y empleado de la CIA. Acusado de la desaparición de Jesús Piedra Ibarra, fue preso en Nuevo León durante nueve meses de 2004, pero se le liberó bajo el beneficio de prisión domiciliaria en la Ciudad de México, hasta que la huesuda lo alcanzó este año. De nuevo: chingaderas.


Nazar Haro nunca ocupó un puesto similar a Pol Pot o Milosevic, ya ni siquiera como su jefe Echeverría, por lo que no podemos afirmar que cubre los requisitos para decir que dio el pinochetazo. Puede que, con el fin de endulzar el escape a la muerte de este tipo de personajes, menores jerárquicamente, pero sin duda igualmente importantes en lo que respecta a la comisión de atrocidades, tengamos que acuñar un nuevo término.

Nazarazo suena bien.

H.


P.D. Si, ya sé: debí postear antier o ayer, no estén chingando.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

En la opinión de...

La Momia de Lenin
No hay que ser, camarrada. Acuérdese de que La Ciudadanía es sagrada, Twitter su Constante Revelación y usted la momia de un comunista photoshopeada. Ándele, ya váyase a preguntar en cuánto le sale un voto por Peña Nieto y de paso se consigue el teléfono de su hija.

H.

jueves, 3 de noviembre de 2011

En la opinión de...

La Momia de Lenin
se acuerdan, ¿no?

Por cierto, perdón por no postear ayer.

Ps sí, con la novedad de que los Anonymous se quieren meter con los Zetas en Veracruz. Hay quien dice que nel, que nomás es la célula en México que anda de bravucona. Que los macizos en Anonymous no apoyan ese tipo de operaciones (igualito que el desmadre del ataque a Facebook, para colmo programado para el mismo día 5 de noviembre, fíjese usted). Le van más a los indignados que a los encabronados, pues. Que los Zetas ya dijeron que se van a ir sobre estos cuates y que ya les contestaron que no sean güeyes, que eso de rastrear IPs es para principiantes.

A uno le dan ganas de decir "ya se habían tardado".

Lo cierto es que si Anonymous tiene una facción fuerte que no apoya operaciones como la de Facebook y ahora esta, entonces significa que la adhesión de hackers al grupo tomó desde un principio tintes locales, cosa que debieron haber supuesto desde un inicio. Y eso también significa que la causa de Anonymous y su modus operandi serán puestos como banderas de ataques cada vez menos compatibles con la imagen de hackers buenaonda que sólo atacan perversas corporaciones y Estados, que es la forma en que muchos les conciben. Claro, eso es bastante normal en contextos en los que la violencia tiene rostros distintos a los que se ven a diario en México. Aquí la cosa está que arde por culpa no nada más del K-pital (para respetar la grafía revolucionaria) si no que además hay que considerar a otras bestias negras. Aunque si planteamos las cosas de esta manera, no vamos a evitar que ciertas gentes pongan petardos en cajeros o manden bombas caseras a los investigadores de la nanotecnología o incendien Wal Marts. O quieran filtrar información con nombres y apellidos de operadores de Los Zetas.


Así como este blogero se animó a hablar de tomar posiciones frente a los cárteles mexicanos desde el anarquismo, la célula de Anonymous que se quiere dar un llegue con los Zetas ya razona por cuenta propia cuál es su papel en el conflicto desatado por Felipillo hace cinco años. Y no lo hizo a partir de cualquier razonamiento teórico hecho al chilazo o al menos así nos lo plantean: Los Zetas se apañaron a uno de los suyos, dicen.

Como dirían los clásicos: esta vez, es PERSONAL.

Ahora bien, tomando en cuenta que por estas mismas fechas se ha dado a conocer el lamentable asesinato de dos estudiantes-activistas de la tres veces heroica Facultad de Filosofía y Letras y la Procu y Rectoría ya empezaron a decir sandeces al respecto, y ya se ha recurrido al recurso de las marchas, de dudosa efectividad ¿convendría entonces recurrir a esta facción de Anonymous para que, de forma paralela a cómo planean balconear a los filo-zetas jarochos, apoyara de alguna forma presionar para esclarecer la muerte de estas personas? ¿Filtrando información?

Si la parte "oficial" de Anonymous no apoya estas acciones, argumentando que no van de acuerdo a su filosofía ¿los hackers que sí lo quieren hacer, conciben su labor ante lo que sucede en México de la misma manera? ¿Es cosa de prestigio, de deslinde? ¿O de escoger, como ya dijimos líneas más arriba, entre indignados y encabronados?

Manden sus respuestas al Auditorio Che Guevara, a las cuentas de tuiter oficiales de Anonymous y, si se atreven, a algún cártel.

A mí, la neta, nada me consta.

UPDATE 4 de noviembre 2011

La función estelar de este 5 de noviembre, Máscaras contra Cuernos de Chivo, se CANCELA. Habría saldo rojo, dicen, además, ya liberaron al Anónimo secuestrado. Los detalles AQUÍ.

P.D.: Mañana, de acuerdo con el calendario festivo de este blog, es el Día de la Distopía. Sé que tanto activismo cool está gastando como nunca a un personaje en específico y que los hackers prometieron desmadre en grande y parece que al final nada de nada. Por desgracia, cierto compromiso me impedirá escribir algunas líneas al respecto sobre la actual distopía en la que estamos inmersos, pero habrá post, no se apuren. Celebre su Día de la Distopía, pero por favor, no se disfrace de V, lo pueden secuestrar los Zetas o simplemente se va a volver indignado y eso eso demasiado hipster.

Me pregunto, ¿qué pensará Alan Moore de todo esto?

Al que me conteste con un "¿y qué pensará Neil Gaiman de tus dudas de Delirio?" no lo voy a pelar ni a tomar en cuenta. Ni se esfuercen.

H.

miércoles, 12 de octubre de 2011

En la opinión de...

La Momia de Lenin
Esforzados colegas tenochcas, se les pasó avisarme la fecha de la la Noche Tris... Victoriosa para hacérsela de jamón al diabólico eurocentrismo del 12 de octubre.

Ahí para la otra.


H.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sí, que se muera

Sé que muchos de ustedes se han pasado las últimas horas o días cavilando y discutiendo con sus mejores enemigos sobre la inutilidad, malignidad, pusilaminidad, ridiculez, hipocresía y obsolescencia del discurso nacionalista mexicano. También me imagino que son de esos que no quieren celebrar nada que tenga que ver con la patria o diosito, o que si lo hacen, el resto del año es posible que se les escapen una o dos opiniones críticas sobre dichas fechas.

Hoy, seguro, circulan el conocido cuento de Don Porfirio Díaz instituyendo el día de su cumpleaños como fiesta oficial o ese de que Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte Villaseñor gritó "¡Viva Fernando VII!" en aquella memorable madrugada del 16 de septiembre de 1810 y todos esos "datos curiosos rompe-mitos" que el ciudadano bienpensante va escupiendo por aquí y por allá, esperando que sus interlocutores se quiten la venda de los ojos, pero sobre todo que se queden de a seis con el amplio conocimiento que posee la persona que tienen en frente. Todo para que, con dos o tres mezcales encima ambos concluyan que NADA ha cambiado en 200 años y que si los muertos del narco and stuff.

No me malinterpreten. Que en un día como este se discuta la historia de México en las mesas de pozole o en la calle es el sueño húmedo de cualquier divulgador de la historia, y de hecho a mí, historiante en ciernes, me parece un gran logro. No sé de quién será el logro, pero de que lo es, lo es. Lo que me saca ronchas (metafóricamente hablando) es encontrarse con el típico "Nada qué celebrar" acompañado de un sutil "Yo soy ciudadano de mundo, a mí nadie me engaña". Bastaría con sustraerse de las festividades y listo. Ahora que si se trata de aguafiestas profesionales, carajo, piensen en grande. A menos que sean de esos pasados de lanza que arrojan granadas en las plazas públicas. No hay que ser, gente.

Creo que comer antojitos, romperse huevos de confeti, echarse espuma y chupar en ambiente de kermesse no está tan mal. Entrarle a la verbena no es contrarrevolucionario ni va a dejar a la gente estúpida. "Pan y circo", dirán. No se confundan, chavos: ese pan y ese circo nos los buscamos todos diario y no me digan que no. Si fuéramos a cambiar el modo de pensar de los otros millones de mexicanos que les gusta celebrar septiembre como mes patrio, quejándonos de las fiestas, pero en serio, ya estaríamos haciendo otras cosas. Yo como no tengo ese objetivo de momento, me dispongo a comer de esas cosas "bien mexicanas" en estas fechas, porque ya tiene rato que no lo hago. Lo verdaderamente triste es que nos enfrentáramos de nuevo a un Morelia-2008.

Vamos, está bien, indígnense, cada quien su amargura consciente o su conciencia amargada. Ustedes ya han visto la mía varias veces.

Pero bueno, ya no se enojen, les voy a regalar mi más reciente creación literaria que no es más que un agregado jocoso malintencionado. Y antes de alguien lo diga: Sí, señores, esto está en la misma línea de mis textos distópicos.


Archivo Nacional de la Liberación (ANL)

Fondo: Aztlanismo y otras doctrinas de odio

Colección: Miscelánea sobre la Partición (2017-2035)

Caja: 679, Expediente 1756

“Muera México”, lírica y música de parodia subversiva de la conocida canción del compositor Pedro Galindo Galarza, de autoría anónima. Este archivo es una versión aproximada de la parodia original, pues debido a su lírica fue prohibida de acuerdo a la interpretación de los crímenes de incitación al odio y apología del terrorismo del artículo 15º del Código Penal de la Zona Urbana Central de Anáhuac, vigente en el período 2029-2033; el contenido es una recuperación de datos cotejados, obtenidos en una investigación de campo realizada en 2037 por el entonces joven Raúl Yolihuani Cóatl Torres, actual rector de la Universidad Nacional Autónoma del Cem Anáhuac y renombrado antropólogo y politólogo. La más cercana a esta depurada versión, se encuentra en el número 35 de la revista electrónica ilegal “El llamado del Chaneque”, distribuida clandestinamente en la Red Audiovisual Portátil durante los años 2029-2030, que puede ser consultada en este mismo Fondo.


MUERA MÉXICO

Anónimo


Nacido mexicano,

de este funesto suelo,

esta ominosa tierra,

mal llamada “Nación”


Como animal herido,

devoto a una bandera,

con voluntad de arcilla

y enfermo el corazón


¡Muera México! ¡Muera América!

Oh, suelo maldito por Dios

¡Muera México! ¡Muera América!

Tu tumba la cavaré yo


Nacido mexicano,

siempre compadecido,

si quieren informarse,

la historia mentirá


Que México es ojete,

mil cuentos ha contado

sobre la democracia

y supuesta libertad


¡Muera México! ¡Muera América!

Oh, suelo maldito por Dios

¡Muera México! ¡Muera América!

Tu tumba la cavaré yo


Viví cual mexicano

por eso estoy dipuesto

si México se muere

alcanzar libertad


Así se lo agradezco:

Conciencia me has dado,

ya no soy tu soldado,

yo soy libre ya.


¡Muera México! ¡Muera América!

Oh, suelo olvidado por Dios

¡Muera México! ¡Muera América!

Mi sangre siempre seré yo.


Se anexa el borrador inicial del conocido artículo de Cóatl TorresMuera México: historia de unos versos malditos”, recuperado por la dirección del ANL de los archivos muertos de la Sección de Control de Identidades y Mexicanización.

Reproducido de acuerdo al Artículo 4to, Fracción X de la Ley General de Documentos Históricos de la República del Cem Anáhuac

Libertad, comunidad, mexicanidad. Oaxaca, 12 de junio 2075



Sean buenos con sus jefes de manzana (y de plaza) y ya no se saquen los mocos.

Los quiero,

H.