viernes, 26 de marzo de 2010

Inventando el futuro III

Este texto fue un serio candidato a enviar al concurso. Dudé en enviarlo durante tres noches y al final desistí. Me quedé con la sensación de que hubiera ganado algo, pero ps ya ven cómo es este bisne; influyó en mi desición el hecho de que el argumento daba para más cuartillas. Se los paso, igual que los otros, sin arreglos. Enjoy.


Cum hoc, ergo propter hoc (o cómo no se debe crear un mártir)

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Hermana Macehual Citlali Mendoza, militante del Partido Mexicanista Unificado desde 2029. Informe de actividades de politización y aplicación de la teoría de la siembra de mártires.

Primer principio: El cambio es inevitable, ley social. La resistencia voluntaria al cambio es reaccionaria; la sensación de permanencia de ciertos remanentes de la realidad pre-revolucionaria obedece únicamente a la inercia de la sociedad. Algunos de estos elementos son dañinos, otros son útiles al cambio revolucionario. Reconocerlos es deber del militante mexicanista, siempre dispuesto a orientarlos a la instauración de la República de Anáhuac…”

Citlali detuvo el dictado. Redactar un informe siempre había sido tedioso. O sea, conozco los pinches preceptos del Partido, ¡ya me los sé! ¿qué caso tiene repetirlos tanto? Ojalá valga la pena la toma del poder, para que esta chamba la hagan otros. O los robots… Dejó escapar una pequeña risa. Sí, claro: robots, sólo la gente huevona como yo piensa en robots. Buscó con la vista su caja de cigarros, pero la penumbra de su cubículo sólo le permitió tantear con las manos. ¡Órale! Todavía tengo papel y plumas de tinta. A lo mejor las guardé por nostálgica. Encontró los cigarros, sacó uno, lo encendió, disfrutó unas cuantas bocanadas lejos del dictáfono y prosiguió.

“…Quinto principio: El alma mexicana tiende a la jerarquía y el reconocimiento de un tipo definido de singularidad, generalmente derivado de un imaginario machista, pero al mismo tiempo respetuoso de cierto orden matriarcal. Políticamente, sólo puede engendrar líderes y seguidores. Un régimen que obedezca a estas tendencias naturales es el tránsito adecuado para el cambio revolucionario. El engaño a las masas es válido en este contexto…”

Suspiró. Activó la pantalla de televisión. Lo de siempre: la invasión india a Pakistán y un plebiscito hecho en la cada vez más débil Unión Norteamericana arrojaba sus primeros resultados: 70% de los ciudadanos participantes pedían la disolución de la Unión. El cimiento perfecto para el nacimiento de Anáhuac, pero es que también esos pinches aztlanistas…Tomó un sorbo de café y volvió a darle una chupada al cigarro. Hizo un gesto de asco. Seguro que, al menos, en el siglo XX tomaban buen café y fumaban algo mejor que esta mierda. Pero había disfrutado el cigarro. No: el asco no era por eso y tampoco por el café. Continuó.

“…Un buen mexicanista debe estar atento a las oportunidades que el cuadro social ofrece, por lo que la que elabora este informe lamenta dar a conocer la fallida aplicación de la teoría de la siembra de mártires. El sujeto elegido para tal propósito fue seleccionado de entre el círculo más cercano de quien esto redacta. Su nombre: Luis Cuauhtli Mendoza, hermano de la militante. Se le acercó con la debida prudencia al Partido y su ideario, pero manteniéndosele convenientemente alejado de una militancia activa. La cercanía…”


“… la cercanía de la militante con él fue un factor importante para lograrlo. Durante meses se le adoctrinó de tal forma que se pudiera convertir en un seguidor fanático del mexicanismo. El carisma del sujeto y la amplia red de comunicación audiovisual portátil instalada en la Zona Central por el gobierno de la Unión lograron completar con éxito la misión de darlo a conocer entre los habitantes de la misma. Cuando se le habló de acciones drásticas para llamar la atención del pueblo, accedió entusiasmado a aceptar cualquier propuesta.”


“Nota personal: Varias veces me habló del poder simbólico de su propio sacrificio. Me propuso aventarlo de una unidad habitacional de las más nuevas (y altas) envuelto en una antigua bandera federal. Y en otra ocasión, se le ocurrió la estrafalaria idea de pasar montado a caballo en los barrios controlados por los militantes aztlanistas más extremistas y provocarlos a acribillarlo. Era, en verdad, alguien con ganas de morirse.”


“El día de hoy, que se celebra una de las tres fiestas nacionales de la Unión, dio un discurso en el Zócalo de México sobre nuestra plataforma política inmediata. Habló de cómo los sistemas de transporte, tanto de personas como de abastos, habían sido rebasados años atrás; de nacionalismo alimentario, ante problemas como la extinción del nopal; sobre la creciente influencia de la cultura angla en el alma mexicana, cómo lo demuestra la alarmante y galopante adhesión masiva de muchos a iglesias y sectas protestantes y la corrupción del español; también sobre el peligro reaccionario católico y fascista del aztlanismo y de la alianza de éste último con las antiguas familias del narco, hoy convertidos en respetables empresarios y políticos. Al respecto, el Partido debe analizar la posibilidad de una futura guerra, tanto por el agua potable como por problemas fronterizos, contra un Estado aztlanista, pues la adhesión a esta doctrina reaccionaria entre la población de la región separatista del Bajío es de un nivel alarmante. Es imperante que el Partido se apresure a lograr la simpatía de los pueblos indios susceptibles de ser víctimas de las limpias aztlanistas. El punto fue abordado por Lui… por Cuauhtli, aunque en otro tono. Mencionó asimismo el control policíaco e ilegal de la conciencia por parte del actual régimen de la Unión, que se vale de la red audiovisual portátil para ello. Una vez terminado el discurso, la militante y él montarían una farsa que provocara la represión deliberada de quienes escucharan y el sacrificio del sujeto”.

Citlali se mordió el labio inferior. ¿Fallamos por ti? ¿O por mí? Luis, no entiendo. Desde pequeños, tú sabías que era incorrecto…Controló aquel raro sentimiento y siguió dictando.


“Nota personal: La militante debe tener cuidado en seguir al pie de la letra las indicaciones del Partido y no dejarse llevar por… emociones fuera de lugar. La creciente tendencia al juntamiento, es decir, uniones libres y concubinatos, al contario de lo que se creería, alimenta la idea del amor romántico; es decir, relaciones no sancionadas por autoridad alguna. Es preciso evitar que esta idea sea propagada con fines políticos, tanto en la tendencia a entronizarla como dogma de vida como su utilización como arma ideológica contra un futuro régimen mexicanista”.

Sonrió por la ironía de lo que acababa de dictar. E incestuoso, además. Se detuvo una vez más. Sintió lágrimas salir de sus ojos, pero siguió.


“El acto de politización por vía de la siembra de un mártir se vio deformado por circunstancias insospechadas que salieron a flote a último momento. En realidad, los cálculos estaban errados. Alguna organización no identificada ya se había acercado al sujeto o se vio impresionado por alguna extraña filosofía, ya que engañó a la militante durante meses sobre su adoctrinamiento y se entregó al final a un acto de sacrificio ajeno a lo planeado. Rápidamente, tras el discurso se vio alzarse tras de él una cruz de madera, un par de individuos se acercó y asesinando salvajemente a Cuauhtli, le arrancaron el corazón para después crucificarlo. El acto provocó pánico masivo y la consecuente represión. El simbolismo del acto parece evidente, pero para quien esto redacta, permanece oscuro. Se recomienda abstenerse de usar la siembra de mártires como estrategia política en lo sucesivo. Libertad, mexicanidad, comunidad. 5 de mayo 2033. Fin del informe.”


Había sido un día agitado. Citlali se sentía cansada; quizá era el llanto o su desordenada forma de redactar el informe. No fue por amor, ni por la mentada libertad. Te oí, Luis, ¿qué era? Y, ¿por qué sonreías? Fumó un poco más y terminó su dictado:

“Nota personal: Ese hijo de la chingada nunca me quiso…”


P.D.: Quiero compartirles esto. Sé que no tiene nada que ver, pero me gustaría saber su opinión. Por otro lado, el cuento anterior es OBRA PROTEGIDA, espantajos, ni se les ocurra plagiar.


H.

miércoles, 24 de marzo de 2010

En la opinión de...

La Momia de Lenin
H.

sábado, 20 de marzo de 2010

Vichentenario al chile (Pt. 2): Así nos adoctrinan ahora

Va de a rápido. El viernes de la semana pasada fui a visitar el museo itinerante que Televisa, el Gobierno Federal, Slim y sus secuaces pusieron en el Zócalo capitalino para exhibir el trabajo de Willy Sousa. La exposición consiste en fotografía en su mayoría, para rematar con la proyección de un video que parece el trailer de alguna película gringa y cuyo escenario me recordó poderosamente las escenas iniciales de la adaptación cinematográfica de 1984 de Orwell. Vean este video (que es un aproximado del original que se exhibe en el centro) y juzguen.


Coman frutas y verduras.

H.

La chica Delirio pregunta...


¿Qué palabra usas para nombrar la sensación que nace de rechazar sutilmente una autonombrada "Verdad" para después arrepentirse de haberlo hecho?

H.

miércoles, 17 de marzo de 2010

En la opinión de...

La Momia de Lenin
H.

lunes, 15 de marzo de 2010

Vichentenario al chile (Pt. I): De ficciones y otros cuentos chinos

Los festejos del Bicentenario tienen aristas y aspectos que la mayoría del público dejaría de lado si no fuera porque muchos mexicanos, como buenos ciudadanos que son, poseen una televisión en casa. También habrá que agradecerle al creciente uso de internet para conocer los proyectos "culturales" del gobierno (claro, ello se reduce muchas veces a la consulta de horarios y locaciones, sin olvidar que internet sigue siendo un servicio poco democrático en cuanto a la capacidad de gran parte de la población para acceder a él), la propaganda en el metro, paraderos de autobus, boletos, anuncios espectaculares y demás cosas. Conviene que les diga que lo que yo aquí menciono como público está definido como la población, urbana generalmente, que tiene un interés genuino por la celebración cívico-chairo-neoliberal-cool que nuestro amado gobierno ha echado andar, ya sea para criticarla, adorarla y pasar el rato en lo que le toca jugar a la Selección en Sudáfrica.

Claro, no todo lo organiza el gobierno. Hay empresas privadas que han financiado proyectos de alguno que otro loco para presentar su visión particular de lo que significa celebrar "200 años de libertad". Ya en su momento nos ocuparemos de los anuncios donde nos dicen que lo mismo somos gente del SME que un plato de mole, gente comiendo en el panteón o niños que corren en la playa. Este tipo de imágenes explotan un imaginario que todavía, después de varias décadas, no termina de cuajar de manera satisfactoria, y agradecemos a Azatoth que así sea,

Es relativamente conocida la teoría que dice que la población mexicana se educa más fácilmente en los valores cívicos y la identidad nacional por medio de imágenes que por vía de la letra impresa, y digamos que esta teoría tiene gran parte de su sustento en la dinámica histórica del cine. Si tomamos en cuenta que en la segunda mitad de esta década que está muriendo han aparecido determinados proyectos cinematográficos que van por derroteros un tanto inusuales para la industria nacional (animación y un tanto blandengue acercamiento a la ciencia ficción), notamos que, en tiempos de saberes fragmentados -como dirían los posmodernos y demás banda rara- la ideología encuentra buenos fermentos para expresarse. No está por demás decir la llegada de la democracia, la libertad, la buena onda de la diversidad y otros mitos de finales del siglo XX han venido desmintiéndose paulatinamente y tanto los nostálgicos escandalizados de la vieja izquierda como los liberales de pacotilla del 2000 vienen discutiendo el tema desde hace veinte años sin cambiar de página. Lo cual no significo que ello sea malo, simplemente un poco aburrido.

Porque lo que rifa, después de todo, viene siendo la reconciliación, la celebración de lo diferente en planos completamente absurdos. Así nos llegan las películas mexicanas animadas que hacen un buen esfuerzo técnico pero algo pobre en el ámbito de las historias que cuentan. La "versión oficial" de la Historia Nacional (demonio de nuestros tiempos) se maquilla en una de esas producciones y nos presentan a los conocidos héroes de monografía, a lo mucho, como protagonistas de juego de rol. ¿No me creen? Ps véanlo:


Morelos y un personaje corpulento back-to-back rodeados de realistas, al mas puro estilo Army of Two; Josefa Ortiz de Domínguez en una escena con actitud digna de Smallville; un güero inindentificable con una chica de origen étnico incierto en una escena de amor como sacada de Disney; un tipo, suponemos insurgente, sediento de venganza por su pueblo en medio de una lluvia con relámpagos, donde su sola actitud podría contarnos esta historia cliché; y claro, el bonus track: el Niño Artillero rifándose como los grandes en una salida digna de trailer de película de James Cameron.

Digamos que cuando Disney dejó de contar historias de princesas y sacó cosas como Hércules y le apareció la competencia en producciones como El camino a El Dorado, bien podría haber apadrinado esto. La cuestión es que el público se hace muy exigente y mamón y un producto como este no parece tener los ingredientes de lo que los espectadores de Harrys Potters y Avatars apreciarían y por ende pagarían por ver y recomendarían a sus conocidos. Y aún más, lo comentarían en serio. Causa mucha gracia ver cuando el gobierno se pone la camisa de cool y traduce su anquilosado discurso legitimador en propaganda audiovisual de este tipo, e inquietud aquello de que, por ser de tinte conservador (whatever that means) reivindique la gesta de hace 200 años y no la de hace 100 en primer lugar. Sí, sí, el video dice "II", osea "segundo episodio, goeii, no critiques antes de saber si va a haber algo de la Revolución".

Bueno, mis queridos camarradas, lo que sucede es que, en opinión de este infame bloguero, el monopolio simbólico de la Revolucia está en manos de un ente mutante llamado PUEBLO, y los que hablan en su nombre hacen sus propias lecturas de la historia... que en muchas ocasiones vienen siendo refritos y variadas formas de entender la conocida versión que dice que, no importa si naciste en el 84 o en el 76 o en el 92, los españoles TE conquistaron, mataron a TU general Zapata, a TU general Villa, los gringos TE quitaron la mitad de TU territorio, etc, etc. Créanme, esta es la versión vulgar, pero cuando sacamos el común denominador de las "otras historias", las "historias de los de abajo" nos hallamos con cosas muy interesantes que hablan más de los que las escupen y pregonan que de lo tratan. De esas visiones vale la pena rescatar otras valiosas perspectivas, pero eso ya es masa de otro tamal.

En medio de las historias de un pueblo heroico reprimido, donde la sencillez, la individualidad qu expresa el sentir de toda una comunidad (sí, aunque suene contradictorio) e incluso la pobreza son celebradas como expresiones de resistencia, aparecen lecturas ficticias que si bien hacen eco de arquetipos como el del bandolero social*, no aspiran más que a contar una buena historia de aventuras. Así llego, después de darle muchas, muchas vueltas, a esto:



Yo diría: "Qué buen material steampunk tenemos aquí" o en su defecto "qué buen inicio de tendencia steampunk tenemos aquí". Debo confesar que todo lo que tiene que ver con la posibilidad de contar una historia steampunk (ucronía especialmente) ambientada en México me ha entusiasmado mucho últimamente y me veo muy gratamente sorprendido por Espíritus de Furia. Los creadores han declarado que, además de que los comités responsables no han dado su visto bueno para que esta película sea parte de los festejos del Bicentenario, se sospecha de una película que sí recibió tal honor. Chequen la polémica aquí. Así, una obra de aparente sencillez rompe con las tendencias generales sin pretender hacerlo, rompe con un discurso centenario con la intención de entregar una buena ficción al público mexicano. No la adulo más porque ni idea tengo de la consistencia narrativa del guión y estoy hablando más por una idea que me fascina que por lo que ellos están ofreciendo. Y en este caso, no me importarían los subtextos ideológicos involuntarios ni nada parecido.

Creo que no se lo merece, a diferencia de otros. De todas formas, mejor entérense de este filme aquí.

Chale, creo que de hecho pueden voltearme el argumento ¿verdad? ¡Qué meyo! Y entre héroes verdaderos y espíritus de furia (¡ah, qué poético o mamón suena eso!) el Bicentenario nos llega de golpe y porrazo en películas de animación. Las inútiles pero entretenidas polémicas de internet se antojan interesantes en los meses por venir.

*Por cierto, creo que me expresé de forma equivocada: el bandolero social es una figura de análisis histórico desarrollada por el historiador británico Eric Hobsbawm; desconozco las versiones posteriores de otros historiadores y sólo ubico textos que citan la idea de Hobsbawm sin extenderla. La cuestión es que no estoy proponiendo seriamente tratar el bandolero social como un arquetipo, sino más bien ligarlo con esos personajes tan gustados de la literatura, el cine, las series y los comics de aventuras que encarnan héroes solitarios de pasado tortuoso que terminan identificándose con luchas populares, osea "causas nobles". El tema daría para mucho, pero me da hueva ahorita. Ustedes vayan y gánense una galleta de avena desarrollándolo. Para sacar esas buenas ideas de entre cosas banales están Google y Wikipedia.

ONE LOVE, RASTAS


H.

domingo, 14 de marzo de 2010

Delirio lo hace de nuevo....


¿Cuál es la palabra para nombrar la inspiración que abandona a un escritor en el momento justo de robarse la mirada de alguien a quien desprecia profundamente?

Lo prometido es deuda, pues, además de que no cumplimos cabalmente la semana pasada, esta tampoco (estamos publicando en domingo ¡qué vergüenza!). Va la segunda duda, esta extraída nuevamente de Sandman:

¿Cómo se llama la palabra cuando las cosas no son siempre iguales?

Esta duda está resuelta. Lean Sandman y ya verán. Si no es que ya saben qué es.

H.

sábado, 13 de marzo de 2010

Inventando el futuro II

Algunas justificaciones primero: este texto es en realidad el primero que consideré seriamente para enviar al concurso de 2033 y la verdad es que, releyéndolo, creo que me quedó muy mamón. Tiene muchas lagunas y va más por el lado descriptivo que narrativo. Como es evidente, a este tampoco le hice correcciones, así que no esperen gran cosa. Bueno, de hecho a ninguno de los que voy a subir aquí le voy a hacer correcciones, pero para mí nunca está de más señalarlo reiteradamente. Este texto tiene un título, pero la verdad es que no me acabó de convencer y le puse, así, a secas, Ad Nauseam (ni águilas ni serpientes). Va:


Archivo Nacional sobre la Partición (ANP). Fondo Documentos particulares. Colección Cartas. Caja 7: referentes al Acta de Partición (2032-2034) Expediente 2415

Carta de Juan Cuitláhuac Mendoza dirigida a Citlali Irene Rivas del 19 de septiembre de 2033, reproducida en el número 34 (mayo de 2072) de la videorevista “Ollin”, con acuerdo al Artículo 4to, Fracción X de la Ley General de Documentos Históricos de la República de Anáhuac. [CONFIDENCIAL: Posible inspiración de manifiestos subversivos.]

Libertad, hermandad y mexicanidad.

19 de septiembre de 2033

Querida Citlali:

Contesto a tu angustiado mensaje de ayer. La cuestión de mi trabajo no es tan grave, no te preocupes.

Los disturbios de anoche han alertado a la mayoría de los cuerpos policíacos que han patrullado las calles del barrio con una meticulosidad que no había yo visto desde la crisis de la plaga del nopal, allá en el 2021. Se me hace que quitaron los nopales del escudo nacional para acabar ya de plano con el recuerdo de la planta. Claro que a la larga, todo el escudo desapareció porque nadie sabía ya bien a bien quiénes eran las águilas y quiénes las serpientes. O cuál era mejor.

Dicen que antes de la Unión Norteamericana se celebraba el 15 de septiembre; yo apenas lo recuerdo. Hoy me desperté con la noticia de que ya ni el 5 de mayo se celebraría en lo sucesivo. Camino al trabajo me llegaron los rumores de que el Distrito de Querétaro se quiere separar por la inseguridad que provoca la inmigración de gentes de acá del centro, que ya nos habían advertido que la mancha urbana los iba a alcanzar… ¡qué delicados, me cae!. Siendo que hay gente con verdaderos problemas. Junto a mí en el tren bala, por ejemplo, iba junto a un viejito que venía de Tuxpan, huyendo de los aztlanistas, esos que quieren hacer otro país allá en territorio de La Familia. ¿Te imaginas cruzar la frontera en Valle de Bravo o en Guanajuato, cuando hace unos meses teníamos libre tránsito hasta Alaska? El viejito me contaba que la tierra allá en Michoacán ya no vale nada, que los aztlanistas andan decretando mil cosas, y mandando a las mujeres a los “neoconventos” (así les dice un periodista ¿yo qué?). Que la cosa está más grave que aquí y las limpias no se acaban. Parece que el siguiente objetivo, si el Congreso Local de Querétaro queda en manos aztlanistas, son los otomíes. Mejor dile a tu abuela y primos que se pelen, porque las cosas no pintan nada bien. El Tren Bala llega hasta Iztapalapa, pero que no se dejen engañar, por allá también andan bandas haciendo limpias, mejor que se bajen por Azcapotzalco o en Vallejo. Ahí al menos pasan por refugiados de Chiapas.

Uno de mis primos, que se sentía tan ajeno a tanto desmadre, me salió hoy en el trabajo con que mañana se va para Costa Rica porque ya le dio miedo y que además allá los países se están uniendo en vez de separarse. Lo entiendo, le va bien y no quiere perder lo único valioso que le queda: a su familia no les racionan el agua, tienen los mejores páneles solares, sus coches, ya ahora sí, todos son eléctricos. Y mira que ellos todavía tienen ahorros en ameros. No sé cuánto les dure la suerte, porque ese dinero puede esfumarse en cualquier momento, y el camino al sur es peligroso por tierra. Lo que veo es que la verdad él ya no se preocupará por este trabajo.

Cuando pasé frente a una oficina improvisada del PMU [Partido Mexicanista Unificado] estuve pensando muy seriamente unirme porque dicen que aceptan a cualquiera y los más fanáticos son en realidad pocos. Ahí está el futuro, según. No andan tan errados, tanto diputado y jefe de barrio les da una fuerza que no veas y ganan un chingo con la venta de polvo. A los antiguos narcos, los meros meros capos, sin embargo, se los ganaron los aztlanistas y parece que con todo su dinero sí se van a construir su país ese; obvio, le van a llamar Aztlán. Pero ya sabes, nunca he podido decidir nada bueno en mi vida, menos unirme a un partido.

No sé si ya te ha llegado la última: ¡en el último capítulo de Frozen Citizens matan a Abraham! No inventes, está cabrón, todos en el barrio están atentos a ver si sacan otra temporada, pero tanto toque de queda nos corta la luz a la mera hora y ya no se ve la pantalla colectiva, porque déjame decirte que las televisiones particulares ya las prohibieron. A mí me late que son los del PMU, para que no veamos cosas yanquis. Pero pues la Unión ya se está derrumbando, no sé qué tanto le hacen; yo ya ni voy a volver a ver a mis compas del barrio, igual ellos también han de estar huyendo por lo de los disturbios entre mexicanistas y aztlanistas. Y además la policía gringa. Seguro que todos ellos si verán si hay nueva temporada, a diferencia de mí.

A lo mejor el panorama que te pinto no suena así como para que yo esté tan tranquilo esperando la nueva temporada de una serie gringa, siendo que mañana nos pueden dejar sin agua permanentemente o los limpiadores nos confundan con indios y nos maten. Mira, yo ya hace un buen rato me acostumbré a no preocuparme por esas cosas, por mi trabajo. Me pasaron varios libros cuando entré, de esos que llaman distopías, muy comunes el siglo pasado, en los que los escritores más paranoicos les daba por sacar sus fobias. Había uno donde la gente se quedaba estéril, otro donde se quemaban libros y otro donde la población crecía tanto que ya se hacía comida hecha con gente. Tanta lectura de esas me hace ver que, de todas formas uno puede esperar lo peor, aunque no sé qué manías tenían con lo artificial, si lo que nos está pasando, que ellos imaginaron tan trágico, es tan natural, ¿no? Mi trabajo tiene que ver con estudiar esos libros, con entenderlos y evitar sus presagios. De hecho, mi compañero más cercano me dijo hoy que ya nos tocaba hacer nuestra parte. Que todos están listos ya.

Bueno, debo terminar con algo que quería decirte. Primero, no te apures, fui catalogado como estéril hace años y estoy sano; no tendrás un hijo mío ni tienes ninguna enfermedad. Segundo, acabo de encontrar un documento que cambió mi vida. No es una Biblia, si es lo que estás pensando, ahora que ya tanta gente se ha vuelto protestante. No te puedo decir mucho, sólo que tiene que ver con mi trabajo; deberías leerlo tú misma. Si lo haces, seguramente sabrás que lo que estoy a punto de decirte no es tan descabellado. Ya preparé mis explosivos, mañana voy a volar un camión de limpiadores y mi compa un convoy de alimentos que va para Monterrey. Otros más se preparan para volar las oficinas del PMU y los puestos aztlanistas. Claro que eso no se compara con la enorme labor que alguien más se va a echar coordinando los atentados con gas en las cárceles superpobladas y las casas de los narcos. Es probable que no sobrevivamos. Todo mundo nos abandonó. No nos queda nada más que un último acto útil a la humanidad, con una buena sacudida y una escandalosa llamada de atención. Ya nada, ni águilas ni serpientes. Me repitieron hasta la náusea que yo era mexicano; ya ni sé qué es eso, por eso mañana voy a volar en mil pedazos y me llevaré a esos gandallas conmigo. Creo que ya nadie se considera mexicano, supongo que sin mí se habrán acabado, ¿no?

Perdona mi letra, es que bueno, hace ya varios años que nadie enseña a escribir a mano en las escuelas y yo fui de las generaciones que nos llaman “sin lápices”; debo agradecer que aún no hallan desaparecido el papel y las plumas de tinta, aunque la verdad, según me cuenta mi abuelo, nunca se han dejado de vender. Nomás que ahora son objetos quesque para nostálgicos. Chale, ya me duele la mano, esto es más cansado de lo que pensé. Lo único bueno es que sé que las cartas de papel ya ni les importan, menos se les va a ocurrir interceptarlas. Me reconforta saber que al menos estas palabras sólo serán tuyas y mías.

Tuyo siempre, Juan.


Disfrútenlo con leche.

H.

miércoles, 10 de marzo de 2010

En la opinión de...

La Momia de Lenin

H.

lunes, 8 de marzo de 2010

Post Jocoserio pt. IV

A riesgo de que el furioso Anónimo que desapareció de este blog hace ya casi un año regrese para ponerse el ridículo de nuevo, pretendiendo que hacerme quedar a mí en ridículo (cosa por demás absurda: yo ya me ocupo de eso desde que Éter Verde comenzó) e intentando eso criticando el hecho de que yo mencione donde laboro actualmente, como sucedió la vez que les conté sobre mi trabajo en el Archivo Histórico del DF, daré el contexto de la siguiente frase que fue hallada en la puerta de un baño, que al fin y al cabo es la finalidad de los posts jocoserios.

Resulta, jóvenes, que la UNAM requiere que yo haga servicio social. Osea que me puse a buscar dónde hacerlo y tras una serie de azarosos eventos, el Banco de México me aceptó en sus filas un rato. Pero lo que aquí importa es que por primera vez en la historia de la galaxia, los mortales (contribuyentes no cumplidos) como ustedes conocerán un aspecto hasta ahora no revelado de la vida en el interior del edificio que hace esquina en 5 de Mayo y el Eje Central en el siempre alegre y cochambroso centro histérico de la capital mexica (si no se ubican, busquen esas calles en Google Maps, esforzados compañeros de otras latitudes) y los posts jocoserios saldrán de los baños de la UNAM.

Dado que todos en algún momento de nuestra vida nos ha tocado cavilar sobre las posibilidades de la aplicación de la teoría del caos en la antropología urbana y nos preguntamos hasta dónde llegarían nuestras uñas si las dejamos crecer indefinidamente, sentados en un retrete, no habrá necesidad de describirles, queridos compañeros, el estado contemplativo en que yo me encontraba cuando descubrí que el personal de limpieza del Banco de México no puede hacer nada con los mensajes en las puertas de los gabinetes del baño cuando están no escritos, sino grabados.

Antes de transcribirles el interesante texto que me hallé ahí, conviene aclarar que cualquier intento por quitarlo de la puerta donde se encuentra parece no haber tenido éxito y que también se ha dejado ahí durante un largo período, por lo que su antiguedad es incierta. Por otra parte, el contenido y forma del discurso -por mencionar dos aspectos reconocibles por el público no especializado- dista de alguna manera de los que aquí hemos presentando en los anteriores posts jocoserios: en primer lugar, ambos contextos pueden ser un buen factor explicativo, mientras que la originalidad es algo que no me atrevo a evaluar, pues no em considero asiduo de los ambientes donde podría surgir una expresión así. Bueno, posiblemente sí sea asiduo a esos ambientes, pero ni tinta me he dado de algún enunciado parecido.


Transcribo:


"Aquí no es cantina, pero salen pedos"



El público lector puede avisar a este bloguero, que ahora mismo se confiesa ignorante de esa frase hasta este momento de su vida, si dicho texto es una expresión de uso común.


Y como es probable que muchos de ustedes crean que algo está mal conmigo, clávense más en mi supuesta decandencia admirando a mi nada útil afición a contemplar las imágenes de estos vulgarmente llamados "amores platónicos":
Mia Matsumiya, de Kayo Dot
Ximena Sariñana, conocida (y odiada y/o despreciada) por todos (o algunos de) ustedes

Y ya. Si alguien propone votación entre ellas, mejor fíjese bien, porque de entrada aquí no hacemos eso (políticas de la compañía) y además YA TENEMOS UNA ENCUESTA en curso.


Ah! por cierto, Delirio no quiso mandar su duda el sábado pasado. Les repondremos el próximo, ya verán.


Cambio y fuera

H.



miércoles, 3 de marzo de 2010

En la opinión de...

La Momia de Lenin
A lo que el camarrada se refiere es a esto: "En 1809, los 66 pasajeros y la tripulación del barco The Boyd fueron muertos y comidos por maoríes en la península de Whangaroa, en la isla Norte. Esto fue un utu (venganza) por el azotamiento con látigo de un Maorí que rehusó trabajar en el barco durante el viaje desde Australia. El hecho permance como la mayor matanza en la historia de Nueva Zelanda". Amplíen sus conocimientos de este lindo episodio aquí.

Aclaración: no es que creamos que la selección de Nueva Zelanda tiene entre sus filas maoríes que aún reproducen rituales caníbales. Ni mucho menos, que tan valioso pueblo (no es sarcasmo) pueda ser reducido en el imaginario a la práctica de la antropofagia. En serio espero poder poder visitar algún día las islas neozelandesas y admirar "de cerca" la cultura maorí. Y por supuesto, visitar el pueblo con el nombre más largo del mundo. Pero volviendo al tema, sí, en Éter Verde esperamos sinceramente que esos once idiotas pierdan el partido contra la nación de las dos islas, como mínimo.

Y para mostrar nuestra solidaridad con el camarrada, izaremos la bandera maorí:


(No es que seamos insensibles a lo que acaba de suceder en Chile, al contrario. Pero voces más sensatas han dicho y dirán lo pertinente -o impertinente- al respecto. Desde el Valle del Anáhuac, un abrazo solidario a la Araucania)

H
.

domingo, 28 de febrero de 2010

Inventando el futuro: 2033 y el concurso que no gané

Esta entrada estará más extendida en su argumento explicativo principal (es decir, mis apreciaciones sobre la película 2033, mis impresiones sobre la premiación del concurso de narrativa organizado por las mismas personas que hicieron la película, análisis distópico y demás), en el blog de 2010, a su debido momento. Lo que yo aquí les voy a compartir es la primera idea que me brotó cuando leí la convocatoria de dicho concurso, la cual fue traducida en un texto que oscila entre un borrador, un ensayo, un relato y un cuento. En realidad no hice más que preparar el terreno para los cuentos que escribiría después para enviarlos y que al final no serían elegidos, como éste que les presento ahora. También siento cómo mis dedos no resisten la tentación de revelar que el argumento aquí expuesto forma parte de algo má.... Ehh, ya he escrito demasiado.


Por cierto, las reglas del concurso eran relatar un día en el año 2033 en tres cuartillas o menos.



Bueno, ps avisados están: esto no es lo mejor que escribí para el concurso, de hecho creo que ni siquiera se acomoda bien a las reglas del concurso, pero lo cuelgo aquí sin la manita de gato adecuada porque no podía quedar oculto sin que los lectores de este selecto espacio lo conocieran y porque en lo que a literatura se refiere, estaba yo dejando desnutrido al blog. Ya encaminado, la próxima semana les subiré el segundo cuento que escribí para el concurso, igual, sin hacerle correcciones para los conozcan tal y como iban a ser enviados y así me iré hasta mostrarles todos
.


Esta obra está protegida, sabandijas; si alguien intenta lucrar con ella sin mencionar la autoría de HÉCTOR ARCIGA DÍAZ, amanecerá en una sala de interrogatorio norcoreana o birmana el día de mañana.



Dicho lo pertinente al respecto, va:


2033

La Unión fue una verdadera tomada de pelo. Gringos, canadienses y mexicanos al mismo nivel. ¡Mis güevos, qué! Si aquí ni nos entendemos entre michoacanos y tapat… ah no, es que ahora esos son quesque “pueblos hermanos”. Esos pinches aztlanistas.

-¡El que sigue!

Acudió al llamado del burócrata un hombre de edad avanzada, que aún vestía a la vieja usanza campesina: camisa blanca, huarache (aunque ya era de plástico), sombrero de palma sintética. Juan Cuitláhuac lo miró de reojo, entre despreciándolo y compadeciéndolo. Al otro lado de la ventanilla todos parecían estar jodidos. Uno que si porque le desaparecieron a su familia. Ni modo, eran tiempos violentos, en qué habrán estado metidos. Otro, que sus ahorros se esfumaban. Por pendejos, ven que la Unión se cae y siguen ahorrando en ameros. El peso de Anáhuac es el que vale, ¡méndigos! Otro que si le clonaron su cosecha y le salió defectuosa. Ahí sí ¿qué le hacemos? Hay que experimentar, don. No sea guaje y váyase a trabajar de otra cosa porque esa tierra ya le pertenece al verdadero gobierno. Que el último envío de nopales de Sudáfrica llegó con plaga otra vez. ¡Uy, no! Hubiera visto en el 2022, toditita nuestra producción de nopal muriéndose. Fíjese nomás, no nos hemos recuperado. Mi coche ya no funciona, quiero un reembolso del gobierno. Ni madres, eso les pasa por comprar cosas chinas por medio de los gringos. A ver váyase, cruce la nueva frontera, a ver si en Nayarit le dan otro. Aquí en Anáhuac ya no.

-¿Y usted qué?

El viejo se quedó mudo.

-¿Todavía se habla de “usted” por acá? –preguntó pasmado- según me dijeron que acá en México ya todo mundo se tuteaba, pues.

-Sí, eso dicen en Palacio Nacional, pero no se nos quita, ya ve. ¿Qué quiere?

-Mi tierra, señor. Que ya no vale, me dicen. ¡Imagínese, la tierra ya no vale!

-¿Pus de dónde es?

-Tuxpan, allá en Michoacán.

-Eso ya no es Anáhuac, don, no le puedo ayudar.

-Pero…

-¿A ver, es azteca o mexicano?

-Mexicano, faltaba más.

-No, no, ahora los aztecas vienen de Aztlán, eso dicen, se están llevando a los tapatíos y michoacanos y toda esa gentuza del Bajío para su pinche país inventado. ¿Qué no vio todo el destrozo cuando venía para acá? Ya se cayó la Unión, valió pa’ pura madre, aquí nomás resolvemos cosas de mexicanos, no de aztecas. Usted es de allá. ¿Quién le manda nacer en Tuxpan?

El viejo soltó una lágrima.

-Ni se aflija, los gringos la están pasando igual o peor. Figúrese que una bomba estalló allá en Chicago, donde tengo familia. Voló media ciudad. Y andan en las mismas. Pero ps ya valió. Su tierra ya no vale seguramente porque nos vendía su cosecha. Se la van a confiscar, mire –Juan cambió su tono cínico por uno paternal- quédese acá, pásele a la ventanilla cuatro y arregle que lo hagan ciudadano de Anáhuac. Ahorita a cualquiera lo aceptan. Diga que va de parte de Juan Cuitláhuac y a lo mejor hasta lo hacen miembro del partido, le dan una casita y le arreglan que se traiga a su familia para acá.

-Pero yo me quiero quedar en Tuxpan, ¿qué no arreglaba estas cosas en la capital?

-¡Uy, no! Usted se quedó en el siglo XX. No lo culpo, ese siglo nos pesa mucho, pero aquí, mire, las cosas van a mejorar. El año que viene firman el acta de partición y ya estuvo, nuevo país, nueva vida.

Una ventana de la improvisada Oficina se rompió entonces. El estruendo asustó a la mayoría de aquellos que visitaban esa naciente autoridad para saber que sería de sus vidas y sus pertenencias, ahora que las cosas andaban tan revueltas. Esos pinches aztlanistas. Un grupo de muchachos vestidos de blanco entró corriendo, agitando sus nuevos rifles automáticos traídos de Indonesia y sus pistolas de gas comprimido.

-¡Por Aztlán! –gritó el que encabezaba el grupo- ¡Registren a esta gente, los que sean de Jalisco, Michoacán, Colima, Sinaloa o Nayarit, se los traen!

Comenzó entonces el zafarrancho. Los muchachos aztlanistas comenzaron a jalar a la gente, arrebatándoles sus documentos y revisándolos rápidamente. ¡Ora sí, jijos de la verga! Juan Cuitláhuac se había agachado detrás de su ventanilla; los intrusos no lo habían visto. Sacó de su chaqueta su dispositivo móvil y presionando un botón, envió la señal de alerta al cuartel más cercano. Se acomodó para sacar su revólver. Se lo ganaron, méndigos. Primero los gringos y ahora ustedes. No se la van a acabar.

Cuando la mayoría de los infortunados nuevos ciudadanos aztecas quedó lista para partir a su nueva patria, los funcionarios de la Oficina de Reclamaciones y Servicio Social Revolucionario de la Nueva Anáhuac, asumieron su militancia en el glorioso Partido Mexicanista Unificado y tomaron las armas con las que se les había nombrado “la biocracia del futuro”.

-Por Anáhuac daré mi sangre, por mi bella tierra y el trabajo de mis hermanos. –susurraron todos los burócratas ahora convertidos en soldados que, como Juan Cuitláhuac, se habían refugiado detrás de sus ventanillas.

Los jóvenes aztlanistas se percataron del ardid y, siguiendo al que parecía ser el líder, todos hicieron la señal de la cruz con la mano: “En nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo. Sinarquía, tradición, mexicanidad ¡Viva Aztlán!”.

Se soltó la balacera.

El viejo de Tuxpan se soltó de las amarras que lo convertían en azteca con una pequeña navaja que cargaba siempre. Lo siguió un grupo de desesperados. En cuanto se vieron entre ellos, lejos de ahí, se percataron de los distintos que eran y se separaron. ¿Y ahora para dónde? ¿Al Norte? Nadie quería irse a Monterrey, que tal que los fueran a correr. “Suficiente tenemos con esta puta contaminación” se decía por allá, “por eso, mejor, aquí nos manejamos solos, pinches chilangos, que se jodan” Todo había sido así desde el 2014 ¿Quién diría que la Unión Norteamericana los llevaría a esto? Especies extintas, agua potable racionada, grupos radicales; más gente vieja, menos jóvenes. Nacían menos mujeres, pero más hombres para conservar los nombres y asegurar herencias, ahora que era posible decidirlo. Pero también cada vez más gente regresaba a Dios. Y a Marx. Y las banderas se multiplicaban como hongos, los credos se fragmentaban. Ya casi nadie veía televisión, para eso estaba la Gran Red Audiovisual Portátil, que conectaba a todos los que podían pagarla o colgarse de ella. O ver las grandes pantallas de las carreteras donde los más pobres apreciaban cómo la Selección Mexicana se separaba entre aztecas y mexicanos y los grandes cineastas eran premiados por mostrarle al mundo cómo las infames limpias (mexicanas, aztlanistas o privadas) acababan con los indígenas de regiones que se convertían en países. Genocidios enanos, mayor seguridad social, música popular que ya nada más hablaba de lo bien que les iba antes. Pero todos tenían voz y derecho a decidir. El viejo de Tuxpan y Juan Cuitláhuac lo supieron aquel 19 de septiembre de 2033. Un año después, se firmaba el Acta de Partición.

Todos tenían opciones: morir siendo azteca, mexicano, norteño. O siendo alguien, algo.


H.

sábado, 27 de febrero de 2010

La chica Delirio pregunta...


¿Cuál es la palabra que nos hace pensar inmediatamente en el silencio que sigue a la noticia del nacimiento del hij@ de tu peor enemigo?

Ahora que Delirio ya hizo lo suyo, yo les invito cordialmente a VOTAR EN LA ENCUESTA.

H.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Lecturas para viejos puercos: reportando desde el Cine Nacional


Hoy tuve la oportunidad de leer un texto en presencia de un selecto público de sátiros gays en el Cinemas Nacional, espacio que el buen Carlos Camaleón nos consiguió para seguir con la promoción de Bukowski: un homenaje a 15 años de su muerte. La función fue programada a las 16 horas (como lo dice este flyer que muestro aquí, que por cierto me llegó como dos horas antes del evento y ya ni pude colgarlo aquí para invitarlos, estimados lectores), pero por un pedo con la ausencia de cierta documentación oficial por el cual la aclamada Paulina mejor conocida en la blogósfera como Gatita Cósmica, le fue impedida su participación en dicho evento, se pospuso unos cincuenta minutos. De hecho, únicamente los afamados Cazador de Tatuajes, Carlos Camaleón, Juan Beat y un servilleta hicieron los deleites de los sentidos del respetable con una excelsa selección de textos escritos para la ocasión y/o extraídos del libro promocionado y una muestra del buen gusto de Beat y Camaleón del arte cinematográfico del porno.


Posiblemente repitamos la experiencia en un mes, aunque mi presencia no está confirmada, así que mejor los dejo con el texto que leí hoy en tan fino foro que también es un excluido de la edición original del libro sobre Buko por razones de espacio; si quieren saber qué fue lo que finalmente quedó en el libro, ps cómprenlo en eventos que por aquí mismo les iré anunciando. Que lo disfruten, y si no lo disfrutan, ese ya no es mi problema.



Un día que me apendejé


Dedicado a una persona que me hizo ver involuntariamente la vida de otra forma


Un día que me apendejé, decidí volverme abstemio. Mi madre se hinchó de orgullo como un pavoreal y le pidió al padre que me dedicaran una misa, para agradecerle al de arriba mi cambio a la vida decente. Una misa… cómo si fueran canciones que pedirle al grupo versátil. Bueno ¿qué estoy diciendo, si así es? Mis mejores amigos me dejaron de hablar un buen rato, pero uno que otro que me ayudaba a terminar las caguamas a medias que dejaban los más verdes (los que se empedaban a los tres tragos), de repente me saludaba en la calle y me decía que qué bueno que no andaba ya en malos pasos. No alcanzaban a entender que algo en mí ya no tenía sentido sin una botella en las manos, mis pantalones empapados en mis propios miados y un tufo a cebada en mi cabello sin-lavar-en-una-semana.


Casi lo mismo me pasó con la yerba, pero fue un poco más fácil. Dije, “jefa, éste es el último disgusto que voy a darte”. Me fumé mi último toque aquella tarde de jueves, después del trabajo. Maravilloso. Y después, como por arte de magia, ya no quise más. Fue la primera purga de mi círculo de amistades, esa bola de viciosos convenencieros, hijos de la chingada, que sólo me hablaron porque yo sabía dónde se guardaban las limosnas; con eso de que mi jefa andaba metida en la iglesia, quitarles lana no era ningún problema. A mí me consta que mucho de las limosnas acababa en la cava de la Sacristana (esa pinche vieja malcogida que siempre ponchaba mis balones cuando era niño; y sí, había sido, en efecto, sacristana) y su círculo más cercano, así que no importaba si en lugar de financiar la borrachera de esa bola de viejas idiotas financiaba la nuestra. Pero como dije, esos que también le hacían a la caquita de chango también se me fueron con mi “esta es la última, jefa…”. Creo que a final de cuentas, a mis 17 años, tenía más amigos que cualquier pendejín de una secundaria pública con algo de carisma, ya saben, de esos que se lleva bien con todos a su alrededor y demás estupideces, y todo gracias al chupe y la yerba.


Pero que me apendejo. Ya dejé la yerba, según yo, y después, que dejo la cerveza, el Tonayita y el vodka. Las sesiones de El Haragán y Banda Bostik con Lacrimosa y Crematory en compañía de las chavas de la otra cuadra y el valedor que nos llevó la otra vez por los honguitos al cerro se me esfumaron con esa decisión. Buenas tardes después del trabajo desvaneciéndose: mi jefa en la iglesia, haciendo quién sabe qué y toda la banda en mi cuarto, poniéndonos hasta la madre. Mi tío, con sus animales allá atrás, en el terreno que tenemos ahí, pensando en cuánto podríamos vender unos periquitos australianos.


Creo que por ahí debí comenzar. ¡Oh, ya qué chingados! Uno de mis tíos siempre me dijo que era yo muy pendejo y que lo que hacía no le llegaba ni a los talones a lo que él hacía en sus buenos tiempos. Ni que fueran carreritas, puto vejete anclado en los setentas. Y otro más me preguntó que si no pensaba estudiar nada. Su hijo, mi primo Rubén, un güey bien pocamadre, pero bastante maricón a la hora de los verdaderos madrazos, me visitó muy seguido antes de que yo decidiera dejar el alcohol. Me hablaba de México (Chilangolandia le decía él), de cómo debía yo leer mis sueños, que debía chutarme completitos a Kafka y Daniel Clowes y que la mermelada de ciruela era mejor que la de durazno. La verdad no entiendo cómo es que un güey como él sobrevive en una ciudad como México. Aquí en Querétarock no duraría ni un día ¿o será que aquella es una ciudad muy grande? ¿Y quién chingados me pegó eso de decirle a esta ciudad “Querétarock? ¡Qué mamada! ¿no?


Ah, sí, ella. Ella me lo pegó. Admito que me gusta, que quisiera cogérmela todo el día, escuchándola gemir y hacerle tragarse mi semen, imaginármela llenándome de saliva el escroto. Entre mis amigos siempre decimos aquello de “a la prima se le arrima”, pero la verdad es que yo no ponía el ejemplo con ella. Es mi prima y sentía que me venía cada que me abrazaba. Mi tío habría dicho que soy un pinche moco y además puto porque no puedo desear a una mujer fuera de mi familia. Pero es que ni las más güilas de la colonia me prenden como ella. Ni sus lenguas recogiendo cerveza de mi entrepierna ni sus olorosos coños frente a mí. Ella, mi prima, Isis, la prohibida por quién sabe qué extraña imposición que cargo por una decisión propia que no he acabado de entender. Ella. Sólo por ella me la he jalado, lo juro. Ni las malditas cervezas me tienen tan perdido. Y las dejé. Isis, puta madre, no puedo tenerte y ahora soy abstemio.


Un momento… pero si todo esto es por Isis. Y todavía escucho a los periquitos australianos que nos vieron ese día.


Rubén sabía que yo era algo güey con las viejas. Bueno para chupar (coños y botellas), pero mi escaso carisma con las chavas que no fueran mis amigas hacía un contrapeso cabrón. Si me dejaban manosearlas, era por calentura del momento y ser yo el único disponible a su alcance. O qué sé yo. Diría que dejaba mi vida toda desbalanceada. Me repetía que dejara las pedas y que mejor disfrutara de los placeres de la cogida. “No entiendo a los güeyes que les gusta tomar. El sexo, en cambio, es tan delicioso”, me decía, así como sermoneándome. Pendejo. Una botella no está prohibida, como una prima. Está ahí, siempre disponible. Uno le succiona el placer de embriagarse y gota a gota la puedo hacer mía. Pero a Isis no podía disfrutarla como disfruto una cheve. Rubén, ahí sí, me la ganaba. Digo, él no le traía ganas a Isis como yo, pero me contó que se la fajó varias veces. No le creo, porque se ve que como que la respeta un poco, pero a mis otras primas… Era como si me dejaran el camino libre a mí. Mi primo, pendejo para los putazos y la peda, pero chingón con las viejas; e Isis, siempre inocente y disponible, fuera de su alcance, por decisión propia. La única diferencia entre él y yo era que a él no le importaba, pues podía coger con cualquier otra. En mi mundo, en cambio, sólo valían Isis y muchas botellas, pero nunca al mismo tiempo ni en el mismo lugar.


Mi tío seguro diría que me hago mucho desmadre por algo que tenía una solución mágica: empedar a Isis y cogérmela.


O que me hacía mucho desmadre.


Tenía más de una razón para no hacerlo. Mi tía me tenía en alta estima. Quiero decir, ha cambiado de marido dos veces e Isis nunca ha conocido a un güey que pudiera llamarse su padre. Creo que el segundo se fue por problemas con ella precisamente. Alguna mano que no debía meter… Vaya que mi tía sufrió esos días. Y sólo yo podía pasar tiempo con Isis, porque mi tía no confiaba en los vecinos ni en los compañeros de la escuela de su hija, y yo ahí, como güey, haciéndola de hermano con la prima a la que más ansiaba yo meterle mano. Pero verla llorar porque no había quien la escuchara me partía el corazón y no podía desearla mientras la consolaba. ¡Puta madre, Isis!


Ir juntos al cine o a la feria, andar solos, en las noches que sólo Querétaro ofrece, buscando quien pudiera darnos alcohol… un momento, Isis, no era entonces tan virginal ni tan inocente ¿o sí? ¿Cuándo pierde uno la inocencia, cuando el alcohol te posee por primera vez, cuando dices tu primera mentira o cuando necesitas jalártela viendo el culo de tu prima? ¿Me pregunto esto por mí o por ella? Es más, ¿es que acaso es humanamente posible perder la inocencia?


Mi tío hubiera dicho que no mamara y que no me lo pensara mucho. Y que me dejara de preguntar pendejadas.


Rubén hubiera dicho que dejara las cervezas de lado y me consiguiera unos condones que brillaran en la oscuridad o saborizados.


Mis amigos me hubieran dicho que la invitara a nuestras pedas.


Pero voy hacia atrás, se supone que ahora soy abstemio y me dedican misas.


A estas alturas de mi relato incoherente, seguro que muchos de ustedes ya se habrán cansado de mis preocupaciones infantiles. Pero no me van a negar que ustedes aluna vez también tuvieron 17 años y se preguntaron si era más importante una cerveza o el culo de su prima. Segurito que también se malviajaron porque un día tuvieron que dejar la yerba y decir “esta es la última, jefa, lo juro…” o porque se dieron cuenta de que no importa lo que digan, el vicio forja algunas de las mejores amistades. O que al menos de eso se da cuenta uno cuando está tirado en el piso queriendo traducir una canción que no tiene letra. Ese día me di cuenta de que la tenía parada y todos mis compas me habían abandonado, secuestrando las botellas. Pensé en Isis. Era la hora en que mi tía andaba quién sabe dónde y mi madre estaba en la iglesia haciendo quién sabe qué. No tenía cerveza, no había de comer más que una pieza de pollo cocido en la casa, mi tío había salido, seguramente buscando clientes para sus periquitos australianos. Pero sabía que Isis, en ese día en especial se encontraba algo triste. También recordé que había una botella de quién sabe qué en la cocina. Era alcohol y con eso bastaba. Isis no conocía mi casa ni a los periquitos australianos. Estaba sola y yo tenía la verga parada, sin cerveza. Ella siempre me dijo que le gustaría saber lo que era ponerse hasta la madre (tomaba, sí, pero no como yo) y que el día que yo le dijera, con gusto lo haría conmigo porque, bueno, somos primos y no había problema. Nadie se aprovecharía de ella, no conmigo. No alguien que se masturba pensando en su prima.


No sé por qué, pero ese día se me ocurrió enseñarle, mientras chupáramos, mi nuevo logro de lectura; haber terminado El nombre de la rosa. Ella se impresionaría y con unos alcoholes encima, pronto la tendría enculada.


Pero no, ni le presumí que Umberto Eco había sido la última víctima de mi voracidad lectora (más falsa que un Cristo chino) ni encontré la botella a tiempo cuando llegó. Pasamos un buen rato tratando saber qué hacer con los veinticuatro pesos de que disponíamos. Otro rato viendo los animales que mi tío criaba ahí detrás: cuyos, palomas, patos, pollos, guajolotes, conejos. También muchos pajaritos, entre ellos, esos famosos periquitos australianos. Nos sentamos en el gran árbol que estaba en el terreno donde corrían libres los patos y los pollos, platicamos de lo mierda que era la Iglesia y la vida. Que Iron Maiden era mejor que Manson (créanme, para gente cono nosotros, llegar esa conclusión nos llevó años de alcohol en la garganta y discos piratas rayados; o sea, era un descubrimiento valioso) y que mi tía nunca sabía dónde detenerse con los hombres. De repente, ella me dijo que tenía que ir al baño. Yo recordé que el baño estaba tapado y no se me hacía bueno que mi prima fuera a sentarse en una taza que todavía contenía el desecho de nuestras últimas comidas.


Me dijo que no había problema, que ella podía hacer ahí mismo, sólo que yo alejara a los animales y no la viera. Claro, muy fácil.


A las aves de corral no les importó ver a mi prima mear ahí. Yo era asunto aparte.


“No veas”, me repetía.


Cuando terminó volteé para satisfacer mi curiosidad, pero ella descubrió mi mirada indebida y me rechazó con los ojos. Pero su voz pronto me devolvió a su mundo.


“¿Qué apuestas a que no te atreves a besarme?” Le dije que nada había en mi vida que valiera la pena apostar por un beso y ella contestó que hasta los vicios cuentan en una buena apuesta. Ya estábamos frente a frente, con los pollos y los patos como únicos testigos. “Tu pinche vida de borracho a cambio de un beso en la boca. Bien dado”, me propuso. Años de deseo me cedían sus labios a cambio de que yo dejara de tomar. No me pareció justo.


“Ni madres” dije “una cogida. Y bien dada. Que me la chupes, que me dejes lamerte ahí abajo y ensartártela donde quiera”. Isis me miró primero como si fuera un sucio vago pidiéndole que lo invitara a comer a su casa y después me fue reconociendo poco a poco. Ya conocía mis brazos y el calor de mi cuerpo. Sabía quién era yo: un chamaco caliente que había estado “consolándola” todo ese tiempo nada más para que, algún día, por alguna extraña razón, ella le permitiera tocarle las nalgas. A ella, a su prima. Su rostro palideció lentamente mientras me escuchaba decir eso, pero después pude ver como se sonrojaba.


“Chingue su madre”, dije y no esperé más para poseerla. Pero tropecé mientras me le acercaba, cayendo en sus brazos. Un par de miradas de que no sabíamos que estábamos haciendo y de repente yo ya estaba chupándole los pezones. Nos quitamos la ropa apresuradamente, como víctimas de un arrebato desesperado, salvaje y torpe. Bueno, en realidad eso éramos, víctimas de un arrebato desesperado, salvaje y torpe. Los pollos, guajolotes y patos se paseaban alrededor de nuestros cuerpos, que se entrelazaban en una ridícula danza que de erótica no tenía nada. Debí penetrarla como tres veces. La verdad no puedo estar seguro; estaba más preocupado porque, de un momento a otro, sin saber cómo o dónde, uno de los gallos comenzó a ponerse loco y se nos acercó cuando ella me chupaba el pene por segunda vez. A punto de venirme, el gallo interrumpió nuestro idilio pretendidamente erótico y nos hizo salir corriendo encuerados del corral, con nuestra ropa en las manos. Yo todavía escurriendo semen de mi pene y ella de su boca.


Nos encontramos a mi tío al correr a la entrada de la casa. En otras circunstancias me hubiera felicitado y me hubiera invitado a chupar. Pero esta vez, lo primero que hizo fue darme un par de golpes con una madera que encontró ahí y llevarse por la fuerza a Isis para obligarla a vestirse sin que yo la viera. Regañados y reprendidos hasta la saciedad por todas las personas que gobernaban nuestras vidas, nos dieron unos momentos para despedirnos, porque se supone que nunca volveríamos a vernos. Isis, en vez de despedirse de mí con un beso tierno o algo parecido, me dijo que no había sido una buena cogida y que yo había perdido la apuesta.


Y cómo ven, por hacerle caso a mi prima, ahora soy abstemio y me dedican misas. Tampoco fue tan difícil, porque después de aquel vergonzoso numerito, quién se iba a atrever a seguir con esas mamadas. Bueno, sí, otros güeyes sí, pero yo no. Fíjense que ahora me doy cuenta de que ese día que me apendejé, yo no decidí nada. Fue ella quien lo hizo por mí. Cambié al amor de mi corta vida, el alcohol, por una mala cogida interrumpida por un gallo agresivo. Creo que Isis quedó embarazada de mí, pero la obligaron a abortar porque mi abuelita decía que los hijos producto de incesto entre primos nacían idiotas. Chale. Ellos supieron qué hacer y yo no. A fin de cuentas ¿qué sabe un niño queretano de 17 años de la vida, verdad?


Ustedes que pueden, levanten sus alcoholes y brinden por mí: ¡Salud por los pendejos!



Cheers


H.

En la opinión de...

La Momia de Lenin
H.