martes, 15 de mayo de 2012

Sirileyaháni, pt. I (Fantasía Épica al estilo H)


Abrimos con algo impactante: en Éter Verde ya sabíamos que algo le pasaría a Carlos Fuentes. Desde el año 2009, y lo reiteramos en 2011. No, ya en serio, creo que esto es una bofetada de los dioses para que de veras me ponga a leer Cristóbal Nonato y no lo traiga ahí paseando en la mochila.

Ahora sí, a lo que veníamos hoy.

Por cierto, que este post es un regalo de cumpleaños para cierta personita muy especial para mí, a quien va dedicado. Algunos detalles más adelante.

¿Cuántas veces he mencionado El Ciclo de Iskrania en este blog? Creo que ésta fue la única vez: prometí (¡hace más de cuatro años!) postear adelantos de mi labor literaria concerniente a este megaproyecto de fantasía épica que, se me hace, terminaré  dejando en mi testamento, incompleto o inédito, o las dos cosas.

Bueno, pero ya me estoy desviando hacia la melancolía gratuita.

No recuerdo exactamente cuándo inicié a desarrollar la idea que sustenta El Ciclo de Iskrania. Pero para cuando lo di a conocer en el antiguo Éter Verde por primera vez, ya tenía un cuaderno lleno de bocetos garabateados de novelas, genealogías de dioses y hasta el diseño de un mapa (trazado de primera intención, como diría mi hermano). En aquel primer acercamiento que le proporcioné a algunos lectores al tema, de manera no muy seria, lo único que hice fue soltar algunos nombres inventados acompañados de una promesa, y al menos tuve la entusiasta respuesta de uno de mis entonces esforzados compañeros de carrrera.

Tal interés estimuló mi creatividad y decidí pasar al disco duro mucho de lo que ya estaba en papel. Así, generé algunos textos que posteriormente subí al blog y que se sucedieron de la siguiente manera:

-Introducción. Al estilo de algunos textos lovecraftianos (yo no había leído un sólo relato del maestro de Providence en aquel entonces), hacía yo un ensayo introductorio firmado por un personaje que identifiqué como "Licenciado K", un recién egresado de la carrera de  Historia de la UNAM (¿pura casualidad? je je...) que se encontraba inesperadamente en posesión de un conocimiento extraordinario, acerca de una civilización llegada de otra dimensión, habitante de una isla del Océano Pacífico que no aparecía en los mapas, portadora de toda una visión e historia cosmogónicas; multitud de detalles de la mitología derivada de aquello habían quedado registrados por un navegante y cronista español del siglo XVI, cuyos manuscritos habían permanecido ocultos durante siglos en Maxcatitlán, Nayarit. El firmante afirma que, para hacer más asequible la lectura de tan maravilloso material, lo había copiado en forma novelada. Es un texto en actual proceso de reescritura, pero contiene la idea central con la que quise abrir todo lo relativo al Ciclo de Iskrania: al igual que el Necronomicón, los manuscritos de Mexcatitlán son un vínculo entre distintos universos, en especial entre el de la fantasía épica, la ficción, y el "nuestro".

-El Viajero. Entrando en materia, la leyenda del Viajero relata el encuentro de  una fuente antigua y un inesperado escucha, que baja un escaloncito en la metaficción: el Licenciado K nos está relatando la leyenda de cómo un antiguo ser le habla a otro acerca de su tierra de origen, Iskrania, relato éste que es el corpus principal de todo el proyecto; es el que contempla los libros sagrados, las historias noveladas, los cuentos, todo lo que genere. Este texto aún no piendo reescribirlo, pues son sólo detalles pequeños los que arreglaría. Pero quién sabe... Aquí lo tienen, para quien guste.

-La Cronología. Curiosa táctica la mía, que presento en forma muy sintética prácticamente todos los argumentos de las novelas proyectadas para el Ciclo de Iskrania, en una cronología por "Eras" de TODO lo que ocurre en este universo. La primera parte es una disertación "erudita", escrita con un estilo que ahora me da ternura, sobre la forma en que se mide el tiempo en Iskrania y el resto, la cronología propiamente dicha, dividida en dos posts. Dado que hablamos de algo inédito, esta versión de la cronología no tiene muchos de los detalles que he agregado desde entonces. Las modificaciones son notables. Algún día se las mostraré.

¿Todo esto para introducir qué? El texto que es motivo de este post, el que lleva por título Sirileyaháni, y que no forma parte de ninguna de las novelas proyectadas. Nació así nomás, no estaba en el plan y de repente ya tenía varias cuartillas.

Lo que ya existía era el título y es que, han de saber ustedes que esta melodiosa palabra es creación de la persona a quien esta historia va dedicada. Pronunciarla y escribirla siempre me ha dejado la sensación de un cosquilleo agradable y desde que comencé a idear el Ciclo de Iskrania supe que debía incluir esta palabra en algo importante dentro del mismo. Durante años intenté ponerla en alguno de los arcos argumentales de toda la historia, pero apenas hace unos meses me di cuenta de que merecía una historia propia.

Irá por partes, porque, aunque me hubiera encantado ponerla toda junta, no consideré adecuado forzar mi escritura de un día para otro. Pero sí la forzaré en todo lo que queda del mes, por lo que ahora mismo hago la promesa solemne de que Sirileyaháni será completada en el mes de mayo.

Dos anotaciones antes de que pasemos directamente al relato:

-Incluyo un somero mapita phoshopeado, pedazo del mapa original, pero que representa el escenario de la acción de la historia que nos ocupa. La notación es sencilla: las mayúsculas son los países o reinos, y las cursivas son ciudades. También debe señalarse que  el mapa marca un salto de una forma de narración a otra, así que abusados, no me vayan a reclamar después. El que no le entienda a eso, pues ni cómo ayudarle.

-Especialmente en la leyenda que abre la historia, hay referencias a hechos que usted, querido lector, seguramente no conoce y que forman parte de una línea argumental más amplia que la del texto que se presenta. Para ello, las Cronologías que se linkean más arriba pueden ser de ayuda; aunque, si es usted un lector paciente y avezado, notará que la historia explica todo lo que tiene que explicar y aquellas nociones que permanecen oscuras bien pueden ser dejadas para una posterior consulta. Confío plenamente en el criterio de quien esto lea.

Hechos estos señalamientos, entremos en materia.

Va dedicado a tí, espero te guste. Felicidades, por cierto.


Sirileyaháni

Cuentan los Libros del Relato Maestro que, durante las Guerras del Ojo de Plata, las cuales pusieron fin a la gran rebelión de los genios, nació en la costa oriental Bari, la Gran Doncella. Muy joven entró al servicio del ejército de su nación como curandera; nación cuya derrota ha prohibido su nombre y el de todos aquellos que habían participado en la desastrosa batalla que sellaría su destino, sobre la cual tampoco se permite mención alguna en los Libros. Pues es sabido que en aquellos tiempos era voluntad divina que la muerte ajena sellara los labios del doliente, la viuda y el huérfano, y el nombre del difunto quedaba condenado al olvido. Pero el pecado de aquella nación había sido aún peor, pues en su soberbia, se proclamó a sí misma como el Nuevo Jardín, y fue por ello que los dioses la castigaron doblemente, humillándola en la derrota y la conquista por sus enemigos; sus protectores les abandonaron y los nombres de sus habitantes, aún vivos, quedaron proscritos por la ley divina, la de los hombres y de todas las razas. Gran desgracia cayó entonces sobre aquella gente que, privada de su nombre y del derecho de dar y recibir digna sepultura, se convirtió en pueblo esclavo, vagabundo y maldito.
Conmovida por el gran sufrimiento de su pueblo, Bari decidió que la voluntad divina no era justa y para ello invocó a Garback, el Ecuánime, el de la Retribución y la Sentencia, y ante el silencio del dios, resolvió escapar a una vida nueva, emprendiendo el viaje hacia el oeste, alentando a sus hermanos a seguirla, asegurándoles que todo individuo de cualquier raza poseía el derecho a no ser olvidado a causa de sus errores o su muerte. Muchos la ignoraron por temor a la ira divina, y tuvo que partir sola. Fue humillada, ultrajada, maltratada e incluso esclavizada, pero no cejó en su empeño de alcanzar el espíritu de los hombres y la justicia de parte de Garback. Al ir conociendo a otros pueblos y razas en su camino al oeste, comprendió que su causa encontraba eco en todos aquellos que albergaran un mínimo sentimiento de justicia y dignidad. Avanzó predicando, encontrando obstáculos y sufriendo persecución, desprecio e intolerancia; pero cada cierto tiempo, alguien la seguía: una familia, una pequeña aldea, una ciudad.
Así, los desposeídos de muchos reinos y naciones de hombres y otras razas, cuya pobreza y desgracia les dejaba únicamente su nombre y su historia, decidieron responder a la prédica de Bari y la siguieron en su camino al oeste, acosados por naciones y dioses hostiles, grandes bestias y monstruos, climas terribles, hambrunas y sequías. No obstante las calamidades que tenían que sufrir los viajeros, su perseverancia en su lucha contra el olvido los mantuvo fuertes. Los caídos en el camino recibían los debidos honores, y se les componían canciones, sus nombres se recordaban todas las noches. Y Bari, mujer tocada por voluntades más altas que los dioses, mantenía sus fuerzas y juventud a tal grado que parecía que nunca envejecería, no hasta encontrar una tierra en la que no existiera el olvido; perseverante y paciente como los dragones, los cuales no mueren si su vida no está completa, y por ello sus fieles la llamaban Sirileyaháni, la Mujer con Voluntad de Dragón.
Garback supo entonces de tan elogiable lucha de los desposeídos viajeros y de su joven guía, que predicaba que el nombre de los muertos podía ser pronunciado por los vivos, que no había blasfemia o sacrilegio en ello. Se enfrentó al tiránico Sardock, señor de la Muerte, quien se alimenta de Vida y Recuerdo, y cuyo aliento no es sólo de Muerte, sino también de Olvido; y Garback logró el favor del resto de los dioses para obligar al Amo de las Profundidades a liberar los nombres de los difuntos y premiar a la doncella por su valentía. Transformado en una golondrina, el sabio dios, el Ecuánime que otorga Retribución y dicta Sentencia, guio a Bari el resto de su camino, protegiendo a sus seguidores de toda amenaza, hasta llegar al Árbol Gris, aquel que crece ahí donde los dioses han designado que una ciudad debe ser fundada. Y los dioses premiaron a Bari y sus seguidores con una nación propia, y gracias a ellos, los nombres de los muertos pueden ser pronunciados.
Llamaron a su ciudad Naad-Bolg, la Ciudad Inolvidable.
Cumplida su gran misión, Garback le otorgó a Bari el descanso de una vejez plena, una muerte digna y una existencia vigorosa fuera de los dominios de Sardock, al lado de otros grandes mortales en las amplias llanuras del Jardín Dovalha, cercano a la morada de los dioses; le retiró el nombre que la emparentaba con los dragones, y la nombró Filvaík Bari, la Gran Doncella. Desde entonces, los descendientes de Bari han gobernado con rectitud y sabiduría el país de Shofrad, aquel que creció alrededor de la Ciudad Inolvidable, y mantienen vivo su legado.

Era Lihug de la ciudad de Naad-Bolg, capital de la República Shofradí, hijo de pequeños recaudadores de impuestos. Era Nirel hija de un general retirado de la milicia de la república, también de Naad-Bolg. Ambos nacieron cuatro días antes de las aguzi, las jornadas finales del año, y ambos fueron entregados al Santuario de los Aprendices, en las afueras de la ciudad, al cumplir doce años, según lo señalaba la Ley de Naad-Bolg, pues tanto recaudadores como milicianos debían ofrecer a su descendencia al servicio de la Noble Casta Bari y así servir al grande propósito de contribuir al mantenimiento del legado de la Gran Doncella.
            Pero la ley también indicaba que la descendencia no estaba obligada a entregar a su vez sus hijos al Santuario, a menos que eligieran un oficio que los obligara a ello. No obstante, ningún aprendiz elegía su oficio en función de esto. Lihug y Nirel eran distintos, como lo eran otros de su misma generación. Fueron parte de una camada de descendientes de milicianos, escribas y pequeños recaudadores, inquietos por las nuevas ideas que llegaban desde el Sur, admiraban a la que llamaban “La Verdadera Doncella”, no al símbolo de la fundación ni de la Casta Bari. Muchos sabios del santuario se vieron seducidos por el ímpetu de esta nueva camada de aprendices y los defendían ante la Cámara de Altos Shofradíes, de las calumnias de los partidarios del Gran Señor Sorum Bari, el anciano que compartía el máximo poder de la República con su hermano, Hakell, aún más viejo que él.
            En Naad-Bolg se discutía abiertamente la vejez y velada tiranía de la Casta Bari a pesar de que la guardia de los Grandes Señores vigilaba toda palabra pronunciada en calles, caminos, puentes y plazas. En la Ciudad Inolvidable se decía que los hombres no esclavizaban a otras razas, pero era común ver a los altos ciudadanos con su séquito de sirvientes icors, los pequeños duendes con cabeza de lagarto y cuerpo similar al de los hombres; de enanos y otras razas pequeñas, y los llamaban “protegidos”. La guardia no prohibía los conjuros que hechiceros sin escrúpulos lanzaban sobre las razas pequeñas para hacerles aceptar dócilmente servir a sus amos humanos, vendiendo los ingenuos seres a comerciantes y altos ciudadanos igualmente insensibles. Se llegó a acusar a Sorum Bari de contar él mismo con los servicios de una hechicera que renovaba continuamente para él un extenso harén de mujeres sarfor, la raza de hombres alados, y un séquito de icors dedicados a la dura tarea de la siembra y cosecha de las fincas del Gran Señor a las afueras de Naad-Bolg, donde trabajan hasta morir de cansancio, hambre y sed.
            Nadie comprendía por qué Garback, el Dios Justo, no castigaba el comportamiento decadente en el país de Shofrad, ni la indiferencia del resto de los dioses, cuyas bendiciones en la guerra, la cosecha y el comercio hacían parecer que la tiranía contaba con la complicidad divina. Llegaron predicadores errantes de la tierra de Nikania, al este, para intentar despertar las conciencias de los shofradíes, pero nunca pudieron tener éxito: amenazaban con que si la corrupción no cesaba, calamidades caerían sobre su pueblo, gigantes y dragones asolarían sus tierras, y las razas malditas se harían con el poder de Naad-Bolg. Nada surtía efecto. La Venerable Orden de Hechiceros de la ciudad había sido fundada por la misma Casta Bari, por lo que tanto los guías como los sacerdotes y hechiceros ordenados obedecían a los dictados de los tiranos del linaje, comerciaban con sus dones y habilidades, y justificaban a la Casta, advirtiendo que la misma Gran Doncella consentía su dominio. Algunos sabios del Santuario de los Aprendices llegaron a decir que era gracias a la intervención de la Orden de Naad-Bolg que los dioses no intervenían en la vida de los shofradíes.
            Todo esto llevaba siglos repitiéndose en las plazas, pero ni un solo shofradí se atrevía a contrariar a la Casta, porque el legado de la Doncella, decían, se restauraría por sí solo, que sólo quedaba esperar que Sorum y Hakell Bari murieran por su vejez y una nueva generación asumiría el poder e impondría justicia. Todos los seres libres en las ciudades y aldeas de Shofrad, especialmente en la capital, se contentaban con participar gritando, maldiciendo y causando alboroto en las Cámaras de Altos Shofradíes de cada población, cuyas reuniones se celebraban una vez por año y en las cuales las decisiones importantes terminaban dejándose a juicio de la Orden de Hechiceros, adicta a los Bari, argumentando las controversias que el desorden provocaba en las reuniones. También se hallaban felices gran parte de los súbditos libres de reclutarse en la Milicia de la república por cortos períodos, ya fuera como combatientes, curanderos o albañiles, para hacerse de un botín en las campañas de rapiña que los Bari proclamaban contra las tribus de razas inferiores del desierto, que amenazaban la república desde el oeste.
            Sucedió que en una reciente campaña del desierto murió Gadmey Bari, sobrino de los hermanos Sorum y Hakell, gran capitán de la milicia y el favorito de las Cámaras de Altos Shofradíes para suceder a sus tíos en el poder. Con motivo de su muerte, las Cámaras exigieron el retorno de su único hijo, Ogùa Bari, ahora un vigoroso hombre de veintisiete años, quien había sido enviado a ordenarse como hechicero en Ofark, la capital del Imperio de Lokia, al oriente de las costas de la república.
            Se decía que los ancianos habían ordenado la muerte de Gadmey y cubrían su crimen con suntuosos e hipócritas homenajes a su nombre, y que en realidad le temían a las buenas relaciones que el gran capitán mantenía con los jefes de las razas del desierto, el poderoso Imperio de Lokia y varias órdenes de hechiceros de ciudades extranjeras; de igual manera, se consideraba que la ordenación de Ogùa en Orfark no era otra cosa que un exilio impuesto por los ancianos, quienes aún consideraban que la corte de Lokia les era favorable, pero sobre todo porque matarlo habría levantado a la Milicia en su contra.
A pesar de la estrecha vigilancia que Sorum y Hakell ordenaron mantener sobre el joven Ogùa durante años, no pudieron evitar que los amigos de su padre se le acercaran y llegado el momento, le reiteraran su apoyo para regresar a Shofrad y disputar el mando de la república. Cuando se hizo evidente que tenía partidarios no sólo en la Cámaras, sino también en gran parte de la Milicia y en la misma Guardia de Naad-Bolg, Ogùa Bari había resuelto regresar y apenas unos meses después de la muerte de su padre, estaba de vuelta en la Ciudad Inolvidable, dispuesto a desplazar a los ancianos del poder.
            Su regreso revivió las leyendas de la restauración del legado de la Gran Doncella, lo que puso en alerta a la Orden de Naad-Bolg, en donde se temía por el alejamiento del pueblo de los tradicionales rituales de culto a Filvaík Bari e incluso a los mismos dioses que otorgaban sus favores a la Casta. En las plazas y caminos se decía que el joven Bari, con el fin de lavar el nombre de su linaje, había entrado en contacto con doctrinas extrañas y aprendido poderosos conjuros lokios, lo que le atrajo la simpatía de las generaciones inquietas de aprendices, deslumbradas por los libros y enseñanzas que llegaban de aquel país.
Con el propósito de alejar la atención de los rumores sobre su llegada del exilio y presentarse al pueblo, Ogùa Bari resolvió liberar a uno de sus sirvientes enanos, llamado Asduk, para solicitar su ingreso al Santuario de los Aprendices, pues él mismo había ingresado años antes de su exilio. El anuncio causó conmoción en todo Shofrad. Sorum y Hakell, la Orden de Naad-Bolg, la mayoría de la Guardia y las Cámaras de varias ciudades de la costa y de la frontera con el desierto se opusieron, pues, decían, un enano era de raza inferior, y no merecía un lugar en el Santuario; además, violaba la ley. En el Santuario y la Milicia, por otro lado, se decía que no había mejor manera de comenzar a rescatar el legado de la Gran Doncella que liberar de la servidumbre a las razas pequeñas y otorgarles los mismos derechos que a los seres humanos. A favor se pronunciaron muchos pueblos pequeños, en los cuales se refugiaban las razas pequeñas que huían de su deudas con sus amos en las ciudades, y llegaron noticias de las tribus del desierto, cuyos jefes aseguraban que si Shofrad respetaba a las razas pequeñas, muchas de las cuales también buscaban refugio en las arenas, se podía llegar a un arreglo sobre los ataques a la frontera de la república. Muchos aprendices se escaparon del Santuario con dirección a la Ciudad Inolvidable y acompañados de milicianos y algunos hechiceros rebeldes, se reunieron fuera del Salón de sesiones de la Cámara de Altos Shofradíes de Naad-Bolg en la cual recayó la decisión final, para presionar a favor de la propuesta de Ogùa Bari.
Esta Cámara había sido la que más continuamente retaba a la Casta y a la Orden de Hechiceros, y resolvió aceptar a Asduk en el Santuario, asegurando que vería con buenos ojos que otros altos ciudadanos siguieran el ejemplo de Ogùa Bari, siempre y cuando no fuesen obligados a ello. Una vez que los dioses dieron su consentimiento mediante espectaculares señales en el cielo y los templos, el enano fue conducido al Santuario para integrarse a él, acompañado por su antiguo amo en persona, quien presenció el recibimiento de los entusiasmados aprendices y juró frente a ellos que haría lo indispensable por recuperar el legado de la “Verdadera Doncella”.
            -Y así como hoy el valiente Asduk se una a ustedes, el día de mañana todas las razas de Shofrad dejarán de vivir en la servidumbre y caminarán al lado de los hombres. ¡Que viva el espíritu de la Verdadera Doncella!
            -¡Que viva! –fue la entusiasta respuesta de los aprendices- ¡Ogùa Bari! ¡Ogùa Bari!
            Asduk fue agasajado por los cocineros del Santuario, que hacía ya tiempo que eran los mismos aprendices y los sabios que simpatizaban con ellos. Al banquete le siguió una animada celebración que se prolongó durante días.
            Aquella noche, la Guardia de Naad-Bolg dio su última ronda cerca del Santuario, pues por órdenes del Gran Señor Sorum, vigilaba de cerca a los aprendices; Ogùa Bari los había convencido de retirarse y en su lugar dejó a un grupo de animados aprendices muchos de los cuales habían estado en la Cámara cuando se proclamó la resolución final y se habían ofrecido para ayudarle en su pugna con los ancianos, acompañados por hechiceros que habían acompañado al joven Bari desde Lokia. El Santuario no durmió durante cinco noches de fiesta y fue en esa celebración que Lihug y Nirel se conocieron.

CONTINUARÁ...

H.

sábado, 12 de mayo de 2012

La dama Delirio pregunta...

¿Cuál es la palabra para la sensación de que tus ideas están siendo deliveradamente sobreestimadas por personas que nunca has conocido?

H.

lunes, 7 de mayo de 2012

Atento aviso, público lector

Debido a cuestiones laborales, geológicas, jurídicas, lúdicas y noumenológicas, el mes de mayo se verá privado de las opiniones del Camarrada, no así de las dudas de Delirio, que seguirán apareciendo normalmente, con la clara excepción de este último fin de semana.


Pórtense como quieran.


H.

domingo, 29 de abril de 2012

Por tercera vez: ¡Triple Combo! (Especial de Día del Niño)


Porque ustedes lo pidieron (pero también porque se me pasó postear la invaluable intervención del camarrada esata semana y quiero compartirles un cuentito) repetimos con el ya clásico triple post.

Así que, por orden de agenda:

En la opinión de

La Momia de Lenin


La chica Delirio pregunta:

¿Cuál es la palabra para ese efecto que provocan ciertas historias (novelas, películas, etc.) de hacernos pensar que son tan buenas que no nos importa que existan mejores?

Y por último, un cuentito. Escribí este texto en 2008 para uno de los tantos proyectos naufragados que he emprendido desde aquel grandioso año y me permití darle una manita de gato para publicarlo aquí, con motivo del ya demasiado próximo 30 de abril, día de la larva humana-mocoso-malagradecido-futuro de la nación-recurso humano no renovable. 

Trueque

Frente al pequeño Julio se extendía, imponente y soberbio, el valle. Su familia le había llevado ahí en un merecido paseo de descanso para todos. Eran una familia extensa; al menos unos cinco hijos varones y tres mujeres. Más Julio. Y eso sin contar a los primos. Su madre aseguraba que, para llevar a toda la familia, habrían hecho falta tres microbuses. Para Julio, tales “microbuses” eran desconocidos. Él sabía muy bien que los únicos medios de transporte en el mundo eran sus pies y la camioneta de su papá. Junto al valle, la familia se extendió como quiso: el estéreo de la camioneta a todo volumen, las botellas de cerveza pasando de las manos adultas a las jóvenes, las parrillas calientes, con la carne ya encima, los balones rebotando en el irregular terreno, los frizzbies volando, un papalote mucho más arriba.
             Pero el pequeño Julio permanecía ajeno a todo eso, su única visión en ese momento era el valle. Sus inquietos ojos no perdían la oportunidad de pasearse al menos una vez por todo: de los árboles a las piedras, de ahí a los casi inexistentes riachuelos y en seguida, al cielo. Permanecía de pie, asombrado. Nunca había visto tanto espacio abierto frente a él. Era sin duda el lugar más bonito que hubiera visto jamás. Su hermana Fernanda, comisionada por la familia para cuidarlo, parecía compartir los pensamientos de Julio. Tenía fuertemente agarrada la mano del pequeño, pero también permanecía con la mirada perdida en el valle. Julio interrumpió súbitamente el momento.
            -Mi mamá nunca nos había traído aquí ¿verdad?
            -No, sí nos trajo, es sólo que tú todavía estabas muy chiquito. Esa vez se nos perdió el Cucho.
            -¿El Cucho?
            -Sí, un perro que teníamos. Ya estaba algo viejo, pero parecía cachorro. Lástima que ya no lo conociste.
            -Pero si se perdió aquí, a lo mejor anda por ahí ¿no?
            Fernanda miró a su hermano de reojo.
            -No, ¿cómo crees? A lo mejor ya se murió…
            -Pensé que los perros vivían más que la gente.
            -No Julio, de hecho, viven menos. Imagínate que a tu edad, ya están viejos.
            Un ladrido se escuchó a lo lejos.
            -¿Y si es el Cucho? –preguntó emocionado Julio
            Fernanda se estremeció. No podía dejar de abrigar esperanzas de que así fuera. Pero reaccionó.
            -No, es imposible. Mira, mejor ya vamos a comer. Nos están hablando.
            La parrilla había dado unos pedazos bien cocidos de carne, que la familia devoraría acompañados de unas tortillas recién adquiridas. Para el pequeño Julio ya estaba listo el plato con la carne bien picada, arroz blanco y mucha verdura. Su madre se encargaba de que no la evadiera. Fernanda recordó, cuando le sirvieron su pedazo, que era costumbre de los niños de la familia dejarle al Cucho mucha de la comida que no se comían, en especial la que no les agradaba, como las verduras. Aunque para que el perro aceptara ocultar en su estómago los alimentos que a los niños les desagradaba, era necesario darle al menos un pedazo de carne; entonces devoraba la evidencia.
            -No me gustan las verduras, Fernanda –se quejaba Julio mientras movía de un lado a otro el tenedor, revolviendo constantemente el arroz con los vegetales. Había dejado unos cuantos pedazos de nervio de res, que no le gustaba masticar, muestra de que la carne le había sentado muy bien a su paladar.
            -Ni modo, tienes que adaptarte –le contestó muy ufana su hermana- el Cucho ya no está para comerse lo que dejes.
            -Eso no me gusta…
            Entonces, mientras su hermana pedía a sus tíos una quesadilla, Julio tomó una bolsa de plástico y vació el contenido de su plato en ella. Natalia, prima suya, diez años mayor, pasó cerca y volteó hacia él, con una mirada pícara.
            -Ya te caché ¿eh? ¿Por qué no te comes tu verdura?
            -No me gusta.
            -Y ¿qué? ¿Vas a tirar la bolsa?
            -No, alguien la va a ver y me van a regañar. Se la voy a dar al Cucho.
            A la chica le enterneció la respuesta del niño y quiso seguirlo en su juego. Le frotó el cabello.
            -¡Ay, mi amor! ¿Y sabes dónde puedes encontrar al Cucho?
            -¡Sí, lo acabo de escuchar! Ladró por allá –señaló hacia un espacio indeterminado entre los árboles que rodeaban el valle.
            -¿Cómo sabes que es él?
            -¡Ay, pues nomás porque sí, yo lo sé!
            La chica sonrió con ternura.
            -Pero vas a tener que llevarlo algo más que pura verdura con arroz y nervios de res. Toma –dijo mientras ponía en la bolsa de plástico un pedazo de carne- si no, no se va a comer tus verduras. A mí me los regresaba.
            -Está bien
            Natalia le besó la frente y se alejó. Fernando volvía entonces.
            -Mira, Fernanda, Natalia me dio más carne para darle al Cucho.
            -Ay, Julio, que el Cucho se perdió, ya no está, no puedes darle nada.
            -Ah, ¿cómo no? Yo lo oí ladrar.
            -Ese era otro perro. Nomás te estás haciendo para no comerte todo… Mira nomás, qué batidillo hiciste esa bolsa. Le voy a decir a mi mamá.
            -Ay, si tu le dices, yo te acuso de que ya traes novio.
            -¡Cállate!
            -¿No me crees? –amenazó Julio. Acto seguido, gritó en voz alta- ¡Mamá, Fernanda…
            La niña no le dejó terminar tapándole la boca.
            -Está bien. Pero al menos tira esa comida lejos de aquí.
En cuanto Julio tiró la bolsa cerca de un arroyo, Fernanda y él fueron con un tío quien les había prometido enseñarles a volar un papalote. Fracasando en su empresa, los primos le enseñaron a Julio a atajar tiros de futbol en una portería de piedras. Sin embargo, algunos de los tiros fueron  demasiado fuertes y el pequeño Julio salió con un tremendo balonazo en la cara.
-No me gusta el fútbol, Fernanda. –se quejaba el pequeño después de haber sido consolado por una de sus tías, que había visto el balonazo del que fue víctima.
-Ni modo –le contestó con propiedad sobreactuada su hermana- es lo que todos juegan, ya que no está el Cucho. Tienes que adaptarte.
-Si el Cucho estuviera aquí, ¿entonces yo no tendría que jugar fútbol?
-No –contestó divertido otro primo que pasaba por ahí- pero tenía que hacerlo jugar con un pedazo de tela o una pieza de ropa vieja.
-¿Ya ves? –replicó Fernando, en cuando se alejó el otro primo- No tienes ni al Cucho ni ropa vieja que darle. Tienes que jugar fútbol o aburrirte.
Tras decir esto, Fernanda se acercó a los adultos, que discutían acaloradamente algún tema, para escucharlos; lo había hecho desde siempre, y es que la plática de los mayores le fascinaba aunque no entendía gran parte de lo que se decía. Era la primera vez que Julio se acercaba con ella para compartir aquel peculiar hábito. Una o dos frases llamaban la atención del niño, pero se distraía facilidad y hacía gestos de aburrimiento y fastidio que molestaban a su hermana. Sin embargo, por muy disperso que estuviera, su mente divagaba acerca de cómo pudo haber sido Cucho. El valle era muy bonito y, en un lugar así, todo era posible. Incluso encontrar eso que se había perdido..
            -Fernanda, -dijo de improviso- vamos a buscar a Cucho, creo que ya se donde lo podemos encontrar.
            -¿Ah, sí? ¿Y dónde?
            Julio extendió su brazo y señaló un espacio indeterminado entre los árboles. Fernanda recordó entonces que era precisamente de ese lado que había escuchado el ladrido, horas antes. La plática de los adultos era particularmente aburrida esta vez y aunque trataba de esforzarse por prestar atención a lo que decían, simplemente no podía sentirse interesada, por lo que no lo dudó dos veces en permiso para ir a aquel lugar que Julio le señalaba. Se encontró con el infalible argumento de “No, ya merito nos vamos”. Insistió durante media hora, segura de que el “ya merito” se prolongaría tanto como duraran las cervezas que había en la hielera vieja de uno de sus tíos. El ladrido se volvió a escuchar.
            Fernanda supo que pidiendo permiso no iba a lograr nada, así que tomó de la mano a su hermanito y se encaminó hacia ese punto indeterminado del valle.
            -¿A dónde vas, escuincla? –le gritó su madre cuando la vio alejándose con Julio.
            -Mi hermano quiere ver un poco más de cerca esos árboles; dice que se quiere llevar un piñita de esas que caen.
            -Está bien, está bien, pero deja que los acompañe Jorge. Y no se tarden mucho, que ya merito nos vamos.
            -Sí, mamá.
            Mientras se alejaban, Julio le pidió a su hermana que lo esperara, que iría a conseguir la comida que había tirado para el Cucho. Pero en cuanto se acercó al arroyo cerca del cual estaba la bolsa, comprobó con tristeza que alguien la había recogido ya. Fernanda lo jaló del brazo.
            -Ya, déjalo así. Vamos o no nos va a dar tiempo de nada.
            -Tienes razón, además, escucha –dijo Julio- parece que ladra más fuerte. ¡Nos está llamando!
            El resignado primo adolescente, Jorge, alcanzó a ambos niños para cuidarlos, aunque au actitud era más bien de hastío y no intercambió ni una palabra con ellos. Ensimismado, atento solamente a las notas que los audífonos le traían desde su reproductor de CD’s portátil, se limitó a seguirlos.
Conforme se alejaban de la familia y del ruido de las cuatrimotos, de los gritos de los otros niños y de la música a todo volumen en los vehículos, se hacía más nítido el sonido de un ladrido que salía de entre los árboles. Fernanda y Julio se percataron entonces de que ese ladrido se había convertido en varios. Uno se escuchaba por aquí, otro por allá, otro más allá.
            Cuando el gran festival de ladridos que emergían de todas partes los envolvió, se detuvieron. Habían penetrado entre los árboles durante largo rato y salido a otro claro, muy parecido al valle; de entre los árboles se veía un gran risco que se elevaba perpendicular al irregular terreno, haciendo invisible todo o que había tras de él. El bosque se había tragado el anterior valle y este nuevo escenario se extendía tan vasto como aquel, pero era de una soledad inquietante. Ni un solo ruido humano, ni de otra criatura; únicamente los ladridos. Jorge, alarmado, en contraste con la tranquila curiosidad de los niños, se quitó los audífonos y les dijo que era mejor que se regresaran. Pero Fernanda ni Julio parecían no haber escuchado. Sus oídos estaban atentos a esos ladridos que salían de todas partes y los envolvían. Eran como una sala de discusiones: cada ladrido era la respuesta a uno anterior. Visiblemente alterado, regañó a los niños:
            -Bueno ¿Ya? ¡Vámonos! ¡Ya estuvo bueno!
            De nuevo se encontró con que sus primos le ignoraban. Él no era del tipo violento ni autoritario, así que no se atrevió a tomarlos por la fuerza de las manos para conducirlos fuera de ahí. En los momentos en que él pensaba en la forma en que iba a convencer a sus primos de que se fueran de ahí, Julio, en un gesto de espontánea alegría, señaló a uno de los árboles.
            -¡Mira! ¡Fernanda, mira!
            La niña, embelesada por los ladridos, volteó hacia donde su hermano le señalaba. Ahí estaba Cucho, parado frente a ellos. Ninguno se había percatado, pero los ladridos cesaron en el momento en que Julio señaló al árbol. Cucho miró a los tres y se acercó para olerlos y reconocerlos. En el momento en que Fernanda vio acercarse al perro, no se contuvo y corrió a abrazarlo. Pero un agresivo gesto del can paró en seco a la niña. Espantada, prefirió la inmovilidad. Cucho se acercó y olfateó sus piernas durante algunos segundos; después, hizo lo propio con Jorge y Julio. Éste último, visiblemente preocupado, le susurró a Fernanda:
-No traemos ni su comida ni ropa vieja para que juegue. Por eso se enojó con nosotros. A lo mejor ya no quiere regresar por eso.
Cuando pareció haber terminado su rutina de reconocimiento, el animal se dirigió con el pequeño Julio, como si hubiese entendido lo que el niño había dicho y alzó las patas delanteras. El niño comprendió aquel gesto de simpatía y se agachó para acariciarlo. El perro correspondía con sendos lengüetazos a la cara del niño.
            Fernanda, celosa, se dirigió a Julio y le indicó que a era hora de irse.
            -Pero yo no quiero –gritó Julio.
            El sonido de su voz se expandió y luego se duplicó. De pronto, voces idénticas a la suya repetían la frase, surgiendo de todas partes, tal como habían escuchado antes con los ladridos. Pero yo no quiero… Pero yo no quiero… Se escuchaba por todas partes. El pequeño Julio, confundido, soltó entonces en escandaloso llanto. Su voz se volvió a expandir alrededor, reproduciéndose en distintos sitios, justo como su reclamo anterior. Cucho salió corriendo y, pronto, Jorge y Fernanda le siguieron, tratando de llevarse al pequeño Julio; pero él se resistía, no paraba de llorar y la particular duplicación de los gritos del pequeño que desprendía en aquel lugar hacía insoportable la idea quedarse un momento más.
            Fernanda quiso quedarse, al tiempo que Jorge decidió ir por alguien más, esperanzado en que un adulto ayudaría en algo.
            -¡Espérame aquí! –le ordenó a Fernanda y salió corriendo hacia el bosque, esperando que así encontraría de nuevo el valle. No erró en su cálculo.
            La niña abrazó a Julio, quien no cesaba su llanto. Algunos segundos en brazos de su hermana parecieron disminuir su confusión.
-No me gusta este lugar, Fernanda ¿Dónde estamos?
¿Dónde estamos? ¿Dónde estamos? ¿Dónde...
Del otro lado del bosque, los ruidos comunes opacaban todo sonido de lo que sucedía en ese pedazo de tierra sembrado de árboles.
            Jorge llegó jadeando con la familia y pidió rápidamente que le dijeran donde estaban sus tíos. En cuanto éstos le preguntaron por Fernanda y Julio, Jorge contó, sin más, lo que acababa de pasar.
            -¡¿Dónde están tus primos?! ¡¿Dónde?! –preguntó histérica la madre de los niños a Jorge.
            El pobre chico no supo que contestar, pues su historia no parecía convincente. Sin embargo, consiguió que su padre y otros tíos y primos se animaran a ir a ese lugar donde se supone estarían aún Fernanda y Julio. En medio de la histeria que hizo presa a la familia, Jorge sintió que algo pasaba entre sus piernas. Otro de sus primos, mayor que él, exclamó entonces:
            -¡Es el Cucho! ¡Oigan, miren!
            Nadie le hizo caso.
            La búsqueda se prolongó por horas. Alguien llamó a una patrulla y pronto, todo el valle se enteró de lo que había pasado. Cucho se paseaba tranquilamente entre los restos de la comida, comiendo del plato que Fernanda había dejado horas antes y de la bolsa con comida del pequeño Julio. Jorge, que había guiado a todos hasta aquel lugar donde, estaba seguro, los niños habían quedado, regresó cabizbajo y miró al perro que hasta hacía pocas horas había estado perdido. La familia se olvidó de reprenderlo por su irresponsabilidad; la prioridad eran los niños. No obstante, prioritaria o no, la búsqueda fue infructuosa.
            Cucho había vuelto, pero a nadie pareció importarle; los niños se habían ido y la familia nunca regresaría al valle.
            Estaba hecho.

Si no quedaron satisfechos con esta sublime pieza narrativa, pueden pasar a leer el siempre clásico A los pinches chamacos, de Francisco Hinojosa.

Los quiero, niños. Ahora, por favor, dejen de estar chingando.

H.

sábado, 21 de abril de 2012

La chica Delirio pregunta...

¿Cuál es la palabra para la sensación combinada de poder y revelación que provoca pisar un cartón de huevo?

H.

miércoles, 18 de abril de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin


H.

sábado, 14 de abril de 2012

Féerimaquia (cuento)

Este texto fue publicado el noviembre pasado como parte de la antología Hadas y Duendes: Una Antología Mexicana, de El Under Ediciones, mi primera y hasta el momento única casa editorial, más que mencionada aquí en este, su blog amigo.

Sí, me encanta tomarme fotos con los libros en los que participo. ¿Qué le voy a hacer? Aún no tengo hijos para presumirlos.

Pasados los meses, resolví que el texto merecía un lugarcito en el blog y que se los dejaría leer a ustedes, ingratos insectos, aunque no se hicieran con un ejemplar de dicha antología. ¿Por qué? Porque mis otros cuentos publicados en antologías de El Under no me parece que tengan el encanto que este sí tiene, con todo y que las ideas que en él se vierten no son del todo mías. Como dije en aquella entrada en la que los invitaba a la presentación del libro, esto lo podría calificar como texto-pastiche, así que sigue en pie aquella promoción de que yo les invite dos quesadillas de hongos con quesillo si me dicen correctamente las TRES referencias base del argumento.

Pueden preguntar por puntos de venta del libro y precios aquí. O búsquenlos en Facebook.

Por cierto, si quieren ponerle soundtrack a la lectura de este cuento, les recomiendo se busquen The Crucible, disco del Moonchild Trio, que dirige desde la sombra John Zorn o el salvaje free-jazzgrincore tribal de los italianos Mombu... Sólo si quieren, yo nomás digo.

Pórtense bien y no duden en regañarme si las siguientes líneas no los complacen. Al fin que ni caso les voy a hacer :P

Feérimaquia


Lo llamaron Lars porque Lars se oye nórdico y era único en su tipo: un duende de lidia.

Amigo angelero: ¿la gran purga del Jubileo le puso en la mira de las legiones de arcángeles de Uriel? ¿Cree que los ángeles son mercancía única? ¿Ha pasado los últimos años moliendo huesos angelicales para fabricar droga y ahora teme incluso a practicar tiro con los serafines? ¿Cree que su carrera se acabó?
¡Sorpréndase! De todo hay en la viña del Señor. Nuestro amado padre ha bendecido al mundo con toda clase de criaturas  ¡Sólo hace falta afinar el ojo un poco para hacer crecer el catálogo de productos que los cazadores de ángeles, auténticos artesanos, pueden ofrecer al gran público! En La Hermandad Viajera nos hemos propuesto presentar a la comunidad de angeleros, diableros y otros cazadores profesionales la oportunidad de ampliar sus horizontes ofreciendo vías para libre tránsito en el extranjero, asesoría en identificación de presas, instrucción en las dinámicas de mercados y mercancías nuevas…

Era de aproximadamente metro y cincuenta de alto, aunque la mayor parte del tiempo andaba encorvado. Su piel era verde, tenía tres ojos amarillos y de un brillo particular, aunque el que poseía en la frente parecía ser un órgano falso; sus piernas lucían escamas desde el muslo hasta el tobillo, y en los brazos, del hombro a la muñeca, tenía un fino vello. Poseía una nariz prominente, orejas de cerdo, dientes afilados como de tiburón y una larga cabellera castaña y quebrada.

…de entre los seres feéricos de los que nuestros agentes le podrán informar hay una gran variedad en Europa, todo un territorio de caza y un mercado por explorar. Desde los Highlands escoceses a las llanuras balcánicas, de los melancólicos parajes irlandeses a las cálidas campiñas francesas, de los ríos ingleses a los bosques teutones, junto a los antiguos pueblos y castillos, en las grandes ciudades, se hallará usted en ocasión de elegir: leprechaun irlandeses, pixies galeses, gremlins alemanes, gnomos, trasgos ibéricos, etc. A continuación presentamos la respectiva ficha de cada especie, sus atributos, la forma de cazarlos, los peligros que representan, su distribución geográfica y sus beneficios económicos…

Había llegado como parte de un importante encargo hecho por el diablero criador Félix El Gota Méndez, conocido en el bajo mundo por la ferocidad de las bestias celestiales e infernales que presentaba a la lidia en los hoyos de Tulyehualco. El Gota recién había admitido la modernización y globalización de su negocio, y recibió con gusto los envíos de sus proveedores que operaban desde Europa. Había experimentado ya con la captura y venta de ahuizotes, chaneques y aluxes, pero la llegada del duende salvaje Lars, directo desde Laponia, le abría nuevos horizontes: no más frágiles y escasos ángeles e impredecibles diablos ni karibúes en el ruedo, el futuro en la lidia estaba en los duendes.

…Seguramente usted ya habrá experimentado la urgencia por el dinero y elegido solventar su economía mediante la captura y venta de los seres féericos que ya existen en nuestro país. Se habrá dado cuenta del gran esfuerzo que implica controlar a dichas presas y encima tolerar los bajos precios que la sobredemanda ha provocado. La naturaleza gregaria de dichos seres ha sido un problema grave para los cazadores, ya que, reunidos en comunidades medianamente estructuradas, chaneques y aluxes se tornan criaturas de cuidado.
Dada su ánimofagia, ambas especies han hecho fracasar los negocios de los angeleros que trafican con las almas de artistas, en especial escritores. Se conoce el caso de un cazador oaxaqueño que, habiéndose iniciado como trapero y entrenador de chaneques, se le hizo fácil utilizar a los pequeños seres para arrancar las plumas de los ángeles y revenderlas a los escritores en busca de genialidad [Recordará usted que las plumas de ángel son garantía de obras maestras o como mínimo, libros merecedores de premios; para más información consulte nuestros manuales al respecto]. Sin embargo, ya con las almas de al menos dos Premios Cervantes, nuestro infortunado cazador se encontró con que los chaneques habían devorado las ánimas recolectadas, valuadas en el Infierno en alrededor de veinte millones cada una.
En La Hermandad Viajera contamos con un servicio de entrenadores de seres feéricos, especializados en conjuros para chanques y aluxes, que le ayudarán a rendir su negocio si usted no está dispuesto a embarcarse fuera de nuestras fronteras. Se ha comprobado que, con el entrenamiento adecuado, ambas especies resultan buenos capataces, celadores y domadores, incluso si se les utiliza en la cría de seres destinados a la lidia.

Cuando El Gota recibió a Lars, ordenó se le despojara de su colorido chaleco, el tambor ritual y su banda con cuernos de ciervo para vestirlo como “guerrero vikingo”. El cazador le había mandado decir que cuidara muy bien del duende, pues, aseguraba, no quedaban en Europa muchos practicantes del ritual noaiddie lapón, necesario para capturar a esas criaturas. Le indicaba que la manera de excitar sus instintos consistía en tocar frenéticamente el tambor que traía consigo; para calmarlo y hacerlo manso, le enviaba un silbato de hueso de zorro. A El Gota le parecían todas supersticiones pendejas, por lo que entrenó a Lars a base de medir cuantos chaneques mataba en determinado tiempo, embriagándolo para domarlo, cortándole la borrachera con polvo de ángel, alimentándolo únicamente con su mezcla especial de carbón, sangre de cerdo y miel. En resumen, de la manera en que siempre había entrenado a sus diablos.

...Para los más osados cazadores se ha diseñado una red de contactos en el extremo norte de Escandinavia, en el área de los Saami, mejor conocidos como lapones. Portadores de una milenaria tradición, los chamanes saami han aprendido a dominar la caza de duendes salvajes emparentados con los trolls, mucho más primitivos y menos refinados que sus parientes del resto de Europa. No se sabe a ciencia cierta si los trolls descienden de estos duendes o viceversa. Se agrupan en pandillas de alrededor de veinte o veinticinco individuos, con siete o nueve hembras con cabeza de lobo por grupo, y generalmente son lideradas por “brujos”, duendes capaces de invocar fuerzas infernales por medio de melodías simples de percusión o flauta. Durante siglos, el territorio de estas bandas de duendes salvajes fue coto de caza de los saami, quienes controlaban así su población…

Y entonces llegó el gran día. Habiendo entrenado a Lars, midiéndolo con diablos viejos durante dos meses, El Gota lo presentó por primera vez en el hoyo. Había gente pesada en el lugar, de mucho dinero y tenían ya sus apuestas hechas: todas hechas a favor del Barril, un gordo diablo de excepcional técnica e historial impecable. Sin embargo, siempre que El Gota se apareciera, habría expectación sobre qué traería esta vez. Cuando presentó a Lars, con su armadura de latón y la venda en sus ojos, gran parte del público no pudo reprimirse las carcajadas. Al lado de los ángeles y diablos, el duende lucía como una frágil lagartija en presencia de fieros leones. No obstante la humillación, El Gota siguió el procedimiento habitual antes de enfrentar a Lars con el Barril: le dio un par de bofetadas al ebrio duende, le sopló polvo de ángel en el rostro y le quitó la venda. Diablo y duende se miraron fijamente, ambos emitieron frases en lenguas atroces, distintas entre sí, pero terriblemente similares. Se gruñeron uno al otro y se lanzaron al combate.
            Ni falta ha de hacer hablar de la arrastrada que le dieron a Lars.

…La disminución de las comunidades saami trajo consigo una proliferación sin precedentes de las bandas de duendes que pronto se lanzaron a explorar más allá de Laponia. Desde el siglo XVIII, y a la sombra de otras criaturas, hicieron acto de presencia en las ciudades. La constante secularización de las sociedades escandinavas, sin embargo, permitió que gran parte de los destrozos causados por estos duendes pasaran por obra de vándalos o animales salvajes. Durante la ocupación nazi en Noruega se dice que venían cazadores que pretendieron usar a estas criaturas para sabotear posiciones aliadas, pero fracasaron debido a que ningún ritual alemán lograba contenerlos.
Desde la década de los setenta, gracias a una acertada política de contención que inició en Noruega y luego se extendió a otros países de la zona, tanto estos duendes como los trolls fueron replegados de nuevo hacia el Ártico. Los métodos son muy poco discretos y hasta toscos, pero el escepticismo de la mayoría de la población ha mantenido los programas de contención operando con notable éxito. Por otro lado, la política multicultural de los gobiernos escandinavos ha logrado que el revitalizado ritual de los chamanes saami hiciera el resto del trabajo. Aunque, por alguna razón, los ataques de las bandas de duendes se han intensificado desde los años noventa, lo que algunos han relacionado con la explosión de la escena del Black Metal escandinavo, especialmente durante los episodios de quemas de iglesias por parte del denominado Inner Circle. Hay quien asegura que el estilo de canto en esta escena musical se inspiró en los gritos de los duendes líderes, aún cuando los puristas no se cansan de aclarar que el Black no es nativo de la zona…

Más que humillado, El Gota arrastró el agonizante cuerpo de Lars para llevarlo al basurero. La oscura sangre que le brotaba se estaba llevando todo lo que el diablero le había metido para drogarlo. Dos camionetas se encontraban cerca, con música a todo volumen: una tocaba reggaeton y la otra lo último de Burzum. Lars sintió entonces como se le destapaba la nariz. Recibió los olores del ambiente: había cientos de católicos alrededor. Las bocinas de las camionetas no dejaron de sonar, las músicas mezcladas llegaron a oídos de Lars. Y entonces se levantó revitalizado.
            De lo demás, bastaría con decir que del Gota Méndez no se volvió a saber.
Meses después, el Arzobispo exigió a la policía investigar los hoyos de Tulyehualco. El prelado había perdido unos milloncitos en una apuesta mal aconsejada y se quiso desquitar. No encontraron más que cadáveres enterrados, alrededor de cincuenta. Sin embargo, la autoridad, en vez de hacerlo todo con la discreción debida, mandó traer cámaras de televisión para anunciar que lo que habían encontrado era otra narcofosa. Se le atribuyó a algún cártel inventado y los policías se repartieron algunas piezas de valor que encontraron en el lugar.
            Justo por esas fechas, se estaba terminando de grabar en un estudio pequeño el primer demo de la bandita blackmetalera Aztec Blood, titulado Lenguas de obsidiana. El vocalista se hace llamar Lars, Lars Méndez.
¿Coincidencias? Vaya usté a saber…

Sigan el link, hay una pista para ganarse las quesadillas en el pie que le puse a la imagen del duende en aquel post...

H.

Delirio pregunta...

Delirio, por Dustin Nguyen. Tomada de acá.

¿Cuál es la palabra para la sensación de haber olvidado algo que de hecho sí recuerdas?

Me suena como esto sí tiene una respuesta clínica, pero no tengo el ánimo de investigar; dejémosla en los labios de Delirio.

Ahora que, si usted sabe de qué hablamos, háganoslo saber. Abajo están los comentarios.

H.

miércoles, 11 de abril de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin


H.

domingo, 8 de abril de 2012

Aguas con la desmitificada

Es curioso. 

El pasado jueves, el doc Pedro Salmerón Sanginés, esforzado historiador puma y autoridad viviente en villismo, se estrenó como columnista en La Jornada con una serie de artículos en los que promete demostrar, con los pelos de la burra en la mano, las flagrantes mentirotas de las que han echado mano, con el argumento de la desmitificación, personajes como José Manuel Villalpando, Luis González de Alba, Macario Schettino, Armando Santos Aguirre alias Catón, Juan Manuel Zunzunegui y otros. 

Hace algunas semanas, al asistir a un foro cuya temática me resulta nebulosa hoy -mea culpa- en el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM, para los cuates), me topé con un Villalpando "invitando" al público y a los amantes profesionales de Clío a no caer en la trampa de sustituir la vieja historia de bronce, rebosante de héroes de moral incorruptible y épicas memorables, por una historia de fango, atascada de viles y despreciables villanos engaña-pueblos. En algún momento de su intervención salió a relucir el nombre de Macario Schettino.

El afán desmitificador de la historia en México, tal y como lo vemos hoy, es relativamente joven y, de acuerdo con el artículo de Salmerón, podríamos ubicarlo desde las reformas educativas en 1992 y reforzado por la llegada del PAN a la presidencia en 2000. A los historiadores nóveles nos llegan invitaciones constantes para abordar "nuevos" temas y llenar los espacios vacíos de la historia oficial o tradicional (que no es lo mismo); y para presentar tópicos conocidos bajo una nueva perspectiva. Mientras algunos se gradúan con historias, microhistorias, minihistorias de tal personaje o tal lugar y haciendo catálogos (talacha esta que muchos agradecemos en secreto ocasionalmente), otros intentamos explorar ángulos imposibles de cuestiones recién incorporadas al conocimiento histórico, y algunos más hacen la labor arqueológica de sacar a la luz episodios que han estado pudriéndose en la sombra. Todos haciendo de todo, sin la intención explícita de desmitificar la historia.

Eso se hace en clase, en las charlas cotidianas de café, en los foros de internet. Cuando se es joven historiador, a veces es más atractivo descubrir y reinterpretar que desmitificar. Para "abrir los ojos" al público sobre aquello que la historia oficial calla, hay ya mucho material publicado detrás de la labor propia, sobre el cual es más prudente sostenerse a la hora de difundir los episodios negados. 

El destierro del mito en la práctica historiográfica ha tenido lugar en la tradición occidental desde los clásicos grecorromanos, porque fue en los esfuerzos intelectuales de sus filósofos que la palabra mito se hizo sinónimo de fábula, creencia sin fundamento ni comprobación; el opuesto del saber racional, el logos. Fue de tal fuerza esta concepción que la misma historia cristiana, sus dogmas y doctrina misma, no admite mitos, aunque ahora podamos identificar estructuras míticas en el cristianismo. Diversas tradiciones, escuelas y teorías han hecho reposar el ansiado fundamento de la objetividad en cosas como la autoridad del testigo, el documento escrito o el testimonio oral acompañado de su respectivo análisis y crítica; y en el largo camino recorrido siempre se han topado con que el ejercicio del poder, del tipo que sea, mete sus narizotas en la construcción del discurso histórico, creando a su paso "mitos" bastardos, creados a conveniencia de una ideología o interés particular. 


Es necesario apuntar que sea cual sea la ideología o "los intereses" que provoquen esta distorsión del conocimiento, implican en sí mismos, no obstante sus intenciones explícitas (ocultamiento de ciertos hechos, por ejemplo), estructuras de pensamiento y conocimiento de sustrato mítico, nivel último en el que la valoración del vocablo mito como fábula o mentira no resulta de correcta aplicación, pues su valor no está en su veracidad, medida según la razón moderna, sino en su efectividad, utilidad y sustento cultural; sin embargo, ese nivel último es por ahora el que menos nos interesa (¿o no?...).  


Para lograr que la desmitificación tenga éxito hace falta dejar que la ambición intelectual crezca y entonces colgarse del desprestigio de la historia oficial; ninguno de estos requisitos me parece reprobable. Ahora bien, la cruzada contra los mitos oficiales de la historia mexicana ha sido promovida y practicada activamente por personas que, al menos en su formación inicial, no son historiadores de profesión: abogados, literatos, politólogos, periodistas, y hasta ingenieros. Eso tampoco es reprobable: un buen espíritu crítico, rigor en el manejo de fuentes y sustentado criterio en la interpretación no son virtudes exclusivas de los historiantes profesionales, y hay escritores de historia, que no historiadores, que han sido capaces de confeccionar obras espléndidas, por no hablar de la considerable ventaja que le llevan a la academia en lo que refiere a los textos de difusión.


Sí, la cochina difusión. Es cierto lo que Salmerón apunta en su artículo: la desmitificación de la que hemos sido testigos desde hace veinte años es una moda. Es una fórmula ganadora que vende libros y otorga rating en radio y televisión. Todo ello bajo el manto protector de la difusión, donde el rigor académico se sacrifica en aras de ideas atractivas sobre los "héroes", cuando no debería ser así: el públilco merece que le cuenten la historia con todos sus claroscuros. Todo mundo ha querido bajarlos del pedestal para acusarlos de ser de cierta forma y, agrego yo, ese es el principal problema: la autoproclamada desmitificación se ha centrado generalmente en destruir pedestales, lo que hace pobrísima su aportación al conocimiento histórico. Irónicamente, Villalpando lo ha señalado en su poco elegante metáfora: hay quienes han cultivado la historia de fango y, no mamen, dice, ya no hay que pelarlos para que se callen. Eso, ¿qué nos quiere decir? ¿Rescatar a los héroes de bronce? No, dice él, hay que entender que "eran humanos". Diablos, cuando el falaz argumento de la falibilidad humana aparece para explicar a ciertas personalidades involucradas en notables procesos históricos, hay que desconfiar.


¿Cuál es el pedo?, dirán ustedes. Es de gran trascendencia porque esa historia "desmitificada" llega al público apoyada en una amplia infraestructura e influye en la opinión general de las personas sobre su historia, moldea su cultura histórica, y las consecuencias más inmediatas y palpables de ello están en su actuar y posición política. La historia, nos guste o no, tienen que ver mucho, muchísimo, con la política, sobre todo en México, donde la historia como hobbie o recreación aún no es la que domina (que tampoco queremos que sea únicamente así, ¿verdad?). Ni modo, así ha sido nuestra civilización y el cambio de paradigma se me hace que ha de ser doloroso.


Ahora, aquel que llamó a no seguir la historia de fango se encuentra, ante el público lector, en la mira de otro historiador, quien lo acusa, así de buenas a primeras, de mentir. Nada de que la falta de rigor o la interpretación errónea: mentiras, tú me enamoraste a base de mentiras. Y dice que va a demostrarlo.


De momento no me siento capaz de opinar porque, aunque tengo plena confianza en las palabras del doctor Salmerón, no me he soplado ni un texto de los aludidos. Sin embargo, aquí en Éter Verde seguiremos de cerca las aportaciones de su columna porque, aunque para mí la mentira en la historiografía resulta interesante incluso como material de estudio, sigue pareciéndome reprobable, en especial cuando se obtienen dividendos de ella y peor aún, influye en las opiniones de la gente.


Enhorabuena, doc. Desde aquí le echamos porras.


H.

sábado, 7 de abril de 2012

Delirio pregunta:

¿Cuál es la palabra para el factor tiempo-distancia que toma olvidar un encargo importante?

H.

miércoles, 4 de abril de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin

H.

sábado, 31 de marzo de 2012

La chica Delirio pregunta...

¿Cuál sería la palabra para definir a aquellos que evalúan al resto basándose exclusivamente en la forma en que cada quien entiende la diferencia entre "vida" y "persona"?

H.

viernes, 30 de marzo de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin

A dos días de violar la hora de diosito.

H.

domingo, 25 de marzo de 2012

Cultura histórica personal. Una propuesta de ejercicio autoevaluativo para jóvenes historiadores

Mi interés por la historia nació con el tema de la guerra, como seguramente sucede con muchos otros historiadores en ciernes que no consideran prudente admitir algo así. Nadie en mi familia cercana, y conocida, ha sido militar ni han experimentado un conflicto armado en carne propia o al menos ha sido testigo presencial de un hecho bélico, por no hablar ya de mi propia experiencia personal, tan alejada de las armas. Por eso, deduzco que mis impresiones de la guerra que tanto me han fascinado a lo largo de mi vida son más bien imágenes que he absorbido y reinterpretado de lecturas que comencé a hacer desde los ocho años, escenas de películas, caricaturas, documentales y visitas a museos. A pesar de que aprendí que las guerras en general deberían causarme más bien repudio, rechazo, indignación o incluso miedo, ha sido un aprendizaje (¿o debería decir adoctrinamiento?) moral y en cierta medida abstracto. De hecho podría decir que no estoy consciente del daño de una guerra en las personas. Mi historia de vida y mis propias decisiones me lo han negado.

Dado este panorama de mis percepciones de la realidad bélica, me doy cuenta que, a mis veinticinco años, sigo manteniendo imágenes mentales muy curiosas de conceptos relacionados con la violencia y la guerra, y que conservo aunque sé que en realidad no me ayudan en mi oficio.

Por ejemplo, la expresión levantamiento armado.

No sé ustedes, pero yo, las primeras veces que leí el término, imaginaba a una persona que hincada sostenía un fusil, o una escopeta, un rifle, no sé, un arma larga de fuego, y que se levantaba. La imagen me venía a la mente tan clara como el hecho de que siempre se presentaba como vista la persona desde arriba.

Mi mente ha ido aún más allá imaginando, literalmente, un levantamiento armado. Una vez, cuando mi madre hizo las compras de útiles para un ciclo escolar que ya no recuerdo, se incluyó en el carrito un juego de publicaciones de una conocida editorial que se dedicaba (o dedica, ya no sé) a la realización de monografías, esos papeles de estampitas cotorras de un lado, y con somera y a veces facciosa información al reverso. Estas “revistas” eran compilados de información de las monografías históricas de la editorial y venían en varios volúmenes, con lo más cliché y sobado de la historia que siempre le dan a uno en la escuela.

Sobra decir que mis ojos devoraron estas revistas. Lo que no sobra es que de la lectura de una de ellas, surgió en mi mente una imagen tan clara y tan literal de un fenómeno político, que no puedo dejarlo pasar sin mencionarla. Sucede que estaba leyendo la historia del cristianismo primitivo en una de estas revistas y me topé con que el redactor mencionaba en la misma página la persecución a los cristianos y los levantamientos armados de no sé quién. Más aún: hablaba de que cierto fenómeno o proceso (quizás el cristianismo, no tengo la revista a la mano para verificar) desencadenaba levantamientos armados.

En la misma página aparecía una imagen de Jesucristo, de espaldas al lector, hablándole a un nutrido grupo de gente, en la conocida estética de las monografías mexicanas. Los personajes que escuchaban estaban hincados unos y parados otros.

Bien, pues para mí, a partir de tan parcas referencias, cada vez que leía o escuchaba que se desencadenaba un levantamiento armado, acudía a mi mente una escena en la que un grupo de personas en el momento exacto de terminar un rezo colectivo, hincados en un árido y extenso paraje, sosteniendo en sus manos armas de fuego y rodeado todo el grupo por una cadena de hierro, la cual era rota en ese instante, permitiendo a los personajes levantarse y ponerse en pie.

Obviamente, no siempre me he topado con la expresión desencadenamiento de un levantamiento armado, pero no puedo evitar evocar esa curiosa imagen cuando aparece ante mí. leo, escucho o veo algo que mi mente relacione. La imagen no me ha servido nunca, quizás nada más para hacerme más comprensible el concepto, pero más allá parece completamente inútil. Dice el maese Edgar Clément que dibujar es conocer; yo agregaría que imaginar, es decir, evocar imágenes en la mente, con mayor razón lo es. Pero dado que no solemos describir con nitidez esas imágenes mentales, ya no digamos dibujarlas, pasamos este importante hecho por alto. Esta imagen para mí, racional y conscientemente, me parece absurda e infantil (dicho en forma literal, porque reconozco haberla “concebido” en la última etapa de mi niñez); pero de alguna forma, al momento de describirla e intentar aislarla, creo que estoy descubriendo algo acerca de mi propia cultura histórica y mi imaginario. Lo que haga con este descubrimiento después ya es harina de otro costal.

Lo curioso es que, una vez que evoqué esta escena de mi imaginario con esta precisión, puedo suponer que la tendré presente ahora más que nunca.

Si es usted un joven historiador, le propongo este ejercicio de autoevaluación: hurgue en sus escritos, ponga atención a loq ue dice cuando discute temas históricos. Si logra aislar una imagen recurrente, está del otro lado.

sábado, 24 de marzo de 2012

La chica Delirio pregunta...


¿Cuál es la palabra para el acto específico de parar en seco a alguien que pretende convertir un comentario cualquiera en una broma?

H.

miércoles, 21 de marzo de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin

H.

lunes, 19 de marzo de 2012

Delirio pregunta...


¿Cuál sería la palabra para definir el conjunto de libros que nunca leerás en tu vida?

El puente, you know.

H.

jueves, 15 de marzo de 2012

En la opinión de...

La Momia de Lenin

H.

domingo, 11 de marzo de 2012

La dama Delirio pregunta...


Delirium, de 2x2x2

¿Cuál es la palabra para la circunstancia de hallarse en posición de demostrar la falsedad de cruciales creencias propias, sin percatarse de ello?

H.